¿Qué quieren ser de mayores?

ELLOS QUIEREN SER... futbolistas, médicos, veterinarias, fotógrafos, bailarinas, policías, bomberos o youtubers. Son algunas de las profesiones con pegada entre los niños. Esto es un Kinder, hay sorpresa...

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Sonríe. Mira a este objetivo con futuro profesional y di ¡pa-ta-ta! Nuria (4 años, primera por la derecha en la fila de abajo) te apunta con su cámara y su especialidad son las personas. A ella le gustaría ser fotógrafa y bailarina de ballet, dice. «Mi madre y yo hacemos muchas fotos. A la gente y a un caballito del parque», dice llevándome hacia un balancín uniplaza con forma de dinosaurio que posa genial. Lo que más le gusta de su futuro oficio «es hacerle fotos a mamá y a papá», cuenta Nuria, a la que, puestos a ser grandes, también le gustaría convertirse en Wonder Woman. Quizá cambien su voz, su forma de mirar y su vocación, pero hoy, en una plaza coruñesa con colegio y parque infantil en la que nos damos cita con ocho niños gallegos de entre 3 y 13 años para preguntarles qué quieren ser de mayores, ella lo tiene claro: fotógrafa y bailarina.

Según un estudio, en el top de las profesiones que los niños quieren ser de mayores hay libros, balones, fonendos, cámaras, ordenadores, sirenas (no con cola y escamas, sino de policía) y animales. Personas. Miembros (y miembras) del mercado laboral del mañana. También robots de utilidad.

Las niñas, según esta investigación de la consultora Michael Page, quieren ser, en primer lugar, profesoras, y los niños, futbolistas. De cerca les siguen, en el ránking de preferencias laborales, veterinarias (en el caso de ellas) y policías (ellos). ¿La profesión va por género? No lo tenemos claro, y aquí vamos a romper la pauta, pero hay tendencias. La 13.ª encuesta de Adecco ¿Qué quieres ser de mayor?, realizada en verano sobre una muestra de dos mil niños españoles de entre 4 y 16 años, avala que el tirón del fútbol entre niños y adolescentes es de primera (hasta un 13 % de los entrevistados dicen que Messi sería su «jefe ideal», y le sigue a tres puntos Cristiano Ronaldo), apunta que una de cada cinco niñas quiere ser profesora, y un 22,5 % de los niños, agentes de la ley.

«Si sirviese como bola de cristal, la pregunta que da título a esta encuesta desde hace 13 años [¿Qué quieres ser de mayor?] el panorama laboral no habría cambiado notablemente en más de una década». Futbolistas y policías, ellos, y ellas, profesoras y médicas [este femenino no tiene problemas con la ley sálica de la morfología], serían las profesiones más demandadas año tras año. «Aunque las nuevas tecnologías están dejando su impronta y la de youtuber ya es la cuarta profesión más deseada por los chicos españoles», apunta en su último informe Adecco.

Empiezo preguntando en casa. Mi hija mayor, Sofía (8 años), quiere ser peluquera, tras haber tenido consecutivamente, en función del año e incluso del día, vocación de mamá, pintora, médica de «viejitos» y conductora de autobús.

LEY, DEPORTE Y SALUD

Recurro a la calle y al WhatsApp, y en una búsqueda al azar, encuentro a una profesora de música de 8 años, Amaia, y un bombero de 3, Fiz (que finalmente se ha movido y no ha salido en esta foto familiar de nuestro futuro). También a una chica con vocación de inspectora de la policía, Sofía, que tiene clara cuál sería su especialidad, que revelaremos después...

