Teresa Fernández-Valdés: «En la tele si no te diriges a las mujeres no vas a tener éxito»

Tiene fama de mandona y aunque ella no lo siente así es quien corta el bacalao en televisión. La mayoría de las series que vemos tienen su sello y el de su marido, Ramón Campos, a quien conoció haciendo el Máster de Producción Audiovisual de La Voz

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Teresa Fernández-Valdés (Pontevedra, 1980) no pierde el tiempo, así que con ella es mejor ir al grano. Si no, enseguida busca la solución a todo y es capaz de montarse no solo una película en la cabeza, sino varias. Está acostumbrada a decidir y se le nota en cada frase que se mueve por entusiasmo; el mismo que la ha convertido en una de las mujeres con más poder en la televisión desde que con su pareja, Ramón Campos, creó Bambú Producciones. Teresa es quien organiza todo, la última responsable del éxito de las series -Velvet, Las chicas del cable, Tiempos de Guerra, Traición, el Caso Asunta...- que están marcando una época.

-Has salido varias veces como una de las mujeres más influyentes.

-Lo que me hace que me definan así es el hecho de que no haya muchas mujeres entre los directivos, y para una que está ahí pues se hace notar. Es verdad que en EE.UU. hay grandes talentos femeninos, pero siguen siendo mayoría los hombres. Las mujeres están en la producción, en la dirección, pero no en la cabeza que lidera a todo el equipo, que es el productor ejecutivo.

-¿Qué hace una productora ejecutiva?

-Antiguamente era la persona que financiaba las producciones y ahora parte de mi tarea es conseguir que lo que hacemos tenga económicamente un respaldo. Pero eso no es lo más importante. En realidad lo que nos da valor es lo que llaman en EE. UU. show runners. Haces series, diseñas una producción en todos los términos: cómo se va a rodar, dónde, quiénes van a ser los protagonistas, cuáles serán las localizaciones, qué música vamos a utilizar, el vestuario, todo lo que se refiere a asuntos creativos. Tu papel puede ser interesante o no por el valor que le sumas a un texto. Y además si está involucrado en la escritura, te da más poder de decisión.

-Así que estás todo el día tomando decisiones.

-Todo el día, todo el día. Eso luego te vale mucho para la vida. Como me paso todo el día resolviendo, eso me hace tener todo muy claro y ser muy resolutiva. Cuando luego me meto en temas personales de ‘tengo que hacer una obra en mi casa’ o ‘tengo que ir a la compra’, cada decisión tardo un milisegundo. Esto, esto, esto. Cuando, nunca mejor dicho, tienes una película en la cabeza todo el mundo espera eso de ti: que les soluciones. Se hace de una manera encadenada, porque a su vez tenemos jefes de equipo maravillosos, que nos proponen, pero si yo ahora en Velvet digo nos vamos a acercar a los setenta, y vamos a poner bota alta, y esto..., la jefa de vestuario me dice: «Mira, Teresa, esto es de los setenta pasados, con este ancho tira al 78» y yo decido. Te metes hasta cómo es de larga la falda o la bota, pero estas decisiones pequeñas son importantes, porque dan una línea a la serie.

-Tu vida está minutada.

-No, no, ¡qué va! Todo lo contrario. Mira, de hecho, es lo que provoca también este caos, de que a veces la gente tenga que esperar por ti. Yo ahora mismo tengo dos proyectos: Velvet y la segunda temporada de Las chicas del cable, Ramón lleva Fariña, Tiempos de guerra, también desarrolla para otras cadenas, viajamos a Los Ángeles para ver lo que se hace allí, así que mi vida cada día es diferente. Ahora bien, las decisiones son compartidas. Ayer estuve reunida una hora con el equipo de guion de las Chicas del cable y luego otra hora con el guion de Velvet. Y son tan distintos los universos. Luego puedo decirles: «Chicos, voy a las 10» y después me surge un marrón en el plató porque ha pasado tal cosa con un actor que no viene y hay que salvar la jornada para seguir grabando. Quitar al actor de tales secuencias. Y entonces ya le das plantón a otro. Voy saltando.

-Entonces estás un poco en todo.

-Sí, en todo.

-¿Cómo te desestresas?

-En la playa, nací cerca del mar y es algo que añoro. Yo cuando me tengo que relajar de verdad, tomar distancia, siempre busco un destino de playa. Y procuro también un ratito para hacer ejercicio dos días a la semana.

-Todos recurren a ti. ¿Y tú a quién recurres?

-Yo tengo la supersuerte de que con Ramón, mi pareja, me entiendo muy bien. El estrés lo gestionamos de manera distinta, pero él sabe de lo que le estoy hablando. Y cuando yo le digo: «No puedo más», él sabe qué pasa, que estoy a punto de romper, y me puede cubrir. Y yo puedo mirar a otro lado sabiendo que tengo al mejor, a una parte de mi propio ser. Yo no puedo pretender que alguien que me sustituye se comporte exactamente igual a mí, hay que confiar en el criterio de otro. Y lo mismo al revés, yo le cubro a él.

