Frank Blanco: «Me siguen marcando goles por mi ingenuidad»

Es el rey del zapeo. Con mucha chispa y simpatía ha conquistado las sobremesas desde «Zapeando». «Estoy feliz, hemos superado los mil programas». Hoy concilia la tele y la radio con el rol de padre. «Soy un padre imperfecto. Me queda mucho por aprender», asegura.


Chico de radio y tele. Ese es Frank Blanco (Barcelona, 1975). Con Anda ya y Atrévete conoció el éxito en las ondas y después le pusimos cara cuando con mucho desparpajo y descaro ponía en aprietos a los políticos en Caiga quien caiga. «Tengo una vida y un trabajo que, la verdad, no esperaba. Aquel chaval de veinte años que dejó Barcelona, cargado de sueños, hoy lo fliparía». Atrevido, versátil y «majo» hoy se atreve a abordar la crisis de los cuarenta con mucho humor y optimismo. «Me quedé esperando el bajón de los 40 y no llegó ni a los 41, ni a los 42 ni a los 43. Sin embargo, reconozco Fugasque los treinta me sentaron fatal». ¿Temes la llegada de los cincuenta? Le preguntamos. «En absoluto. Me siento genial y tengo mecha para rato», asegura.

-Acabas de publicar el libro «Sobrevivir a los 40». La pregunta es obligada. ¿Sientes que has sobrevivido a los 40?

-De momento sí. Tengo 43 y tengo mecha para rato. Estoy contento y me siento feliz. Fíjate, lo llevo mejor de lo que pensaba. Te confieso que los treinta me sentaron fatal, tuve un bajón tremendo y encima me pilló por sorpresa. Fue duro.

-Entonces, ¿la temible crisis de los cuarenta, se te adelantó y tú la sufriste a los treinta?

-Algo así. ¡A los treinta tuve un bajón grande! Lo pasé mal, porque pensaba, equivocadamente, que la juventud se me había acabado y apenas tenía ilusiones ni estaba motivado por nada. Menos mal que aquello pasó, tomé impulso y remonté. Pero yo seguía pensando que a los cuarenta tendría otro batacazo. Ideas que uno tiene.

-¿Y soplaste las cuarenta velas y…?

-Nada. Me quedé esperando el bajón de los 40 y no llegó ni a los 41, ni a los 42 ni a los 43. Y hoy me siento genial y con muchas ganas. Yo pensaba que llegaría un día en que no tendría ganas de levantarme de la cama, que estaría tristón, sin energía y que ya no me apetecería ni jugar con mis hijos al fútbol. No sé. Películas que yo me había montado en la cabeza. Todo muy rollo pesimista y catastrofista. Pero me equivoqué. ¡Qué bien!

-Y no solo te sientes con muchas ganas, sino que además en tu libro dices que lo mejor está por llegar. Cuenta, cuenta.

-Sí. Sobre todo lanzo un mensaje optimista y positivo. Algún día llegará la deseada jubilación para no hacer nada, para llevar una vida más calmada y poder disfrutar más de los míos.

-Regresemos a los cuarenta. ¿Crees que hombres y mujeres afrontamos esta etapa de la vida de forma diferente?

-Sí. Las mujeres a los cuarenta están en uno de sus mejores momentos vitales tanto en lo personal, a nivel íntimo, como en lo profesional. Y eso que en el campo laboral, hay mucho que mejorar.

-Precisamente, dedicas un capítulo de tu libro al sexo. Dicen los expertos que las mujeres a los cuarenta disfrutan más y mejor del sexo. ¿Qué me dices de esta afirmación?

-¡Ja, ja, ja! Hasta ahora, en mi caso, todo ha ido bien y no he tenido quejas. Pero ya me adelantó Silvia Sanz, la sexóloga con la que preparé este capítulo, que entre los cuarenta y cinco y los cincuenta años, puede que algo falle. Chicos, tranquilidad. Nada de rutinas y la imaginación al poder.

-Cambiemos de tercio. Cuando miras por el retrovisor tu vida, ¿qué balance haces?