«Hola, amigos, bienvenidos a mi canal». Es hoy uno de los saludos habituales de la generación T (touch, táctil), niños como Mafalda (5 años, primera, fila de abajo empezando por la izquierda), que saca pecho con su bata blanca por lo que quiere ser de mayor: doctora. ¿Por qué? «Le ayudo a mi médico a ponerle las vacunas a mi hermana», cuenta. Además de las batas blancas, a Mafalda le gustan las bailarinas y los canales de juguetes de YouTube, sobre todo «los de Casimeritos». ¿Qué haríamos sin médicos?, planteo. «Pues no sé... nada», responde. Harry Potter es uno de los personajes de ficción preferidos de Mafalda (no se lo diremos a Quino ;-) «por su varita mágica». ¿Y por su búho? «¡No es un búho, es una lechuza!», corrige. ¡Así se hace!

Nacho (9 años, con balón bajo el brazo) tiene voz de periodista radiofónico, quizá por haber dado clase en onda con Pablo Portabales («Es muy gracioso, cuando se ríe se le pone la cara roja...», comenta). Nacho no descarta la radio, pero, a priori, se ve más como portero. Lo es ya en la Liga escolar que se mide a las poderosas inclemencias del tiempo en Galicia todos los fines de semana. ¿Mejor portero que delantero o defensa? «Sí, llevo años de portero, y me gusta», encaja con gracia.

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¿Cuál es tu ídolo? «Oblak, del Atlético de Madrid», dispara. ¿Por qué necesitamos futbolistas? ¿Podríamos vivir sin fútbol? «¡Yo no! A ver... ?dice Nacho meditando la respuesta como un filósofo del gol? vivir se podría vivir, pero no sería igual. El fútbol te da alegría». Le pregunto a qué otros futbolistas les sigue los pies, y suelta un nombre que me lleva directa a Google (ays): Griezmann. Antoine Griezmann.

Si no fuese portero ni Balón de Oro, a Nacho le gustaría ser skater, aunque él le da un margen de duda a su vocación profesional. «Aún no sé bien lo que quiero ser», dice. ¿Pero tiras a ciencias o a letras?, pregunto. «En resumen, lo de clase no me gusta mucho», despeja.

Este año Nacho se ha disfrazado de superhéroe, pero no aspira a convertirse en uno cuando crezca. ¿Por qué no?, pregunto creyéndome Lois Lane. «¡Porque los superhéroes no existen!». ¿Ah no? Yo creo en Batman y en Jessica Jones, Nacho no, él cree en la gente sin capa.

Nuestro portero está flanqueado por dos hermanos, Edu y Sofía, que tienen la informática en su horizonte profesional.

ROBOTS PARA LA DEFENSA

Edu (11 años) quiere ser programador de software informático para robots. «A mí me gusta la informática por raíces. Mi padre es informático. En el cole me apunté a una actividad extraescolar de programación, también fui una vez a probar para programar un robot, pequeño... pero bueno... Me gustó», cuenta. Este futuro programador informático asegura que los robots nunca serán como las personas. «Hay una ley de la robótica ?explica Edu? que dice que ningún robot puede hacer daño a un ser humano. En cambio, los seres humanos sí podemos hacer daño a otros seres humanos». Los robots que hará Edu no tendrán sentimientos, pero nos ayudarán en tareas de casa y en defensa: «En lugar de que a las guerras vayan las personas, que vayan robots, que no sufren. Así las personas no morirán y sus familias no se pondrán tristes».

