¡Ya están aquí los Reyes Magos!

Unos magos de estrella Michelin. Ya es el día más esperado del año para el chef Luis Veira, que abre en familia los regalos de Sus Majestades de Oriente. Vente, que arrancamos con caras conocidas la cabalgata del día después. Ellos son nuestros reyes hoy

María Vidal y Noelia Silvosa

Luis Veira: «Visitamos casi tantas casas como los Reyes»

Los Magos siempre han sido los Reyes en casa del chef Luis Veira, coruñés de la cosecha del 78 que merece una estrella a su fidelidad a la campaña navideña. «La del día 6 es siempre la llegada más esperada del año. Nosotros dejamos de ser niños, pero no dejamos de pedirles cosas a los Reyes, de estar ahí cada cabalgata, aprovechando cualquier ocasión de dejarles una carta o sentarnos en sus rodillas», asegura este chef con Estrella, con tres hijos, otros tantos sobrinos y un hermano mayor. Hablando de estrellas, además del comer asoma el zodíaco. Él es un Tauro muy Tauro, admite, que nunca se ha dejado robar la Navidad por el Grinch. «Los Tauro somos cabezones-cabezones pero también muy cariñosos y de nuestra gente. De los amigos, de la familia. Preferimos perder antes que fallarle a un amigo o a un familiar», asegura Luis. Nació el Día das Letras, pero elige el tiempo frío propenso al mazapán por el sentido de buscar abrigo, de hacer pesebre y portal. Poca infancia recuerda Luis sin Quique, su hermano. Y es en casa de su hermano mayor en Lorbé (en la foto) donde disfruta el chef de unos Reyes dignos de Michelin. «A mi hermano y a mi suegro siempre les echan carbón», comenta el chef a dos carrillos. ¿Y a ti no? «Bueno... a mí de vez en cuando también», admite en un dos tragos. 

Algo que no puede faltar

Hablo con Luis días antes de la cabalgata de este año, y él recuerda el follón de la del anterior, que a él le vino bien: «Pasó por aquí», por delante del Árbore da Veira, así que sus niños lo tuvieron fácil para echarle un ojo a los Magos y mano a los caramelos, «y al final merendaron en el restaurante el chocolate, ellos y todos sus amigos de clase», cuenta. Carolina (10 años), Luis (7) y Alejandro (3), los hijos del cocinero que creció a los fogones de Casa Pardo, fueron los primeros en traer a Papá Noel al hogar de los Veira. Antes no se había colado por su chimenea. «Papá Noel empezó a venir cuando nacieron mi hija y el hijo mayor de mi hermano, pero nosotros de niños éramos solo de Reyes», cuenta dando cuenta de su generación (¡Arriba los Famobil y el Super Cine Exin!). ¿Recuerdas algún regalo en especial? «Un bate de béisbol. Me hizo mucha ilusión...».

La víspera de Reyes, según lo previsto, Luis habrá cerrado un día largo de trabajo (desde que abrió, Árbore da Veira se llena para las cenas la noche del 5), pero el chef no perdona la cabalgata con sus chavales. «El 5 de enero siempre es muy ajetreado; yo vengo al pase, saludo a los clientes y me marcho para la cabalgata. A las nueve de la noche vuelvo y mis hijos se van a casa. Yo llego sobre las doce de la noche y ahí empieza la parafernalia de colocar las galletas y la leche para los Reyes». Y los nervios, «¡no hay Dios que los meta en la cama! Llevan encima tanta excitación...», dice. Es el efecto de la llegada grande del año, que se ceba en los niños (y en los adultos que se resisten a perder la ilusión).

Hoy, Árbore da Veira abrirá «tarde», como es costumbre en Reyes, con tiempo para dar por bienzanjada esa otra cabalgata, «la tournée por las casas de tíos, primos» y demás donde los Reyes convierten su magia en obsequios cerrando la Navidad.

«¡Nosotros somos casi como los Reyes Magos, visitamos muchas casas!», dice Luis. Pero el momento estelar se vive en la de Quique. «Nos juntamos en su casa mi hermano y yo con mis hijos, sus hijos, y es como volver a abrir los regalos de pequeños. En su casa aparecen mogollón de regalos, mogollón de paquetes ¡y carbón para mi hermano siempre!», recuerda.

Ya que estamos ricamente y es momento, ¿qué fue lo mejor que te tocó en un roscón?, pregunto. «Una moneda de oro... ¡pero de mentira, eh! Tengo ese recuerdo de una moneda de oro que guardé un montón de tiempo. Cuando eres niño esas cosas tienen mucho valor». El chef se moja solo un sorbo en descubrirnos el mejor roscón que probó. «Se hacen roscones muy buenos por aquí, como el de Naya o el de Glaccé...». Pero lo mejor de los Reyes no se come, se ve, afirma. «Lo mejor es ver a los niños gritar, saltar de contentos, esos gritos, ver eso que los mayores hemos perdido», valora. Hay otra tradición que hornea cada año la familia del chef. Sentarse por Reyes a la mesa de la casa de papá y mamá, la de los padres de Luis Veira. Pedimos que nos adelante qué cocinará hoy. «No lo sé... pero hay una cosa que no puede faltar, la tortilla de mi madre». El sabor lo da la mano, siempre. Va por los Reyes y las Reinas de la casa, que hacen que no nos falte la Navidad.

