Lo primero que hice cuando me tocó la lotería fue...

MILLONARIOS DE REPENTE Con los niños de San Ildefonso se llevaron el sorpresón de su vida. Vivieron ese golpe de suerte que los convirtió en millonarios en segundos. Tres afortunados del Sorteo del Niño nos cuentan cuál fue su primera inversión.

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A Manuel Luis Vázquez el 6 de enero del 2014 no se le olvidará en la vida. Y no por el hecho de cumplir 57 años, sino porque sin contarlo, la diosa de la fortuna lo obsequió nada más y nada menos que con 160.000 euros. Era el día de su cumpleaños y esperaba el mítico detalle por parte de sus allegados, pero lo que jamás se imaginó fue que su regalo de aniversario sería tan grande.

 

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EL VIAJE DE SUS SUEÑOS

Manuel, vecino de Monforte de Lemos y encargado en el pabellón de este municipio, fue uno de los afortunados del sorteo del Niño del año 2014, que cayó en la ciudad del Cabe. No tardó mucho en darse un deseado homenaje. A los cuatro meses llevó a cabo una ilusión que de no haber sido uno de los afortunados en el sorteo del Niño no habría llevado a cabo. «Me fui con mi mujer al Machu Picchu. Era una ilusión que tenía desde siempre y si no me hubiera tocado la lotería probablemente no se habría convertido en realidad. Estuvimos quince días y recorrimos lo más relevante de Perú. Fue un viaje impresionante y muy placentero. Tenemos muchas ganas de repetir», explica Manuel Vázquez, que estuvo la última semana del mes de mayo y primera de junio disfrutando de la cultura y paisaje que ofrece ese país.

El viaje le costó más de 5.000 euros pero dado lo que le había tocado en el sorteo del Niño, eso era peccata minuta. Aun así, siguió su vida normal, no dejó su trabajo y se mantuvo con los pies en la tierra. «Además de hacer el viaje de mis sueños, compré un coche nuevo y algunas cosas que necesitaba para el piso. El resto del dinero lo he guardado para tener de colchón por lo que pueda pasar», indica este afortunado.

El hecho de ser uno de los premiados aquel 6 de enero de hace cuatro años no hizo que se convirtiera en un obsesionado en la compra de décimos para este tipo de sorteos. «Nunca fui un jugador empedernido. Compraba algo en Navidad por el hecho de tener algo y ahora sigo comprando lo mismo que siempre. Desde hace tiempo apuesto por el número 70005 y lo juego todos los años», explica Manuel.

Según este monfortino, la lotería es una ayuda muy grande que no te arregla la vida pero te alivia. Considera que si está de tocar, toca y punto. «No hace falta jugar 40 papeletas para ser un afortunado. Yo juego lo justo y me tocó», opina este afortunado, que adelanta que, si le vuelve a caer otro de estos premios, llevará a cabo un recorrido por varios países de Europa Central.

Sin creer en el azar cogió dos décimos en el bar Marcelino del municipio lucense de Sober, donde trabajaba, para el sorteo del Niño de hace cuatro años. Uno terminaba en 4 y otro en 1. El primero lo vendió e iba a hacer lo mismo con el segundo cuando su jefa y compañera de trabajo le advirtieron: «Sandra, no lo vendas. Quédate con él». En principio se mostró reacia pero finalmente les hizo caso. ¡Y gracias! Porque de no hacérselo se quedaría sin 160.000 euros.

 

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 «Collín case dous anos para vivir, logo seguín traballando»

Con tan solo 23 años, a Sandra Rodríguez Casanova la diosa de la fortuna la obsequió, pese a no confiar mucho en ella. «Estaba almorzando nunha cafetería de Monforte de Lemos e chamoume a miña compañeira dicíndome que fose correndo para o traballo porque nos tocara a lotería», recuerda Sandra, que en ese momento no se creía absolutamente nada de lo que le decían.

Una vez que asimiló la noticia y con el dinero en la mano lo primero que hizo fue tener un gesto de solidaridad con su compañera de trabajo. «O primeiro que fixen foi mercarlle un móbil a miña compañeira de traballo. Despois seguín traballando unhas semanas pero decidín coller case dous anos para vivir porque levaba desde os 17 anos traballando», indica Sandra.

VIAJE, COCHE Y PISO

Además de viajar por Santo Domingo, París, conocer México junto a su pareja y recorrer otros lugares del mundo, Sandra Rodríguez se compró un coche y arregló el interior de su piso de Monforte de Lemos. El resto lo depositó en el banco por lo que pueda surgir y actualmente continúa trabajando en la hostelería. «Vivín e vivo a vida a tope porque estamos aquí de paso, pero sigo traballando na hostalería. Gastei o que quixen e non me arrepinto de nada. A lotería é unha axuda moi grande pero a min non me libra de traballar», asegura Sandra, una de las afortunadas del sorteo del Niño, quien trabaja en una chocolatería de Monforte con la fortuna a favor.

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«Repartín os cartos entre a familia»

Roberto Castro fue uno de los agraciados en el sorteo del Niño que cayó hace cuatro años en el municipio de Ribas de Sil, en el sur de la provincia de Lugo. Teniente de alcalde en este Concello y propietario del bar Central -un establecimiento que también vende lotería- no sabía que tenía el décimo de la suerte hasta que los niños de San Ildefonso cantaron el primer premio. Fue entonces cuando su mujer le confesó que el décimo premiado estaba bajo su techo. «Non sabía que tiña o décimo premiado. Díxomo a miña muller no momento en que tocou», afirma.

  

UN REGALO DE REYES

La mañana de Reyes, Roberto y su esposa se encontraban en casa con sus hijos abriendo los regalos que sus Majestades habían dejado junto al árbol. A la vez estaban viendo el sorteo de la lotería. Cuando salió el número premiado fue cuando su mujer le comunicó que ese número lo tenían en casa. «A miña muller comprou o décimo e non me dixo nada. Entereime nese momento», relata Roberto Castro, que indica que lo primero que hizo fue acudir al bar para celebrarlo.

En cuanto a la inversión del dinero, a Roberto no se le puede achacar que no fuese generoso. Nada más saber que le había tocado, decidió distribuir el dinero entre sus familiares cercanos. «O primeiro que fixen foi repartir cartos entre miña irmá, as miñas sobriñas e o meu cuñado», cuenta. La suerte se reparte...

Nacido en San Clodio, donde actualmente vive con su mujer y sus tres hijos, de 22 años, 7 y 4 años, Roberto recibió 160.000 euros en el sorteo. A pesar de esa cantidad, siguió con su vida normal y sin «perder la cabeza». «Ademais de axudar aos familiares máis achegados, tamén lle merquei un coche de segunda man á miña filla, que me custou 4.000 euros, resolvín pequenos préstamos que tiña pendentes e arranxei parte do dúplex que teño en San Clodio», cuenta Roberto Castro que, pese a haberse convertido de golpe en millonario, no es gran amigo de los lujos y ha preferido seguir con su rutina y su vida habituales, sin excesos.

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