El «senegalego» que arrasa con su metro noventa

Babacar nació en Thiès, pero lleva media vida en Galicia. Acaba de causar sensación en la edición Samsung Ego de la Fashion Week de Madrid


Tiene nombre de aplicación. Se llama Babacar, nació en Thiès, Senegal, un 1 de septiembre de hace 23 años, pero lleva media vida en Galicia. «Vine con mi padre, que ya estaba aquí, cuando tenía 12. Mi madre y un hermano pequeño siguen allí», comenta este espigado joven de metro noventa que acaba de causar sensación en la edición Samsung Ego de la Fashion Week de Madrid. El año pasado firmó con una agencia de la capital de España y ya le surgieron trabajos tanto de pasarela como de catálogos de moda. Por ejemplo, para la firma Kimoa de Fernando Alonso o para la nueva campaña de Moschino que verá la luz dentro de unos días, y alguna cosa más que prefiere no desvelar. «Siempre me dicen que tengo mucha presencia. Que se nota cuando estoy», asegura. Estudió en el instituto Salvador de Madariaga y ahora cursa un ciclo de comercio y márketing, aunque cada vez le surgen más compromisos laborales. «Me tienen de arriba para abajo», apunta este atractivo joven.

Este mismo lunes parte para Ciudad del Cabo, donde trabajará dos meses y medio como modelo para firmas sudafricanas. «La verdad es que empecé hace poco tiempo. Una amiga estudiante de Diseño me pidió que vistiese su ropa y, claro, acepté. Después conocí a Moisés, un estilista de A Coruña, que me puso en contacto con agencias de Madrid y Barcelona, les mandó fotos mías, y enseguida me llamaron», relata este senegalego que nunca pensó en poder dedicarse a este mundo de la moda. «Antes no me lo había planteado. A mi padre y al resto de la familia imaginé que les costaría aceptarlo, pero se lo tomaron con más naturalidad de lo que pensaba cuando se lo dije», asegura. Habrá que estar atentos a la evolución como modelo de Babacar, que arrasa por donde va con su metro noventa de altura. Por el momento sigue viajando por el mundo sin perder el contacto con Galicia.

Callos con canela

Es una casa de comidas de siempre. De esas que ya casi no hay. De las que ofrecen platos sencillos, sabrosos, abundantes y a buen precio. Me refiero a la Taberna do Cantante, que es como casi toda la clientela conoce el bar O Coto en Devesos, Ortigueira. «Manolo, mi marido, cantaba en orquestas y de ahí el nombre», explica Matilde Fojo, cocinera y propietaria de este local de más de un siglo de antigüedad que antaño fue ultramarinos. Una de las preparaciones estrella de Matilde son los callos que, me cuenta, lleva años preparando con la misma receta. Tres kilos de garbanzos y 16 de carne despachan en pocas horas. Y claro, los pedí. Y lo primero que detectas es que hay algo diferente. Un dulzor, un no sé qué distinto. Más que a comino dejan un regusto a canela. «Es que aquí le echan canela», afirma rotundo mi primo Nano, habitual del establecimiento. La hija de Matilde lo confirma: «Mi madre le echa una rama de canela que después le quita». Tan singular es el sabor de estos callos que esperé a que la cocinera acabase de preparar las comandas de los comensales que abarrotan siempre el bar para insistir en el tema. Y lo que me contó me dejó todavía más sorprendido. «Lo que te sabe diferente no es por la canela, sino por los limones que le echo en la cocción. Normalmente son de supermercado, pero esta vez los cogí del árbol y como tienen una corteza más dura, les aporta un sabor diferente», argumenta Matilde. Callos con canela y dos limones. Casi tan sorprendente como ver a un chico de Senegal afincado en A Coruña desfilando en la pasarela más importante del país.

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