¿Es la ciudad más bonita del mundo?

Caminar por sus calles es un auténtico placer. No solo porque es llana y todo lo que hay que ver (que es mucho) es accesible a pie, sino que es difícil cerrar los ojos. Y si por lo que sea lo haces, da marcha atrás. Lo que te has perdido seguro que merece la pena. El contraste entre la modernidad de sus calles o tiendas y la majestuosidad de sus palazzos hace que sea única.

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Más de uno al subirse al avión de vuelta a casa se habrá hecho esta pregunta. Probablemente no solo se les venga a la cabeza un destino, pero seguro que Florencia está entre ellos. Tres días en esta ciudad capital de la Toscana son suficientes para empaparse de su arte, de su clase, de su ambiente... En definitiva, para dejarse llevar por Firenze. Andiamo!

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Aunque no seas estudiante de Bellas Artes hay esculturas de parada obligatoria. Y cuando digo pararse es pararse. Es ponerse delante del David de Miguel Ángel, y la obligación da paso a no poder dejar de observarlo. Qué precisión, las venas, un hoyuelo... ¡Cómo pudo hacer eso con un bloque de mármol abandonado! Sin duda la luz que se cuela a través de la cúpula de cristal de la Galería de la Accademia ayuda a resaltar su grandeza.

Algo similar ocurre con La Pietá florentina. En el Museo dell´Opera Duomo le han reservado una sala, donde es frecuente ver una sentada de visitantes que pasan minutos observando la figura. Este recinto, que acumula centenares de obras de arte -entre ellas las puertas de bronce originales del Baptisterio-, es uno de los cinco puntos que se incluyen en la entrada que hay que comprar sí o sí. Sin pasar por caja solamente (que no es poco) puedes observar la mezcla de colores del mármol de la fachada del Duomo: rosa, verde y blanco. Después de pasear por el Museo, observar la cúpula del Baptisterio (ese edificio octogonal que está enfrente de la catedral), bajar hasta la cripta del Duomo, donde se conservan los restos de Santa Renata, sobre la que se levantó posteriormente la catedral de Santa María del Fiore, mejor que cojas fuerza para las dos que te quedan. Si aceptas un consejo yo escogería uno de ellos. No porque ver Florencia desde arriba no sea espectacular, sino porque espectacular también es el camino que tienes que hacer para subir hasta lo alto del Campanile o del Duomo. Casi 450 escalones que hay que hacer del tirón en el campanario. Ojo, porque ese estrechísimo hueco es bidireccional. Así que si das con una marabunta en sentido contrario no te quedará otra que echarte a un lado. Además es un poco tramposo. Cuando crees que has llegado a la terraza, en una esquina aparece escondida una señal que advierte de que todavía hay más. Que no has llegado a lo más alto. Así varias veces.

Una vez finalizado este recorrido artístico solo tendrás ganas de sentarte. Pero hay muchas posibilidades de que no lo hagas, y te dejes llevar por el olor de los puestos callejeros de pizza al taglio, al corte. Casi mejor, porque aún queda mucho que ver. Tres días son suficientes, pero nadie habló de intensidad. Del Duomo caminamos hasta la plaza de la Signoria, donde hay otro David (es una réplica). Desde allí girando 360º puedes ver la Galería Uffizi, un palacio-museo que contiene una de las más antiguas y famosas colecciones del mundo; el Palazzo Vecchio, el ayuntamiento; la logia de la Signoria... A pocos metros, y atravesando un camino lleno de estatuas alineadas aparece el majestuoso Ponte Vecchio, convertido en un escaparate de las mejores joyerías. Algo menos que una de estas piezas te costará un helado, pruébalos porque saben diferente a todos los que hayas tomado. Al otro lado del río Arno tres puntos centrarán tu interés, el Palazzo Pitti, los Jardines de Boboli y la plaza de Michelangelo, hay otro David, pero es otra réplica más. Por entrar podrías estar casi una semana visitando los puntos recomendados en las guías y entrando en iglesias, pero a la vez también verás cómo ha bajado notablemente tu cuenta corriente y llegarás a la conclusión de que entre Brunelleschi y Miguel Ángel se repartieron el pescao.

La ruta de Dante es una opción muy interesante, y gratuita, algo que después de varios días en Florencia la convierte en más interesante. A través de su barrio descubrimos la apasionante historia de la Florencia medieval, la parte más antigua y mejor conservada que ha llegado hasta nuestros días. Su casa, la abadía donde se encontraba a escondidas con Beatrice, el Bargello, la torre de la castaña... Si llegado a este punto necesitas un poco de ambiente y de contacto con los florentinos, dirígete a la plaza de la República. Aquí podrás ver que el estilo, la clase y lo riquiños que son los italianos no es un farol. Ah, cuando te subas al avión no te extrañes de que ya quieras volver. Tiene un nombre: síndrome de Florencia o Stendhal, que afecta cuando uno está expuesto a numerosas obras de arte. Sus efectos: taquicardias, vértigo, confusión, temblor, palpitaciones...

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