La medicina, los cuerpos de seguridad y la informática son tres de las áreas profesionales con más futuro, según Edu y su hermana Sofía (13 años), que quiere ser inspectora de la policía nacional. Desde pequeña. «Cuando era pequeña ya sabía qué quería ser, supongo que por mis padrinos, que son policías...», dice Sofía. Policías locales, ¿no? «Sí, pero después fui especificando más, llegué a querer ser inspectora; después decidí nacional y luego especifiqué la rama: contra la violencia de género», detalla. Y cuenta que la concienciación contra la desigualdad y la violencia le viene, en parte, del cole. «Nos hablan en el colegio, pero también veo los casos en la televisión, en las noticias. Casos de asesinatos por parte de la pareja y me parece muy fuerte. También ves la forma en la que algunos chicos insultan... No puede ser. Esta violencia se tiene que erradicar ya», insta. Tiene arrestos. ¿Se mantendrá firme esa vocación? «Creo que sí me voy a mantener, pero también me gusta la informática», desliza. Sofía no lee novela policíaca, le van más la ciencia ficción y la fantasía, «Harry Potter, Percy Jackson y todo eso». La vocación suele ser peliculera. «A mí siempre me ha gustado esa escena en que llegan los coches de policía con las sirenas y todo el mundo se aparta para dejarles paso», cuenta. Mientras lo visualizamos entrando, Sofía aclara que a ella siempre le gustó mandar «bastante...». «Por eso también quiero ser inspectora. No me gusta que los demás tengan control sobre mí. Quiero hacer lo que yo quiero sin que nadie mande en mí», expone quien se disfrazó este carnaval de atracador de La Casa de Papel. «Me lo propuso mi mejor amiga y me encantó. También es su serie favorita», comparte.

¿Habrá músicos, escritores, pintores, escultores el día de mañana?, le pregunto. «¡No pueden faltar! Hacen que te metas en realidades paralelas a la tuya. Crean mundos divertidos y excitantes», sostiene Sofía.

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GENTE QUE CURA

El área de la salud está entre las preferidas de las niñas y jóvenes de hoy, según el último informe de Adecco. Hace dos o tres años que Daniela (13 años) se decanta por la medicina. «Como iba mucho al médico, veía cómo trabajaba y me gustaba. Yo al principio quería ser pediatra, ahora no tengo claro si pediatra, traumatóloga o cirujana», explica quien se lesionó «demasiadas veces» jugando al baloncesto y creció con Hospital Central. ¿Qué destacaría de los médicos Daniela? «Que te ayudan a curarte, a vivir, a estar bien», responde; si le pregunto qué echa de menos en el sector, tampoco duda: «Medicinas que ayuden a curar enfermedades que aún no se pueden curar fácilmente, como el cáncer». Médicos y policías son dos de las profesiones que ella ve más necesarias en el futuro. «Bueno, y todas... porque todas son necesarias», completa.

Julia (5 años) quiere ser veterinaria por lo que le gustan los animales. «Son muy bonitos», dice. Sobre todo, «el gato y el conejo». Aunque ella en casa tiene una perrita, Abis. Y a Abis, Julia la cuida y defiende de su hermano pequeño, que a veces se entusiasma «y se sube encima». Fiz, su hermano, dice que quiere ser bombero pero se escabulle de la foto, porque se siente llamado a intervenir en una misión especial: ¡jugar! A Julia le gustaría parecerse a la doctora que cura a su perra Abis («Le curó las lombrices», dice) y tiene una pregunta para mí:

-¿Sabes cuál es el dinosaurio que más me gusta?

-¿El Tiranosaurio?

-No. El Velociraptor. Porque corre mucho y es carnívoro.

-Aaaah, qué miedo. ¡Nos puede comer!

-¡Y el Tiranosaurio también!

-Bueno, pero ya no hay dinosaurios, ¿no? ¿Por qué desaparecerían?

-Maremotos y terremotos, explosiones y meteoritos-, me explica.

Me voy pensando en lo que me comentó una de las madres de estos chicos que son nuestra cantera: «Nos vemos aquí dentro de 15 años». En el futuro, y en lo que me dijo mi otra hija, Eva (casi 3 años), que de mayor quiere ser... «Mariposa».

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 JAVIER Y CARMEN

Lejos de los estereotipos que marca la sociedad para las niñas, Carmen Hernández descubrió que le fascina lo que oculta el fondo del mar, y que le gustaría hacer de lo que despierta su curiosidad su profesión. Su hallazgo no se produjo tras ver la clásica película de Disney La Sirenita, sino que fue durante un viaje que se quedó grabado en su retina para siempre.

