«Si no me pusiese en 'membretes', seguiría siendo Raquel Revuelta»

Fue Anne Igartiburu, y como el Luisma, se ha puesto en un «membrete» más de una vez. Tiene cabeza, gracia y una ranchera: «Yo, como Juan Gabriel, no soy partidario de sufrir». Paco León ha vuelto con «Toc Toc». Abre la puerta... ¡saca tu loco a pasear!

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¿Toc Toc? ¿Paco? León abre las puertas de su cine y de su vida. En cartel con una comedia «blanca blanquísima», el que fue Raquel Revuelta y Anne Igartiburu, y se llevó el oro de la tele como Luisma, se convierte en un taxista con una calculadora de cabeza. Nos hizo reír y llorar y nos dio un par de desnudos «en un ejercicio de naturalidad», dice. «Yo soy así, no tengo problema con nada. Yo no me confieso, porque no he pecado», asegura. Que venga Luisma a dar fe...

-En «Toc Toc», eres Emilio, un taxista fanfarrón que está todo el rato dándole al cálculo mental.

-Sí, y además tiene síndrome de Diógenes, acumula un poco todo lo que se va encontrando por ahí...

-¿Comedia negra de enredo?

-¡No! Es una comedia blanca blanquísima sobre una «pandilla de Scooby Doo» con unos looks muy grotescos.

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-¿Cómo se hace reír, gracia natural o trabajo duro ante el espejo?

-Yo qué sé cómo se hace... Si tuviéramos la fórmula de la Coca-Cola, la fórmula de la risa... sería fácil. Hay técnicas, pero la risa es una cosa tan frágil, una alquimia que nunca sabes si se va a producir. Tratas de hacer reír siempre con el miedo de que no se produzca la magia. La prueba del algodón es el público. Ahí ya no hay tutía.

-¿Qué te hace gracia a ti?

-Me meo de la risa con la realidad, con lo cotidiano... Me río con ocurrencias de amigos, con mi madre, que es como es y me cuenta chistes todo el rato, y me cuenta las cosas de la vida. Me parece que la comedia es una manera de ver la vida. A mí, la verdad, me hace gracia casi todo.

-¿Qué no te hace ninguna gracia?

-La incompetencia me saca de quicio.

-¿En qué sentido?

-Por ejemplo, alguien que no hace bien su trabajo, que lo hace a desgana... Soy severo en eso, no puedo evitarlo. Igual que me derrito cuando alguien se apasiona, cuando hace bien su trabajo y le pone ganas, sea taxista, camarero o actor. La injusticia tampoco me hace ninguna gracia, y ya si en política se juntan las dos cosas...

-¿Comedia es igual a tragedia más tiempo? ¿Toda pena tiene un gracioso porvenir?

-Hay algo de verdad en eso. Si miras algo con inteligencia es inevitable que aparezca el humor. La mirada inteligente es la que hace la comedia.

-En breve tendrás «una cita» con Ava Gardner. ¿Qué haréis juntos?

-Ava Gardner es el punto de partida de la serie que voy a dirigir, protagonizar, producir, guionizar y todo... Llevo cinco años y parece que en enero empezamos a rodar. Es sobre los criados de Ava Gardner cuando vivía en Madrid, en el 61.

-Suelta prenda, ¿qué vamos a ver?

-¡Ya te he dicho más que a nadie! Una serie en la que hago todo y en la que el punto de partida es el servicio doméstico de Ava Gardner en Madrid. Llegó a vivir 12 años aquí, pero la serie se centra en el 61.

-Tocas todos los palos en las tablas. Con «Carmina o revienta» te pusiste detrás de las cámaras por primera vez, para dirigir a tu madre y a tu hermana «chica», como la llamas tú. ¿Cómo fue dar el salto, qué diferencia marca el ser el que mueve los hilos, el que está al mando?

-La verdad es que nunca lo había pensado hasta que llegó. Yo no tenía vocación de director, o no conscientemente... Ni he sido yo nunca un actor de esperar a que me llamen. Carmina o revienta empezó como un experimento, y al principio no sabía yo si había hecho un vídeo familiar caro o una película muy barata, pero muy barata... y de repente empezó a ponerse la cosa seria. Llevo ya tres películas, varios cortos y una serie en puertas. Pero yo me considero un actor, un cómico que dirige. Estas siguen siendo para mí actividades extraescolares. ¿La diferencia al ponerse tras la cámara? Como director tienes mucho más trabajo, pero yo desde los dos sitios busco siempre lo mismo, contar verdad. Lo verosímil, lo auténtico.