Si la Navidad tiene magia, para la familia Quiza aún más. Nunca saben a ciencia cierta dónde pasarán estas fechas. Tienen que coordinar a los abuelos de Coruña, a los de Madrid, sin perder de vista el trabajo de Borja, que le obliga a estar viajando constantemente, y que le ha hecho en alguna ocasión tomarse las uvas fuera de España. Pero la intención, que es lo importante, es estar todos juntos, así que ellos ya se las apañan para maniobrar todo lo que haga falta y disfrutar de las Navidades un poco aquí y otro allá. Aunque esto suponga salir corriendo el día 25 rumbo a Madrid, como ha sucedido este año.

 Borja Quiza: «Soy de los que hacen cola de madrugada por el roscón»

 El trayecto Madrid-Coruña, Coruña-Madrid lo controlan al dedillo. Vivieron en la capital hasta hace cinco años y medio, de hecho Daniela, de 7 años, nació allí, pero desde entonces su campamento base está en Galicia, donde ya vino al mundo Valentina, de tres añitos. Aquí han pasado con la familia de Borja la Nochebuena y la Navidad, y la otra mitad de las fiestas las están pasando en Madrid, aprovechando que Borja se encuentra trabajando estos días en el Teatro de la Zarzuela. «Este año ha sido más cómodo porque a mí me ha tocado estar aquí (en Madrid), así que mi mujer y las niñas pudieron venir conmigo durante las vacaciones y estar también con la familia», explica el barítono coruñés.

Como si de una boda se tratara, Daniela y Valentina escriben una carta «cerrada» tanto a Papá Noel como a los Reyes, para que sus padres no se enfaden si a los pajes se les va un poco la pinza. Entre compañeros de trabajo, amigos que son como tíos, y familiares que siempre piden algo para ellas «son unas niñas hiperregaladas -explica Borja- y juntarse con cuarenta paquetes puede llegar a saturar».

Cabalgata y chocolate

Los días previos a la llegada de Melchor y compañía son muy diferentes según donde se encuentren. «Si estamos en Madrid aprovechamos para ir a musicales, a Billy Elliot, a La Familia Addams, al ballet, al teatro... A las niñas les encanta venir por estas fechas, que es cuando tienen vacaciones en el cole, y poder hacer estos planes. También disfrutan con las luces y con todo lo de Navidad», explica Borja.

El día 5, estén donde estén, no perdonan el desfile de los tres reyes magos. En Madrid van a la cabalgata de Carabanchel, donde viven los padres de Verónica, y en Coruña, bajan con la pandilla de amigos. «Solemos ir con Anuska y Rafa, los del Chaflán, y después de la cabalgata siempre organizamos una chocolatada para los pequeños allí». Borja recuerda que en una ocasión, todavía no había nacido su hija pequeña, la noche más mágica del año les cogió en Italia, «y allí no hay Reyes Mayos, pero tienen una bruja buena, que es la que reparte los regalos esa noche».

La chocolatada de la tarde no es suficiente dosis de azúcar para esta familia de larpeiros. «Para mí es una tradición hacer cola para el roscón de Flory. Es más si me cuadra de estar en Coruña, soy de los que hace cola de madrugada, y cuando no he podido ir siempre hay alguien que me lo hace llegar. Y en Madrid también somos de roscón. Mi suegra tenía una panadería, así que siempre lo teníamos en casa fresquito. Ahora ya no la tiene pero lo compramos igual», confiesa.

Hace siete años que las Navidades giraron completamente para el músico coruñés. Cuatro años después se volvieron más especiales todavía. «Ahora mismo las vives con una ilusión tremenda -añade-, la misma que tienes cuando eres un niño, que se relaja o cambia de forma cuando te vas haciendo mayor, y que regresa cuando eres padre. Pero no es tanto por los regalos, sino por cómo viven todo lo que hay alrededor de la Navidad. El poder estar juntos, las vacaciones, el poder hacer planes... Nos va mucho la intensidad familiar, en eso somos muy a la gallega, de reunirnos alrededor de la mesa, y aprovechamos los momentos que podemos porque lamentablemente yo no estoy tanto como quisiera en casa». Hoy abrirán los regalos juntos. Mañana ellas se irán. El cole espera. Pero ya habrá tiempo de volver a casa post-Navidad.

