Riviera Maya, más allá de la pulserita

El principal foco del turismo en México es un cóctel en el que se mezcla la cultura milenaria maya con la naturaleza, el ocio nocturno y una gastronomía en pleno proceso de ebullición a orillas del mar Caribe. Con todo eso, ¿qué más se puede pedir? Ah, sí? ¡un tequila güey!


Cuando alguien, haya tenido el placer o no de estar en México, escucha las palabras Riviera Maya, casi de forma automática su mente empieza a trabajar hasta trasladarse a un paraíso de extensas playas y hoteles en los que el lujo y el todo incluido van de la mano para intentar que el cliente disfrute de una estancia única. Y todo eso es cierto. A lo largo de los 140 kilómetros que separan la localidad de Puerto Morelos, al norte de la península de Yucatán, hasta Punta Allen, existen infinidad de complejos hoteleros, entre los que destaca la cadena Palladium, en los que el viajero puede disfrutar de las calidades de un spa cinco estrellas, relajarse con la atención inmejorable de unos empleados que siempre esbozan una sonrisa, empaparse en la gastronomía autóctona y foránea de la más alta calidad o disfrutar del placer de no hacer nada en una tumbona escuchando las olas del mar Caribe mientras bebe un cóctel cuyo sabor ya nunca podrá olvidar.

Todo eso suena muy bien, y muchos viajeros se ven tentados a no moverse de las instalaciones hoteleras. Pero Riviera Maya es mucho más que un todo incluido. Es la perfecta conjunción de cultura, naturaleza y gastronomía aliñada con el carácter afable y tranquilo de sus gentes que hará que una vez que la pises, lo único que pienses sea en volver.

Hablar de Riviera Maya es hablar de los mayas, una civilización ancestral poseedora de un conocimiento de las matemáticas y la astronomía impropio de su tiempo y que durante alrededor de 3.000 años se extendió por diversos estados de México, Guatemala, Belice, Honduras y El Salvador.

El máximo referente de la cultura maya es sin duda Chichén Itzá, una zona arqueológica en la que nada más poner un pie, se empieza a ser consciente de la grandeza y majestuosidad de aquel tiempo. La pirámide de Kukulcán es su principal edificio y por una de sus escaleras desciende durante el equinoccio de primavera la sombra de la serpiente emplumada ante la expectación de miles de personas que se han trasladado hasta allí para contemplar el extraño fenómeno.

Cobá y Tulum son los otros dos asentamientos que más visitantes atraen. En el primero, con una extensión de 2.400 metros cuadrados de los que solo se ha excavado una mínima parte, destaca la pirámide de Nohoch Mul, de 45 metros y a la que se puede ascender por una de sus caras. El emplazamiento de Tulum, sobre unos acantilados, convierte a la que fue una de las últimas grandes urbes de la civilización maya en una de las joyas arquitectónicas de este paraíso.

Quien quiera continuar empapándose de una cultura milenaria podrá hacerlo visitando otros asentamientos como Uxmal o Dzibanché o ciudades fundadas tras la colonización, como Mérida o Valladolid.

TIERRA Y MAR

Los amantes de la naturaleza más pura y salvaje también encontrarán en la Riviera Maya muchos rincones en los que disfrutar. A pocos kilómetros de la costa caribeña se extiende el Sistema Arrecifal Mesoamericano, la segunda barrera de coral más grande del mundo tras la australiana, en la que se puede contemplar, ya sea haciendo snorkel o buceo, más de 64 especies de corales, alrededor de 350 de moluscos y más de 500 de peces. Y sin necesidad de alejarse tanto de la costa y armado con unas simples gafas de bucear, uno puede acudir por su propio pie a la playa de Akumal para nadar en sus aguas cristalinas y ver cómo viven en su hábitat natural cientos de tortugas marinas que acuden a este inmenso arenal a diario.

Camino a Isla Mujeres, una pequeña isla de ocho kilómetros de largo situada frente a la costa de Cancún, está el Musa (Museo Subacuático de Arte), un proyecto único que nació para demostrar la coexistencia del arte con la naturaleza y de paso convertirse con el tiempo en un refugio para la vida marina. En la actualidad está compuesto por más de 500 esculturas sumergidas de artistas locales y extranjeros que se ubican en el fondo marino a lo largo de más de 420 metros cuadrados.

Tierra adentro, aunque no demasiado, existen unos lugares únicos en los que se puede sentir en primera persona el poder indomable de la naturaleza: los cenotes. Esta especie de piscinas -las hay subterráneas, a cielo descubierto o semiabiertas- se formaron a lo largo de millones de años por la infiltración del agua de la lluvia a través de la roca caliza del suelo, y se calcula que solo en la península de Yucatán hay alrededor de 3.000, muchos de ellos conectados entre sí a través de complejas redes fluviales subterráneas que llegan hasta el mar. El cenote de Ik-Kil, con 60 metros de diámetro y 40 de profundidad, es uno de los más espectaculares y conocidos, pero otros como el Dos Ojos, Gran Edén, Cristalino o Gran Cenote no le tienen nada que envidiar.

Riviera Maya también ofrece la posibilidad de conocer su gran diversidad de flora y fauna, ya sea con un paseo en barco hasta la isla de Cozumel o recorriendo en Jeep parte de las 35.000 hectáreas de la Reserva de la Biosfera de Siaan Ka’an. En sus marismas y manglares anidan miles de aves autóctonas y migratorias, y además, sirven de hogar para animales exóticos como jaguares, monos araña, flamencos o coatíes.

Con todo lo que ofrece la Riviera Maya, bien merece la pena organizarse y disfrutar tanto del relax que se respira en los complejos hoteleros como del mundo por conocer que se esconde fuera de ellos. Hay tiempo para todo.

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