-¿Quién le metió más el gusanillo a quién?

-Ramón es un loco enamorado de la industria, es guionista de origen. Yo estudié Periodismo y fue en el máster de gestión audiovisual de Corporación Voz donde conocí a Ramón, con lo cual puedo decir que él nació con ello y yo lo descubrí. Yo soy muy positiva y con mucha energía, así que cuando me creo algo envuelvo todo. Yo creo que siempre apostaría por un trabajo creativo, pero también sé que podría hacer otras cosas; a mí este mundo me apasiona y no encuentro nada que lo haya superado. Pero si mañana por lo que fuera hay que decir ‘esto se acabó’, me veo disfrutando también. El placer de escribir lo desarrollas en cualquier lugar.

-Eres entusiasta.

-Sí, absolutamente. Me encanta creérmelo y entusiasmar al equipo. Mira, ahora nos estamos cambiando de oficina, que es un horror, y estoy loca con la oficina. Y no delego, pero no con el afán de gobernarlo, sino por la ilusión que me hace. Una oficina distinta, en la que todos se sientan cómodos, un lugar precioso en donde todos quieran estar. Entonces pienso en que haya muchas plantas, que el comedor sea superacogedor, que haya una terraza chula, y eso lo hago porque para mí es muy ilusionante que la gente que nos acompaña entienda el proyecto como nosotros mismos.

-Habéis funcionado como una familia, incluso con los actores.

-Para mí es fundamental. Me encanta que los actores se sientan cómodos. A veces nos debemos a un público, nuestras series son sencillas de ver, para un público generalista, no nos metemos en complejidades de dramas porque la gente abandona.

-¿No queréis contenidos sofisticados?

-A veces nos preguntamos si estaríamos mejor haciendo otro tipo de formatos, porque el cuerpo nos lo pide, otros contenidos de cable más alternativos, pero sí que es verdad que en España nuestro público consume ficción nacional. Yo creo que hay que aprovechar el momento, y cuando algún actor se viene abajo y quiere elaborarlo, les digo: «¡Pero tú sabes el placer que te da levantarte cada mañana con un dato de cuatro millones de espectadores!». Y sí, podrías estar haciendo algo más sofisticado, pero que te duren las emisiones tres días. Porque las series te las cancelan. Por eso a veces tenemos que trabajar la parte humana, que para mí es fundamental. No es un contrato aquí, un contrato allá. Tenemos una buena relación con los técnicos.

-De hecho repetís actores.

-Sí, pero también tenemos muchos proyectos. Hay actores que te dan garantía de buena persona, de buen trabajo, mediáticamente son muy interesantes.

En Velvet se apostó por caras que en aquel momento tampoco eran tan conocidas: nuestro Javi Rey, que se ha convertido en un auténtico dandi. Y en el primer capítulo de Velvet tenía solo una secuencia, pero ha hecho todo un camino él solito por creérselo. O Cecilia Freire, Adrián Lastra. Ahora también hay actores más jovencitos, caras nuevas que van a funcionar, porque tienen un talento brutal. Pero, claro, la foto se la llevan otros. Y parece que no salimos de ahí.

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-Vosotros os enfocáis mucho al público, hasta el punto de que Ramón hablaba de «series que gusten a las madres».

-Sí, nosotros necesitamos siempre que haya un actor de mucho peso, que esté Pepe Sacristán, Concha Velasco, la propia Aitana Sánchez Gijón, que esté Imanol Arias. Gente con toda una carrera, eso el espectador de partida lo acepta como algo serio. Luego gente con muchos seguidores en Instagram, que no los contratas por eso, ojo, pero eso suma. Nosotros no contratamos modelos, sino intérpretes. Si es popular, suma. Intentas hacer una combinación con nuevas caras, ese mix a la audiencia le gusta.

-Y las tramas corales.

-Sí, porque cuando te la juegas a uno, si te anclas a solo un personaje es posible que el actor se acabe cansando. Si todo el peso recae sobre ti, es lógico. Y si un día se va, tú te has quedado sin proyecto. Entonces es una manera de hipotecarte, y las series corales te permiten vivir mejor y los actores pueden compatibilizarlo con otros proyectos.

-Pero vuestras series están enfocadas sobre todo a mujeres.

-Sí. En televisión está demostrado que si tú no tienes a las mujeres ya no vas a tener una buena base de audiencia. Todas las series masculinas tienen datos de audiencia mucho más cortos que los que convocan a un perfil femenino. Las mujeres somos más fieles en el consumo y sentimos que tenemos una cita, esto lo tenemos por datos, sabemos todo: la edad, el perfil social, el sexo, si han visto los primeros cinco minutos... Y nos ha confirmado siempre que una base de audiencia buena nos la dan las mujeres.

-A ti te gustan los finales con beso.