Samantha Vallejo-Nágera: «Hacemos un concurso de roscones, y por supuesto yo hago de jueza»

En casa de Samantha Vallejo-Nágera la Navidad empieza antes de lo normal. No se esperan ni a diciembre para montar el árbol, si pueden ya colocan los adornos en noviembre. Pero tanta premura tiene una explicación: «es para amortizarlos», explica Samantha, que después del 25 de diciembre pone rumbo al Caribe, eso sí, con billete de vuelta para pasar los Reyes en España.

Así que los primeros días de diciembre y hasta el 26 procuran vivirlos intensamente. De toda la vida, explica Samantha, «en mi casa hemos sido muy navideños», y ella ha conseguido contagiar a los suyos ese gran espíritu. Tanto que la imagen de arriba es un christmas que prepara cada año con sus cuatro hijos para felicitar las fiestas a clientes, familiares y amigos. ¡Y envía nada menos que unos 1.200!

«La Nochebuena es el día grande. Es el día que nos juntamos toda la familia, que cocinamos, que viene Papá Noel, al que este año por cierto le hemos pedido juguetes ‘no enchufables’, nada de tecnología, sino manualidades.... y luego ya cada uno se va por ahí para celebrar el fin de año», dice la jueza de Master Chef Junior, que estos días se emite en TVE.

Aunque hacen un paréntesis para disfrutar de un miniverano navideño, de vuelta en casa no perdonan ninguna tradición. «El día 5 hacemos un concurso de roscones, si estamos en Pedraza con los vecinos de Pedraza, y si no en Madrid con los del edificio. Por supuesto, ahora hago yo de jueza», dice uno de los miembros del jurado del concurso de cocina con más pinches televisivos. Con este certamen gastronómico arrancan otros tres días intensos de celebraciones. Una de ellas muy especial. «El cumple de mi hijo Roscón es el día 7 y celebramos un 2x1, lo festejamos por todo lo alto». Así que ¡feliz día de Reyes y felicidades, Roscón!

Xosé Touriñán: «Nós espertamos ás seis da mañá cos berros dos nenos»

Touriñán no deja de lado el sentido del humor ni en un día como este. A pesar de que ya ha confesado en más de una ocasión que en su día a día es bastante «toxo» y dice que «non son moi fan do Nadal», al final cae rendido a la pasión que le ponen sus dos peques, Antía, de siete años, y Andrés, de cuatro. «O máis chulo de todo isto é por eles», asegura. El día de Reyes de los Touriñán es como el de cualquiera de nosotros, un trajín de puerta en puerta para abrir y entregar todo aquello que Sus Majestades dejaron bajo el árbol. «É un día de ruta. Entre avós e tíos é o que nos ten ocupados todo o día para recoller os regalos. Facemos catro ou cinco visitas a distintas casas», asegura. ¿Pero cuántos sobrinos tienes? «Sobriños teño un, pero cos fillos da miña curmá danse os regalos os uns para os outros», cuenta el humorista, que también aprovecha para asistir a una supercomida familiar y, de paso, reponer fuerzas: «Comemos todos xuntos. Na casa xuntámonos vinte e pico persoas, contando cos irmáns da miña nai e demais». 

¿Visteis alguna vez a los Reyes dentro de vuestra casa?, le preguntamos. Y él dice que no, que son mucho más tradicionales y siempre procuran no coincidir. «Nós sempre imos visitalos o día antes na cabalgata. Somos de zona rural, e cústalles chegar á nosa casa. Pensa que non hai Internet nin nada», apunta. Si hay algo que marca el principio del día en casa de los Touriñán -y en la de la mayoría de las que tienen peques- son los gritos. «Igual son as seis ou as sete da maná e xa escoitamos os berros dos nenos: ‘¡Xa viñeron!’», dice divertido su padre, que también responde cada mañana del 6 de enero al grito del más pequeño: «Sempre empeza a berrar: ‘Papáááááá! Porque ten medo de que aínda estean os Reis e os descubran». Después del trajín de abrir todos los regalos, y una vez calmados los ánimos, toca por fin desayunar. «Aproveitamos para almorzar, pero despois algúns adultos volvemos para a cama polo cansazo de erguerse tan cedo», confiesa. ¿Y los niños? «Estos xa quedan xogando toda a mañá», responde.

 De vuelta a la cama

En su casa no le dan tanta importancia a lo de desayunar chocolate con churros o roscón. De hecho su tradición con el dulce de Reyes es comerlo de postre, después de la multitudinaria comida familiar que tienen todos al mediodía. Eso sí, aquí no están todos deseando que les toque la sorpresa como en tantas otras casas. Tiene su explicación: «Ao que lle toca a sorpresa paga o roscón do ano seguinte», zanja Touriñán. Un buen sistema para que nadie se escaquee... y una excusa para volver a reunirse, que es lo que realmente importa más allá de los regalos.

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