Carmen tiene 11 años y hace sexto de primaria en el colegio Miraflores de Ourense, pero hace tiempo que tiene las cosas bastante claras en comparación con otros niños de su edad. «Desde pequeña me ha gustado siempre el mar y me encanta estar en la piscina y nadar», cuenta tímidamente mientras confiesa que en su casa tiene varios libros de biología marina que hojea cada vez que sus obligaciones escolares se lo permiten.

«Un año fuimos de vacaciones a Tarifa e hicimos una excursión de submarinismo en la que vi un montón de animales y plantas que me gustaron», explica sobre cómo nació su idea un verano que disfrutó junto a sus padres y el mar. Desde entonces no hubo vuelta atrás ni ella tuvo ganas de dedicarse a otra cosa que no fuera la biología marina.

Ante la pregunta de cómo ven sus padres su futuro laboral, Carmen responde sin dudar: «A mi madre le gusta la idea y me prometió que cuando sea mayor puedo hacer un curso de submarinismo y mi padre siempre me dice que haga lo que haga intente hacerlo lo mejor que pueda y que estudie mucho. Pero aunque no les gustase creo que lo haría igual, porque a mí me encanta estudiar las plantas y los animales».

Carmen tiene tan claro a qué quiere dedicar su vida que incluso ha hablado en alguna ocasión con su padrino, que vive en A Coruña, sobre si podría estudiar allí la carrera. «Supongo que tendría que ser en una ciudad con mar y acuario ?sopesa? y él ya me ha dicho que allí la hay en la Universidad”.

Ni profesora, ni médica, ni peluquera, ni cantante, ni actriz, ni enfermera, ni diseñadora (algunas de las profesiones escogidas por la mayoría de las niñas en la última encuesta realizada por Adecco). Carmen quiere ser bióloga marina. Así que por el momento sigue practicando en el equipo de natación del colegio, con el que ya ha participado en alguna competición para que, cuando llegue la hora, la técnica bajo el agua sea lo último de lo que tenga que preocuparse.

LOS PLANOS O EL BALÓN

«A mi primo le gustan mucho los juegos de Lego y me ayudaba a hacer cosas», relata Javier Pereira, también del colegio Miraflores de Ourense, dando una pista sobre su vocación. Con Lego descubrió la construcción, pero reconoce con una sonrisa tímida que las asignaturas de dibujo ?está en primero de la ESO? se le dan «más o menos».

Un día se le ocurrió preguntarle a su padre si se podía vivir de ello y este le explicó, tomando como ejemplo un edificio que se estaba levantando cerca de su casa, en qué consiste la profesión de arquitecto. Desde aquel día lo de ganarse la vida planificando y construyendo edificios es su plan B. Porque antes quiere probar suerte en el mundo del fútbol.

Lo que más le gustaría es ser jugador de fútbol profesional, algo en lo que coincide con el 18,2 % de los niños españoles, según el citado informe de Addeco. Y como la mayoría de los padres, los de Javier son conscientes de que es difícil sin destacar en el mundo del deporte poder llegar con él a final de mes. «Me dicen que se me da bien jugar, pero no quieren que deje de estudiar por si acaso», explica con una madurez y raciocinio inusuales en alguien de 12 años.

Con todo, es consciente de que mucha gente se está yendo del país por falta de oportunidades en el horizonte laboral y cuando le preguntan dónde se ve él de mayor responde que le gustaría quedarse aquí, en España, y poner en marcha su propio negocio. «Yo empezaría trabajando en otra empresa y después crearía la mía propia si tuviera ocasión», aclara este posible arquitecto explicando que, para saber hacer, primero hay que aprender de otros con experiencia. Un buen principio.

Mientras el futuro va barajando las cartas y poniéndolas sobre la mesa, Javier se calza las botas y se pone las espinilleras para pasar su tiempo libre jugando al fútbol siempre que puede con sus amigos o en el equipo en el que entrena. Porque uno sabe de dónde viene pero, por suerte, no sabe hasta dónde puede llegar.

Seguro que muy lejos...

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