Alberto Ammann: «He dejado de hacerme el interesante para ponerme más concreto»

El argentino que ganó el Goya en el 2009 con «Celda 211» estrena el año con la serie «Apaches» junto a Verónica Echegui. «Yo era un extranjero, un outsider que apareció de la nada, pero ya no soy un recién llegado», sostiene Alberto Ammann, que lleva dentro «lo mismo que cualquier otra persona: contradicciones, ilusiones y sueños».


Es argentino de Córdoba, pero en Madrid se siente como en casa. Alberto Ammann, que en octubre cumplirá los redondos 40, llegó a España volando, en brazos, cuando era un bebé de 2 meses. Luego se volvió a Argentina y creció para volver a volver con 23 años a Madrid, donde vive y acaba de cumplir un sueño que revela en esta entrevista. «Es aún un sueño en proceso», matiza este humanista y actor que se está tomando la justicia por su mano en la serie Apaches, que emite Antena 3. ¿Adónde serías capaz de llegar para salvar a tu familia? es la pregunta que plantea esta historia que «asume riesgos. Los temas se tocan aquí con cierta rudeza, con cierta madurez, de manera adulta. Hay compromiso con lo que se toca y eso determina que no sea una serie para todos los públicos que pueda gustarle a la vez al niño de 10 años y al abuelo del 80, pero esto es una cadena de aire; en plataformas como Netflix o HBO es una constante que está cambiando el modelo de mercado. Asumir riesgos está bien. Cuando uno quiere gustarle a todo el mundo toca los temas de puntillas, no se permite entrar en profundidades».

-Basada en un bestseller de Miguel Sáez Carral, «Apaches» nos sumerge en la historia real de un hombre que vuelve al barrio del que ha logrado salir, para salvar a su padre de la ruina.

-Sí, Miguel vuelve al barrio madrileño de Tetuán de los 90, un ámbito donde la droga abunda, la marginalidad, y la violencia..., donde existen unos códigos y unas leyes. Se habla mucho de la ley del barrio; muchos sabrán lo que es porque conocen este tipo de barrios, y sus leyes son siempre las mismas.

-¿Algo que ver con «Narcos», donde interpretas a Pacho Herrera?

-No, diría que no, aunque hay elementos sueltos como los que podemos encontrar en cualquier thriller donde haya acción y también algo de violencia. Narcos habla sobre lo despiadados que pueden ser los que se lucran del negocio del narcotráfico, y cómo es el negocio por dentro, y Apaches es la historia de una familia que se va a la ruina, y el hijo mayor tiene que dejar una posición cómoda para volver al barrio, a ese lugar del cual logró salir airoso y al cual debe volver, al cual vuelve porque decide hacerse cargo de levantar de nuevo a su familia.

-Humanista con el ser humano como valor central, así te defines en la Red. Y después, como actor y como músico. ¿Qué es lo importante para ti?

-Estamos con Apaches. Este año estrenaremos también la segunda temporada de Marte, una serie para National Geographic, y luego, con mi pareja, Clara Méndez-Leite, hemos armado una escuela de interpretación...

-Un sueño cumplido.

-Bueno... más que cumplido, se trata de un sueño en proceso, porque esto lleva su tiempo. Hemos puesto en marcha la escuela de interpretación, y nos hemos quedado con la gestión, en Lavapiés, del Teatro del Arte, cambiándole el nombre al de Teatro de la Escultura, como una declaración de intenciones. Queremos dar espacio a la diversidad, a compañías de España y de fuera. Es un sueño grande y complicado. No es para hacer dinero. La lucha ahora es otra, tratar de dejar de perder dinero... Me refiero al teatro, la escuela tiene más posibilidades de sostenerse.

-Te descubriste con «Celda 211», que te dio el Goya al Actor Revelación en el 2009. Entonces te sentías, dijiste, como «un recién llegado». ¿Ahora?

-Hoy me siento más parte. Se me han abierto puertas, se me han dado posibilidades más allá de Celda, que fue la gran-gran posibilidad de mi vida profesional. Yo era un poco extranjero, un outsider que apareció de la nada. Pero han pasado ya nueve años de Celda y la sensación de pertenencia al cine ha ido creciendo. Ya no soy un recién llegado.

-Has advertido que observar la maldad enseña, permite reconocer nuestras zonas sombrías y trabajarlas. ¿Hasta los mejores tienen un lado oscuro?

-Yo creo que sí. Algunos tendremos más zonas oscuras que otros, pero todos tenemos las nuestras. Es interesante mirarlas de frente e intentar superarse.

-Llegaste a Madrid antes de tus primeros pasos. ¿Argentino-madrileño?

-¡Sí! Yo nací en Córdoba (Argentina), me vine a los 2 meses... pero me volví allí a los 4 años. Desde los 4 hasta los 25 me crie allí, pero es cierto que Madrid es el lugar donde he elegido vivir. Me siento parte de la ciudad y tengo España entera en el corazón. He viajado mucho por aquí, me parecía que la mejor manera de conocer el país era habitarlo. He hecho toda la costa del Mediterráneo y la del Atlántico, también he ido desde Barcelona atravesando los Monegros hasta los Ancares, recorrí la costa vasca, gallega, asturiana... He viajado mucho, pero aún me quedan algunos sitios.

-Hacerte el interesante es, o era, tu gran táctica de seducción, llegaste a confesar. ¿Cómo te haces interesante? Es una frase redonda pero inconcreta.

-¡No lo sé! Reconozco que dije eso con vergüenza... y me hace gracia. Los trucos que uno tiene para seducir son inconscientes. Dije esa frase en una época adolescente, en que me gustaba hacerme el misterioso. Quería despertar el interés con el misterio. La cosa va por ahí...

-¿Cuántos Albertos hay en Ammann?

-Yo soy una persona contradictoria, pero aún me mantengo en una sola personalidad. Lucho conmigo por tratar de ser coherente, por encajar con lo que creo, pienso, siento y digo, por terminar haciendo eso en lo que creo. Me hago menos el interesante para ponerme más concreto. Y sufro menos por mis contradicciones. Pero llevo dentro lo mismo que cualquier otra persona: contradicciones, ilusiones, sueños, mi parte cascarrabias, mi parte violenta y la tierna.

-Señalas a Emma Watson como un ejemplo en el cine. ¿Por qué?

-Emma Watson es muy interesante como actriz y como persona. Es muy activa en la defensa de los derechos humanos y de la igualdad. Meryl Streep es otro de mis referentes.

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