-¿Se huele enseguida la mentira?

-Sí, creo que sí. A veces te gusta la mentira... pero a mí me inspira más la verdad. Lo real, las personas, la carne... son interesantes.

-Javier Cámara, mejor actor del cine español, un premio que ha salido de tu boca...

-Sí, para mí sí, él es el más completo. ¡Me encanta! Javier Cámara y Carmen Machi son mis referentes. Es muy bonito que sean gente tan cercana. Son familia. Con Carmen acabo de terminar La Tribu, de Colomo. ¡Es la mejor!

-¿Vuestra relación es tan natural como la vemos en «Aída»?

-Sí. Nosotros convivimos mucho, nos hicimos familia rodando la serie y ahora volvemos a coincidir. Tenemos una relación familiar, que va más allá del trabajo.

-Recuperemos alguna perla léxica de Luisma. ¿Te han puesto en un «membrete» alguna vez?

-Sí, claro... y yo solo me pongo en un «membrete» a veces, muchas veces. A mí me gusta meterme en «membretes» y en camisas de once varas. Siempre es interesante salir de tu círculo de seguridad y de confort, porque es ahí donde empiezan a pasar cosas interesantes. Si no me gustara meterme en bretes o en «membretes», como dice Luisma, seguiría siendo Raquel Revuelta todavía...

-Yo te recuerdo más como Anne Igartiburu.

-Pues Anne Igartiburu...

-¿A quién le dirías con una sonrisa profident «Hasta nunca, corazón»?

-Pues... no lo sé. No soy yo de odios. A mí me definen más mis afectos. Hay gente indeseable, pero no la tengo yo presente ahora para responderte. Yo no diría: «Hasta nunca, corazones». Yo soy más de «hasta luegos».

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-¿Tenemos siete vidas... o solo se vive una vez?

-Un actor tiene muchas. Yo quise ser actor desde siempre para tener eso, muchas vidas. Carmen (Machi) decía: «Tantas vidas tenemos que... ¿y la mía qué, a ver, y mi vida qué?». A veces de la tuya es de la que más te olvidas.

 -Y no.

-Y no, no se puede, tienes que cuidar tu vida.

-¿Y la tuya qué? ¿Qué es lo mejor de tu vida en este momento?

-Estoy en un momento efervescente, cansado, pero aprovechándome de todos los accidentes que me pasan, incluida la fama, para hacer cosas creativas. En el plano más personal, pues muy bien. Tengo una familia estupenda, una niña... «Virgencita, que me quede como estoy».

-¿Cómo te ha cambiado convertirte en padre de una niña?

-Pues... poco. Tengo muchísima ayuda. He tenido que renunciar a pocas cosas.

-Qué curioso.

-Como no tengo memoria... jajaja, pues no me acuerdo de cómo era yo antes de ser padre.

-Pero recuerdas tus comienzos...

-Sí. Empecé con 15 años, haciendo una obra de teatro. Y me refiero a cuando empecé cobrando por trabajar. Con 15 o 16 años hice una obra, cosas pequeñitas de televisión. Mi debut en la tele fue con un papelito que tenía tres frases de Imperio Argentina, que ya suena al siglo pasado. Yo debuté con Manolo Zarzo e Imperio Argentina.

-Te hemos visto impecable de esmoquin blanco y negro en la alfombra roja de los Goya y marcando estilo en San Sebastián. ¿Qué es lo mejor del escaparate?

-Esto es algo inevitable, es parte del trabajo, así que hay que disfrutarlo. Recuerdo en un festival en que todo el mundo lo estaba pasando mal, fatal, y las únicas que lo estaban pasando bien eran Verónica Forqué y Anjelica Houston. «¿Cómo lo hacéis?». «Pasamos por tantas...», se reían. Las alfombras son pesadas, pero si tienes un poco de sentido del espectáculo se pueden disfrutar.

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-¿Hay que dar la cara por una buena imagen?

-Hay que vestirse bien, porque esto va un poco de eso. De seducir. De estar guapo. De sonreír. Es parte del trabajo.

-En Instagram dejaste a los fans con el corazón en un puño con ese «Días en los que levantar la cabeza de la almohada supone un esfuerzo titánico. Días en que cuesta seguir como si nada. Haciendo ver que todo va bien». Luego saliste a apagar la luz roja diciendo que estás más fuerte «que el vinagre». ¿Cómo estás?

