«Fabiola me ha salvado de seguir siendo un cabeza loca»

Dice que su casa, la que vemos en tele, es tal cual. ¡Que no ha cambiado ni los cojines! Solo quiere la inmortalidad para asegurarle lo mejor a su hijo Kike y que no le falte nada. Pero, Bertín, por supuesto, va sobrao: «A mi edad... ya quisieran muchos»

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Cree que su gancho está en invitar a conversar a sus invitados, no a interrogarlos, y prescindir de los momentos incómodos, como otros programas que directamente lo llevan a cambiar de canal. Lo suyo no es morbo sino buen rollo, por eso tiene hoy la casa más solicitada de España. Toda «tal cual la veis en la tele», asegura el sevillano.

-Eres el hombre con los que todos quieren estar. ¿Por qué crees que enganchas?

-Cuando invito a alguien a mi casa, suele saber a lo que viene. Primero, porque algunos son amigos desde hace años, y luego, porque saben que vienen a un programa de televisión donde hay una conversación. No es una entrevista ni un interrogatorio. Así es fácil que vengan y se sientan comodísimos. Ese es al menos mi objetivo.

-Ahora llevas a la familia y amigos del entrevistado también a tu casa. ¿Se complica así el cásting?

-¡Para nada! Cada invitado es un mundo. Hemos tenido casos como Joaquín o Antonio Orozco, que sus madres eran pa’ comérselas; el otro día con Manuel Carrasco tuvimos a sus hermanos por videollamada… Al final intentamos que cada programa sea diferente, que ellos estén cómodos y que les podamos conocer lo mejor posible.

-¿Son los políticos los que más ganas tienen de mostrar su cara más humana?

-No sé si son los que más ganas tienen, pero quizás sí a los que más les cuesta. A algunos de los políticos que han venido al programa les ha costado mucho salirse de su papel. Luego tenemos otros invitados que piensas que van a estar más cortados y se terminan abriendo en canal, como me pasó con Rosa, que acabamos haciendo terapia.

-¿Has exprimido tu vida a tope?

-Estoy muy satisfecho con todas las cosas que he hecho en mi vida. Ya estoy en una edad en la que lo que me apetece es disfrutar de mi familia, de mis hijos. Mi único deseo sería que la calidad de vida de mi hijo Kike sea la mejor posible.

-¿En qué tipo de cuestiones los notas más reacios a contestar o a confesar?

-Conmigo no los noto reacios. No busco ser como los programas de este tipo que hacen sufrir a la gente con preguntas incómodas. Es que, directamente, cambio de cadena. Si como espectador no me gusta, imagina preguntarlo yo.

-¿Algo que te dé pudor preguntar?

-Yo es que no soy nada curioso ni cotilla. Pero si hay algo que me da pudor, directamente no lo pregunto.

-¿Qué es lo que más tirria te da a la hora de hablar?

-A mí, a estas alturas de la vida, en que me habéis preguntado de todo, no me cuesta responder a nada. Siempre os digo lo que pienso con sinceridad.

-Cuando no hay rodaje ¿es tu casa diferente a cómo la vemos en la tele? ¿Cambiáis los cojines, algún cuadro…?

-La casa es tal y como la veis en la tele. El único cambio que habéis podido ver es que quitamos la campana de la cocina y la cambiamos por una que era más alta y más discreta. Como yo soy tan alto, cuando cocinaba detrás de la campana, ¡no se me veía! [risas]

-Eso de rodar en tu casa, sí que es llevarse el trabajo a casa. ¿No te satura vivir «en un plató»?

-Ya me he acostumbrado. Aunque es verdad que al principio veía tanta gente allí, tantos trastos… Claro, eso no lo veis por la tele. Pero luego el equipo, que es fantástico, lo recoge todo y te lo dejan mejor que como estaba.

-¿Te has propuesto aprender a cocinar para salir mejor parado en la cocina?

-Este verano he estado dando unas clasecitas, pero la verdad es que soy un desastre… Al final no me pongo por falta de tiempo, no por falta de ganas. Pero hasta ahora, solo soy capaz de hacer las papas con choco que me enseñó Carmina, la madre de Paco León.

-¿Cuál ha sido tu mejor escuela?

-El servicio militar.

-¿Qué queda del Bertín seductor?

-La percha y el pico de oro [risas].

-¿Cuándo te diste el mayor resbalón de tu vida?

-No tengo ni idea. Mi vida ha sido y es muy intensa, y seguro que me he equivocado un montón de veces.

-¿Cuándo te sientes mejor?

-Cuando estoy en familia. Sentarme con mi hijo Carlos y con mi hijo Kike me da la vida. Me encanta estar con ellos, ver cómo evoluciona Kike, saber qué cosas le inquietan a Carlitos…

-¿Te gustas?

-A ver, para la edad que tengo… Ya quisieran muchos. Pero sí que me cuido lo que como y hago muchísimo ejercicio. Yo creo que se nota.

-¿Cómo ves esto de la inmortalidad en la que se está investigando? [Risas]

-Si por algo me gustaría vivir más años sería para ver crecer a mis hijos. Lo único que me quita el sueño es el futuro de mi hijo Kike. Me encantaría tener el poder de saber que el día que yo falte, él lo va a tener todo resuelto.

-¿De qué te ha «salvado» Fabiola?

-Fabiola me ha salvado de seguir siendo un cabeza loca [risas]. Mi matrimonio llegó en el momento perfecto, y tener a nuestros hijos nos ha dado una fuerza y una estabilidad maravillosa.

-¿Te exige mantener el tipo?

-Fabiola sabe cómo soy de impulsivo y de natural, así que sabe que no puede hacer nada [risas].

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