Si rozas los 45 estás a punto de romper

MÁS QUE YES, NOS HA SALIDO UN NOT Pero los datos son los datos. Y según el INE (prometo que es la única sigla del reportaje) nos separamos cuando llevamos alrededor de veinte años de convivencia, cuando nosotras tenemos 44 años y ellos 47. ¿Qué nos pasa a esta edad?

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Es mejor empezar por el ejemplo. Cuando María se casó con su marido él le prometió que la iba a tener en palmitas, que la iba a tratar como a una reina, que jamás le faltaría de nada y que nunca tendría que soportar un desaire. «Nada de eso se cumplió», le dijo María un día a su terapeuta, Aránzazu García. «La vida es así, seguro que él querría haberte dado todo lo que te prometió, pero no pudo ser. ¿Tú pudiste dárselo?», le preguntó Aránzazu en una de las primeras sesiones. Y María le respondió rotunda: «No». «Pues ahora solo queda plantearte la cuestión principal: ¿quieres seguir con él y luchar por esa relación?». Este es solo un ejemplo de lo que les pasa a la mayoría de las parejas que acuden a su consulta, que suelen llegar «terminales», «para cuidados paliativos», cuando hay poca ayuda que ofrecer y mucho reproche de uno hacia el otro.

Pero en definitiva, el ejemplo de María, expone Aránzazu, viene a poner sobre la mesa uno de los problemas que la mayoría de los matrimonios o de las parejas con una convivencia larga tienen: que ninguno de los dos se hace responsable de su disfrute, de darse goce, de buscar su alegría sino que esperan que el de al lado se la proporcione. Esa es una de las principales claves de que se produzcan tantas rupturas alrededor de los 45 años, que según publicó el Instituto Nacional de Estadística la semana pasada, tienen lugar cuando la pareja ha convivido entre 16 y 20 años, fecha que coincide en el tiempo cuando las mujeres han cumplido los 44 años y los hombres los 47. Casi el 50% de las separaciones se producen -señala el INE- después de haber compartido la vida durante veinte años, un momento crítico por la acumulación de distintas situaciones.

¿Qué nos pasa entonces a los 45?

Aránzazu confirma por su largo tiempo de experiencia como terapeuta que los 45 tienen ese amargo sabor de la desilusión. «A esa edad ya no estás en una etapa de ilusión, no estás feliz por lo que va a venir (tienes lo que tienes) y además normalmente coincide con que la mayoría están criando hijos adolescentes. Una etapa en la que hay muchos desacuerdos, muchos reproches, mucho desgaste, y sobre todo mucho cansancio físico, también porque suele ser una época de frenesí laboral. Pero a diferencia -dice ella- del cansancio que provoca la crianza de los niños pequeños, ahora no hay esos momentos dulces que te proporciona un bebé, que une, y tira felizmente de la pareja».

AGOTAMIENTO FÍSICO

El agotamiento influye mucho en nuestras reacciones, en especial porque dejamos de lado nuestro disfrute propio. «A esa edad las parejas están muy poco activas -también sexualmente, porque a nosotras las emociones nos afectan en el deseo- y es muy probable que el poco tiempo libre que tengan los dos lo dediquen a las responsabilidades familiares, a las tareas domésticas», concluye Aránzazu, para añadir que es entonces cuando la queja se instala como modelo vital. Es muy normal que uno se empiece a quejar de todo, de los hijos, del trabajo, del marido, de la mujer, de la suegra. El talante se centra en la queja. Eso, sin olvidar, como apunta la experta, que también es verdad que a los 45 no somos los mismos que a los 25, y puede pasar que en ese período largo hayamos cambiado y cueste más encajarnos como pareja.

Pero como no se trata de hacer un NOT, sino un YES, hay que plantearse una buena solución y darle la vuelta a la tortilla si queremos pelear. Lo primero -indica la terapeuta- es aprovechar toda esa energía del enfado para cambiar, y por encima de todo para no responsabilizar al otro de la insatisfacción propia: cúrrate tu disfrute, busca aquello que te haga feliz y no le reproches tu desgaste al de al lado. Después, Aránzazu apela al deporte porque confirma que la gente que tiene una buena forma física tiene energía vital, una fuerza que es capaz de asumir cualquier tarea sin que eso suponga un drama. «A veces el cansancio es tal que hasta levantarse de la cama nos cuesta», dice. Así que hay que coger ganas y tener la fortaleza física y anímica para llevar a cabo la rutina sin olvidar que los conflictos van a existir y deben sostenerse. «En nuestra cultura no estamos hechos a negociar, ¡y en las parejas ya ni te cuento!, pero se debe matizar que negociar no es ceder, que es lo que suelen hacer la mayoría: ‘Hoy hice yo esto, mañana tú lo otro’... y luego viene el reproche: ‘Yo hice tres veces más’. No», zanja Aránzazu. Lo que hay que abrir son otras vías, no la tuya o la mía, sino otras opciones que nos lleven a disfrutar también juntos sin que sea o tu plan o el mío. ¿Por qué no otro?

En su opinión, cuando dos personas son felices es superfácil que cuando estén juntas lo estén también, pero si están amargadas es imposible.

¿Si superamos esta crisis de los 45 ya podemos tirar millas?, le preguntamos. «Bueno, después es cierto que hay menos separaciones, pero yo tengo la sensación de que muchos matrimonios están cómodos en esa situación, algunos felices y otros no; conozco gente de 80 años que pasean de la mano y otras que viven juntas pero por separado», concluye. «A los 45 -dice ella- aún sientes que puedes dar el salto, por eso se animan a separarse, porque saben que queda mucha vida por delante». ¿Sí o no?

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