-¡Estoy bien. Superbién! Me sorprendió muchísimo... todos tenemos días malos. En Instagram todo es así, de mira qué bien estoy, mira cómo me río, mira qué como... y a veces llega un día de esos difíciles que creo que todos tenemos y no se dice. Creo que se debería mostrar más eso también. Vivimos en las redes una felicidad constante e irreal que hace daño, que hace que alguna gente se frustre por no ser perfecta ni estar todo el día montada, no sé..., en un flotador de flamenco.

-¿Aprendemos algo del dolor?

-Yo, como Juan Gabriel, no soy partidario de sufrir. No busco el dolor. Yo soy hedonista, pero también entiendo que el dolor forma parte de la vida y no podemos huir de él. Buscar el dolor me parece estúpido, evitarlo también, es cerrar los ojos a la vida.

-En casa de Bertín, te desnudaste en sentido figurado, hablaste de tu bisexualidad, dijiste que cuando conociste a Anna, tu mujer, tenías novio tú. ¿Sentías la necesidad de decirlo a los cuatro vientos o solo surgió?

-Bueno, surgió, y me parecía que era la mejor manera de decirlo. Ejercer la naturalidad hoy en día es lo más transgresor. Antes Madonna se metía cosas por el coño... y hoy es impensable. Yo siempre he sido muy rácano, siempre he tenido ese punto pudoroso, más que rácano, para hablar de mi vida privada, pero también soy natural. Yo soy así, no tengo problema con nada. Yo no lo veo en esos términos, como desnudar, confesar. No hay espectáculo en esto. Se confiesan los pecados. Yo no me confieso... porque nunca he pecado.

-Estuviste de «kiki subido» con tu película «Kiki, el amor se hace». ¿Cómo se hace el amor... bien?

-Hay que hacerlo ¡aunque sea mal! Da igual, jajaja. Aunque sea malo, venga... El amor se hace a base de besos, de saliva, de afecto. No son flechas de Cupido, el amor de verdad hay que currárselo, hay que refrescarlo, y mantener la llama. Esto es un trabajo. Hay amores sin sexo y al revés, pero cuando se juntan los dos es maravilloso.

-¿El sexo, mejor que solo, con amor?

-Sí, bueno... y con amor propio y todo, jajaja. Todo con amor.

-Te has desnudado en Twitter, en sentido literal. ¿Por qué?

-Fue un ejercicio de naturalidad.

-Habíamos leído que te picaste con una revista rosa por una mala foto...

-Me piqué una vez con el Cuore, en que salía un top de playas y yo en un ránking como «cuerpo escombro». La verdad es que era gracioso... pero cuando eres tú ya no te hace tanta gracia. Mira... pues una de las cosas que me han cambiado al ser padre ¡es que eché cuerpo! Ya no soy tan «cuerpo escombro». La otra vez que me desnudé fue porque me lo pidieron los seguidores, y dije: «Pues ya lo cuelgo yo, y así no tengo tensión de paparazzis».

-Impresionante... lo que os parecéis tu madre, Carmina Barrios, y tú. Y también tu hermana, María León. En la foto que subiste a Instagram de Carmina de pequeña, pareces tú.

-Pues si ves las de mi padre... Yo soy mi padre.

-Pero eres muy de tu madre, ¿no?

-Ella no piensa lo mismo. Dice que me llama todos los días y que no le cojo el teléfono. Yo soy y he sido siempre muy independiente, desde muy pequeño. De repente no dormía en casa ni daba explicaciones, y a los 18 me fui. Siempre he sido así, pero sí, claro... a mi madre la adoro. Me río muchísimo con ella. Tenemos una relación muy cómplice y muy sana, estoy menos pendiente de ella de lo que a ella le gustaría pero es que las madres son muy... ¿demandantes?

 -Será que al amor de madre pide lo suyo. Llevas el circo en los genes, pero también la marca de la guerra. Aún buscas a tu bisabuelo, que murió asesinado en agosto del 36.

-La de mi bisabuelo Joaquín León es una de las miles de historias de la guerra civil y la posguerra. Mi bisabuelo era un maestro de escuela republicano al que un día metieron preso. Mi abuelo le llevaba todos los días el bocadillo a la cárcel, hasta que le dijeron: «No hace falta que vengas más». No sabemos dónde está. Yo recuerdo a mi bisabuela que mandaba callar cuando se hablaba del tema, tenía mucho miedo todavía años después, tenía ese miedo de «Pueden venir». Y no hay que callarse eso.

 -¿Cerramos con un cuento o poema?

-Me acuerdo de una cosa de Gloria Fuertes que me encanta: «Ya me gustaría a mí que mis versos no hayan salido a su puta madre». Es así, es inevitable.

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