¡En esta guardería te puedes quedar a dormir!

YA ERA HORA, pensarán muchos padres. Sobre todo aquellos que no pegan ojo durante varias noches seguidas. No es una opción para dejarlos de por vida, pero sí para coger fuerzas y retomar la semana. Que la falta de ayuda familiar no te arruine un buen plan. Ellos estarán como en casa.

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El sueño de muchos padres, que se ve interrumpido cada vez que los reclaman de la habitación de al lado, es poder dormir una noche. No piden nada más. Ni un viaje a las Maldivas ni un descapotable ni poder retirarse para poder vivir la vida loca. Si la opción abuelos-tíos-padrinos no funciona, o no es posible y lo del canguro en casa va a resultar un poco raro estando ellos en la habitación (y tampoco es cuestión de irse a dormir a un hotel), hay una tercera posibilidad a tener en cuenta. Que vayan a dormir las criaturas a casa de Andrea. No es que tenga insomnio, sino que después de ver que la modalidad de madres de día se estaba implantando con éxito en países del norte de Europa, esta educadora infantil en paro decidió ofrecer esta posibilidad a los padres coruñeses. «Se juntaban un grupo de madres, y cada semana se quedaba en una casa para hacerse cargo de sus hijos y de los de las demás, para poder conciliar la vida laboral con la familiar. En España, además de que esto es muy complicado, los abuelos, que son los que al final se encargan de todo esto, están muy cansados porque son muy mayores o siguen trabajando», explica Andrea Mahía.

Después de trabajar en varios centros infantiles, sacó varias conclusiones: que tienen una ratio muy grande por clase y que las profesoras acaban agotadas porque son muchos niños y muy pequeños. Le picó la curiosidad y se informó de qué se estaba haciendo exactamente en Finlandia o en Noruega, y fue cuando descubrió el concepto de madre de día: «Me pareció muy buena idea para centrarnos en la educación individualizada de los niños -matiza-. Los niños son muy diferentes, los tratamos muy igual, pero ya desde pequeños ese carácter hace que se distingan mucho. Entonces va a ser más fácil que aprendan divirtiéndose, jugando y en base a sus propios gustos». En su opinión, los niños de 0 a 3 años deberían centrarse en jugar más que en estudiar.

Estaba a punto de quedarse sin trabajo cuando empezó a habilitar su casa como un centro de día con licencia para cuidar a un máximo de cinco pequeños a la vez. Además de su habitación, el baño y la cocina, donde los invitados tienen restringida la entrada, aunque pueden quedarse a comer o merendar, hay una habitación de dormir para los niños, una sala de juegos y el salón. «Por estas zonas se mueven libremente, como si fuera su casa. Yo creo que es más fácil que pasen de su casa a otra casa con más niños, hacen la parte de socialización, pero en cambio como es otra casa se sienten más seguros», comenta Andrea, que ha hecho famoso su hogar.

UN CANGURO DIFERENTE

Lo de día le debió de parecer poco, que se ofreció también para las noches. Una especie de canguro nocturno, un trabajo que sí que se prodiga mucho en las casas con niños que no cuentan con ayuda a su alrededor, pero que implica el desplazamiento del que se ofrece. En este caso no es así. Andrea sigue en su casa, y son los padres los que mueven a los niños. «Cuando trabajé cuidando a unos niños, conocí a unos padres que no sabían qué hacer con sus hijos cuando tenían que trabajar. O que viven cansados porque duermen muy mal y tienen que ir a trabajar. ‘¡Ay, si pudiera dejarlo un día, una noche! Poder dormir una noche tranquila para luego poder enganchar la semana’, me decían algunos padres», explica la impulsora de La Casa de Andrea.

De momento, lleva trabajando desde septiembre y ha tenido un par de huéspedes nocturnos. «Se quedan muy tranquilos, porque como ya me conocen... Y han dormido conmigo mejor que con sus padres, muchas más horas seguidas. A veces la confianza hace que los toreen». Normal que cuando los padres se enteran le pregunten qué método ha usado para copiarlo, pero Andrea insiste en que simplemente con ella no se atreven a montar el follón.

Pero aunque hubiera una noche mala, apunta: «Sé que es una cosa puntual, y si no me dejan dormir sé que no los voy a tener la noche siguiente. Por eso también lo llevo con mucha más calma, y creo que esto también se le transmite a los niños». Admite a niños de 0 a 3 años en horario de escuela. Para dormir o quedarse unas horas pueden tener hasta 6 años. ¿Puedes con cinco de esas edades a la vez tú sola? «De momento no se ha dado el caso, pero antes cuando cuidaba a niños he tenido fiestas donde venían amiguitos y me quedaba con ellos. Al final en una escuela tienes 20, una profe de apoyo, sí, pero que ayuda a varias clases a la vez». Si son pocos, y dependiendo de las edades, incluso salen a la calle.

Intenta no decir nunca que no, para dar la máxima flexibilidad a los padres, aunque le pidan un fin de semana entero y ello suponga cancelar algún plan ya hecho. «Es el momento de sacrificarse un poco y tirar pa´lante». Así que papá/mamá no dejes de soñar...

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