-¡Uf! Tengo una vida y un trabajo que, la verdad, no esperaba. No puedo decir más que la vida me está tratando fenomenal. Que aquel chaval de veinte años que dejó su Barcelona natal para ir a la capital, cargado de sueños, hoy lo fliparía, no se lo habría ni imaginado. Aquel chico tenía unas aspiraciones muy simples, y fíjate donde estoy hoy. Tengo una familia estupenda y un trabajo que me entusiasma.

-Entonces, ¿cómo habías imaginado que iba a ser tu vida? ¿No te imaginabas siendo padre?

-Teniendo hijos sí. Siempre he tenido claro que quería ser padre. Mi vida personal ha ido por donde yo quería. Pero en lo profesional jamás habría soñado la trayectoria que he tenido. Vine de chaval a Madrid con la intención de aprender, de adquirir conocimientos y tener experiencia para regresar a Barcelona, trabajar allí y poco más. Y fíjate, ahí estamos con el éxito de Zapeando, un proyecto fantástico con el que ya hemos superado los mil programas.

-¿Satisfecho?

-Más que satisfecho. Estoy feliz. Sería tonto si no valorara todo lo que estamos consiguiendo. Está siendo una etapa muy bonita y muy enriquecedora. Me siento muy afortunado.

-No nos desviemos. Has mencionado a tus hijos. ¿Qué te ha regalado la paternidad?

-Los hijos te dan un punto extra de madurez, de responsabilidad, esa protección de cuidar lo que más quieres que no te da el trabajo ni la amistad. Es otro enfoque. Además, aprendes otra forma de querer que es única y que hasta que no lo descubres, no sabes lo gratificante y también complicado y agotador que es.

-¿Por qué lo dices?

-Imagínate. Día intenso de trabajo, deseando llegar a casa en busca de calma y descanso y sorpresa: tus hijos se desmadran. Uno retroalimenta al otro y aquello de repente se vuelve como si estuvieras metido en un parque de bolas. Durante un segundo, piensas: «Con lo bien que estaría yo tirado en el sofá, tranquilo y leyendo». Pero es un pensamiento fugaz. Mis hijos me hacen muy feliz y no los cambio por nada.

-Y, ¿cómo dirías que eres como padre? Proteccionista, consentidor, padre coleguita…

-Imperfecto. Me queda mucho por aprender. Pero estoy en ello.

-Entre tu chica y tú, ¿quién hace de poli bueno y quién de poli malo?

-¡Ja,ja,ja! Pues depende del momento. Nos solemos repartir los roles. Intentamos educarlos en la responsabilidad, para que sean buenos chavales, que sean felices, educados, evitando gritos y enfados, pero una cosa es la teoría y otra la práctica. Es muy difícil.

-Ahora has formado una familia y tienes una estable trayectoria profesional. ¿Crees que con los años has cambiado o sigues siendo el mismo?

-Todos tenemos una base, que es nuestra personalidad, nuestro carácter. No creo que cambiemos de un modo radical, creo que evolucionamos por todo lo que vamos viviendo y experimentando. Hoy tengo claro lo que no quiero tanto a nivel profesional como en lo personal. No quiero ni que me mareen, ni me hagan perder el tiempo. Y a pesar de ello, me siento igual de pardillo que cuando tenía 21 años.

-¿Y por qué te sigues sintiendo un pardillo?

-Sobre todo por mi ingenuidad y mi inocencia. Sigo aprendiendo a diario, porque me siguen marcando goles y me llevo decepciones en el terreno personal. Pero de todo se aprende.

-Superados los cuarenta con éxito. ¿Cómo te ves a los cincuenta?

-Como los cuarenta van bastante bien, a los cincuenta me veo fenomenal. Optimista, más en plena forma, porque he vuelto a practicar deporte y con ganas de disfrutar y de pasármelo bien con los míos.

-Por cierto, ¿cómo llevas el tema canas?

-Me encantan y convivo bien con ellas. Además, como procedo de una familia de canosos, estoy más que acostumbrado. Aunque reconozco que van ganando terreno, las luzco con orgullo.

-¿Hacia dónde encaminas tus pasos?

-A seguir aprendiendo en lo personal y en el trabajo. Todavía tengo mucho curro por hacer.

-Terminemos con un juego. Si te digo Frank Blanco, ¿qué es lo primero que se te viene a la cabeza?

-Majo. Creo que soy un tipo majo.

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