-Bueno, no. Yo me atrevería a otras cosas. Pero a la audiencia ya te digo que le gustan, incluso los finales un poco evidentes. Cuando los hacemos pensamos: ¿qué quiere el público? En Velvet cuando se iba a acabar pensamos que la historia había nacido como la historia de unos amantes, y entonces también pensamos que acabase a lo Romeo y Julieta, hubo siempre esa posibilidad sobre la mesa. La solución podía ser dura. Pero ahora bien, nosotros llegamos a matar a Ana o a Alberto en el capítulo 52 y a los que nos matan es a Ramón y a mí. Hay cosas que se imponen por derecho. Los romances, las traiciones o las pasiones, el instinto humano, en componentes fuertes todo el mundo lo entiende.

-Con lo de Asunta también habéis acertado.

-Bueno, eso ha sido un proyecto personal de Ramón, que es un loco de ese tipo de series. Él quería contar el caso manejando la información para que te plantearas casi un escenario de ficción. Él estuvo secuestrado en la investigación mucho tiempo.

-¿Te ha cambiado la idea sobre el caso?

-A mí no. A ver, no. Yo no voy a jugar a ser juez, pero me hubiera encantado que el documental finalizara diciendo que hemos encontrado una prueba que haga que todo varíe, pero no ocurrió. Lo que ponemos sobre la mesa es si con las pruebas que hay es justo que dos personas estén en la cárcel, sobre todo en el caso de Basterra. No hay una prueba fehaciente. Ahora, ¿estuvo implicado en los hechos? Yo no lo puedo saber. Pero mi opinión no ha cambiado.

-¿Por dónde va a ir la televisión?

?Estamos disfrutando mucho este momento de cambio. La televisión lineal en la que se decide qué, cómo y cuándo ver algo es un modelo que se está agotando. Mis hijas de 6 años cuando yo pongo Clan me dicen que por qué hay que ver eso. «Por qué me obligas a ver Bob Esponja ahora». Es verdad que aún hay una generación que hace consumo tradicional, así que un par de años más vamos a aguantar ahí. Pero sí o sí se impone el consumo libre y eso nos llevará a cambiar la forma de producir. Intentar conseguir el mayor público posible. No es lo mismo un nicho en España que en el mundo entero. Sí pensamos trabajar en plataformas, Netflix, Movistar...

-Otra vez hay que contar con las mujeres.

-Claro, ellos tratan de que toda la familia se asome a consumir, no han pensado en contenidos más radicales. Ellos quieren a la mujer de nuevo, porque al hombre lo tienen ya, consumiendo cosas más alternativas, el deporte ya les obligaba al abono de una plataforma, pero a la mujer no. Sí, sin duda en la tele las mujeres cortan el bacalao.

-Y en tu casa también cortas el bacalao ¿no?

-[Risas] Tengo fama de mandona, pero yo no lo siento tanto así. Yo creo que soy una persona muy tolerante, con una capacidad de empatía porque escucho mucho. Aunque soy una persona de carácter, y es difícil que en una discusión si yo lo tengo claro me vayas a convencer. Pero sí que nuestro mundo audiovisual es muy abierto, libre de prejuicios y eso te hace muy abierto. También lo soy en la educación de mis hijas. Enseguida si hay problemas los hablo de una forma más abierta, ahora si tengo que dar un cachete en el culo lo doy. Eso también te lo digo [risas].

-¿Qué estás viendo en la tele?

-Lo que más me ha impactado y me he enamorado es Big Little Lies, en HBO. Son tres protagonistas mujeres, mujeres de hoy, con inquietudes, algunas con infidelidades, otras víctimas de un matrimonio, otras que conducen a sus hijos a un lugar equivocado... Dueñas de su destino. Nuestra reflexión también va por ahí. Cómo retratar a esas mujeres con carácter y con valor.

-Bueno, no sé qué querías ser de pequeña, pero ideas...

-[Risas] Yo soy una mujer de espectáculo. He bailado mucho: gallego, clásico, sevillanas... Eso me apasiona. Mi frustración es ser cantante, porque tengo una voz pésima, pero bailar lo bailo todo. Yo siempre estoy escuchando música, para los trabajos me inspira, con mis hijas bailo mucho. Uno de mis grandes retos, y espero no morirme sin hacerlo, es producir un musical. Soy una enamorada. Yo apuntaba a teatro, cine... Pero no sabía que desde el otro lado. Vivo muy al día, cada día es distinto. Por eso cuando me encuentro en vacaciones con alguien y me dice: «Ay, estoy deseando volver a la rutina», no lo entiendo. Odio esa palabra. Me espanta, me espantan los horarios fijos, el cole de las niñas, uf, todo lo que es rutina es un horror.

-¿Las ves mucho?

-Sí, las suelo llevar todos los días al cole y las recojo muchas veces. A lo mejor tres de los cinco días. Y los fines de semana también, muchos los trabajo, pero un rato con ellas siempre tengo. Al ser mellizas fue al principio más complicado, pero están en un momento precioso, con 6 años. 

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