Ana Torrent: «No creo en fantasmas, pero no hago güija, por si acaso»

La actriz de «Tesis» ha vuelto a la gran pantalla con «Verónica», la película sobre el salto de la adolescencia que reabre el diabólico caso Vallecas. «Ya no me pesa lo de niña eterna del cine español. He hecho muchas cosas y estoy donde quiero estar», asegura

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Aquel Saura del 76: Ana con falda a cuadros poniendo el Porque te vas de Jeanette (junto y sin acento), sus ojos mirándonos desde el «fondo grave y puro de la infancia», decía Francisco Umbral. Superados los 50, a Ana Torrent (Madrid, 1966), la actriz que se reveló a los 6 años con El espíritu de la colmena y acarició el Goya hace veinte con Tesis, ya no le pesa la etiqueta de niña eterna del cine español. «He hecho muchas cosas y estoy donde quiero estar», asegura. Ana ha vuelto a la gran pantalla con Verónica, basada en los hechos que recoge el expediente Vallecas. Torrent no ha dejado de ser Ana, es como si esa niña de Cría cuervos hubiese crecido hasta convertirse en madre en la peli más personal de Paco Plaza. En Verónica, que protagoniza la debutante Sandra Escacena, Ana es la madre ausente, una mujer viuda con cuatro hijos a cargo pero invisible en casa, sujeta a una interminable jornada laboral. La soledad de la adolescencia sangra en esta cinta que aborda el único informe policial de los noventa en Madrid que constata una fuerza paranormal.

-Solo ver el tráiler de «Verónica», o revisar el caso Vallecas, da pánico. ¿Pasaste miedo durante el rodaje?

-No, porque yo soy la madre ausente, como nunca estoy no me toca pasar miedo [risas]. Soy una madre que no es testigo de todo lo que le está pasando a su hija. Ella sí me dio pena...

-«Verónica» nos devuelve a un icono del cine de terror. De alguna forma, ya lo eras de niña, con esos ojos que parecían verlo todo.

-Bueno... sí es verdad que me relacionan con ese tipo de películas, y tampoco es que haya hecho tantas de género, pero ahí está Tesis. Luego también hice No-Do [en la que interpreta a una pediatra que experimenta fenómenos paranormales en su casa de campo] y un corto hace un par de años, menos conocido, La ropavejera.

-La madre de Verónica solo podías ser tú, asegura Paco Plaza. ¿Cómo llegó el papel a tus manos?

-A través de mi oficina, me dicen que Paco está preparando esta película y que le encantaría que fuese yo, que me sigue desde... tal, que Cría cuervos para él es una película de referencia.

-Incluso tiene un póster en su casa.

-Sí, a la entrada. Dice que para él Cría cuervos es una película mítica. Es muy gracioso... en algunas entrevistas ha dicho que yo en Verónica podría ser Ana, la Ana de Cría Cuervos que ha crecido.

-De hecho, Plaza te ha dejado el mismo nombre, Ana, como hicieron Erice y Saura, ¿no?

-Sí, me dejó ser Ana.

-En alguna entrevista te has definido como tímida y reservada, advirtiendo que eras más seria de pequeña. ¿Con la edad se va perdiendo el pudor?

-Sí. Aún soy reservada pero me gusta mucho reírme. De pequeña era muy tímida, solía hablar muy poco, contestar con monosílabos, es que creía que no hacía falta más. Con el tiempo aprendí que se puede hablar... un poco más.

-¿Es cierto que en «El espíritu de la colmena» Erice mantuvo los nombres de los actores porque tú no querías cambiar de nombre?

-Sí, sí... No sé en cuál de las dos películas; creo que en Cría cuervos me quisieron cambiar el nombre y dije que no, que a ver por qué me tenía que llamar yo de otra manera. Con 6 años aún no has tomado conciencia de la realidad. Hasta los 7 u 8 años, fantasía y realidad se confunden en la mente de un niño.

-En «Verónica» eres la madre ausente, la mujer atrapada en la vorágine de un mundo laboral extremo pero real. Hoy que la maternidad genera titulares, ¿estás con Samantha Villar en que los hijos quitan calidad de vida?

-No es que los hijos te quiten calidad de vida, somos adultos y podemos elegir. Pero es complicado compaginar familia y trabajo, ¡a veces imposible! Es un tema muy largo... Antes los padres no se paraban tanto con los hijos, ahora se da más importancia a los niños, al tiempo que se pasa con ellos, a las pequeñas cosas. Nosotros éramos seis hermanos y mi madre no se paraba... bueno, también es cierto que siempre estaba ahí.

-Estar siempre ahí es una clave...

-Sí. Ahora lo que ocurre es que, por un lado, no estamos y, por otro, les damos mucha importancia a las cosas pequeñas de los niños.

-«Verónica» es sobre todo una película sobre la adolescencia, dice su director. ¿Es imposible crecer sin que duela?

-Yo no tengo recuerdo de mucho... pero sí de que fue una época difícil, turbulenta. Estás encontrándote por primera vez en el mundo. Tienes 20.000 millones de preguntas, eres una olla a presión a punto de estallar. Siempre hay algo de soledad en la adolescencia.

-¿Crees en fantasmas que se manifiestan a través de la güija?

-No, no, no... antes, en los 90, hacer güija estaba de moda. Mis hermanos y yo la hicimos más de una vez y pasamos miedo. El vaso se movía... Mi hermano decía que un espíritu le había contestado que el rey se iba a morir. Yo no creo en esas cosas, pero hoy no hago güija... por si acaso [risas]. Me asusta mucho más un perturbado que un fantasma.

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