Álvaro Bilbao: «Los niños necesitan dormirse en presencia de un adulto»

«Lo de 'Venga, a la cama, te doy un beso y me voy a ver la tele' es una jugada que nos puede salir cara», advierte el bestseller Álvaro Bilbao. Hoy receta trucos para dormir sin Estivill y sin colecho. Los primeros, paciencia y un cuento... Él te dice cuál.

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No encontramos la salida misteriosa del bucle al sueño. Hablo de los padres a los que, de no dormir, se nos han quitado hasta las pesadillas. Hablo de las familias bisagra entre el Estivill y la fabulosa Teoría del Apego, las que hemos pasado en un pis (tal cual) del «déjale solo y que se acostumbre a dormir, poquito a poco pero llorando» al «si llora y no le atiendes tendrá un trauma».

Huyendo de los extremos, y sin varita mágica, es posible enseñar a dormir a los niños, dice el neuropsicólogo Álvaro Bilbao, padre de tres hijos y autor del bestseller El cerebro del niño explicado a los padres. ¿Cómo lo hacemos?, preguntamos a esta autoridad del sueño infantil. «A la hora de dormir, lo ideal sería que los padres apagasen la tele y los aparatos electrónicos, y acompañasen al niño, pero es cierto que los padres necesitamos tiempo para recoger, para preparar la cena, o llamar a tu madre... y es normal que queramos tener nuestro rato para ver una peli -afirma-.

Los niños pueden entender que ellos tienen unas necesidades y sus padres otras. Pero algo que es así, y que a los padres nos cuesta entender, es que los niños, sobre todo los pequeños, necesitan dormirse en presencia de un adulto. Y esto es lo importante». ¿Hay que estar ahí cuando se van a dormir? «Sí, eso de ‘Venga, te metes en la cama, te doy un beso y me voy a ver la tele’ es una jugada que puede salir cara. La manera más efectiva y natural de que un niño se duerma es ‘Te metes en la cama, te doy un beso y me quedo aquí un ratito contigo’», plantea el autor de Todos a la cama.

-¿Se puede dormir sin recurrir ni a Estivill ni al colecho?

-Sí, sabemos que la mayoría de los padres no hacen lo uno ni lo otro, o no lo hacen de una manera pura... porque incluso los padres que son Estivill, cuando oyen a su hijo por la noche lo que hacen es no mover un músculo para ver si el niño se vuelve a dormir solo. Y los padres que colechan no colechan todos los días. El tema del sueño de los niños está muy polarizado, llevado al blanco y al negro, y la mayoría de los padres optamos por el camino del medio, por ayudar al niño a dormirse solito con cariño, con ternura, con paciencia y con confianza.

-¿Tiene un alto coste neurológico no atender a los niños cuando lloran? Hemos visto testimonios de padres arrepentidos de aplicar el Ferber o Estivill.

-Aunque no hay un estudio que demuestre que los niños a los que se aplica el Estivill tengan lesiones neurológicas severas, no atender a un niño cuando llora por la noche no es beneficioso ni para él ni para ti. El niño llora porque está sufriendo, porque lo está pasando mal. Los niños están programados para llorar, y llorar fuerte, para que los padres acudan a su llamada. Es bueno no desprogramar esa respuesta genética.

-¿Cuándo es normal o habitual que empiece el niño a dormir del tirón?

-Antes de los 2 años es muy difícil. Entre los 2 y los 3 años, ya es habitual que los niños empiecen a dormir del tirón, pero que nadie se asuste si su hijo de tres años y medio no duerme del tirón o si con un año duerme la noche entera, ¡esto es para dar palmas! Lo que hay que tener en cuenta es que los niños suelen despertarse por la noche principalmente por dos motivos. El primero es que tienen hambre, y el segundo, que normalmente el niño que se duerme en una habitación suele dormirse acompañado del padre, y esto es precisamente lo que le ayuda a conciliar plácidamente el sueño. Cuando se despierta por la noche, y papá o mamá no están siente extrañeza, porque ese no es el sitio en el que se durmió (no el sitio físico, sino el emocional). Es como si tú te metes en la cama con tu edredón y tu marido y de repente te despiertas y te encuentras en el suelo de la cocina. ¿Qué hago yo aquí?, dirías. El «sitio» que no falla para que los niños se duerman es la compañía de sus padres.

-La teoría del apego es maravillosa, pero a la vista de cómo estamos en conciliación puede ser frustrante. ¿Es una locura tratar de llevarla al día a día?

-A ver, lo puedes hacer de muchas maneras, sin necesidad de ser extremo. Todos los padres que atienden a sus hijos cuando lo necesitan, todos los que les cuidan, les alimentan y les dan cariño están desarrollando apego seguro. Si yo esta mañana le hago la coleta a mi hija, estoy desarrollando un apego. En cualquier caso, debe haber una respuesta sensible, respetuosa con el niño.

-Nos cansamos de oír: «A este niño lo que le pasa es que está muy mimado». ¿Los malcriamos al besarles, achucharles o darles mimos?

-No. Este es un mito descartado por la ciencia. A los niños se les malcría si les compramos todo lo que quieren, si les perseguimos para darles atenciones que no han pedido. En cuanto al afecto la regla de oro es esta: «Si mi hijo me llama, yo lo atiendo». El contacto físico con tu hijo lo que hace es recargar la pila de la confianza.

-Insistes en que no se trata de dormir al niño, sino de ayudar a que se duerma. ¿Cómo lo llevamos a la práctica?

-No podemos dormir a un niño, como no podemos comer por él, o latirle el corazón, pero podemos ayudarle a adquirir hábitos que regulen su sueño. Los adultos también tenemos que hacer este esfuerzo, porque de manera natural no dormiríamos ocho horas por la noche, sino igual ya unos diez minutos a las 12.00... Pero la sociedad tiene unas normas y unos ritmos, y esos ritmos se van introduciendo poco a poco en el mundo de los niños. Muchos padres metidos en una crianza estrictamente natural te dirán que el sueño del niño es un proceso que tiene un desarrollo puramente natural y que tú no tienes que hacer nada. Pero eso no es así, en el siglo XXI tenemos muchos estímulos, y hay que intentar que esos estímulos interfieran lo mínimo en el sueño.

-Una de tus reglas es olvidarse de las pantallas por la noche. Y un cuento de siempre como «somnífero natural».

-El tipo de luz que emiten las pantallas de móviles y tablets retrasa la aparición de melatonina, que es la hormona que favorece la aparición del sueño. Por eso debemos evitarlas. En cambio, un cuento en papel, como Buenas noches, Luna (de Margaret Wise Brown), tiene más beneficios que desarrollar el vocabulario y la curiosidad. Cuando lo leemos generamos un tipo de atención, atención sostenida, que favorece el sueño. Ese tipo de atención va generando un cansancio que les invita a entrar en el sueño.

-Hay máximas sin caducidad. ¿Por qué deben los niños acostarse temprano?

-Porque su cerebro está en plena explosión y el sueño es vital. Es ahí cuando sintetizan y consolidan lo aprendido durante el día. El sueño es el mecanismo natural de memorización y aprendizaje, por eso los niños duermen tanto, porque tienen mucho que aprender . El sueño regula el estrés, elimina toxinas y ayuda a depurar el sistema inmunológico.

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