Fernando Alonso necesita marisco y huevos con angulas


Escribo en la terraza del Náutico de Portosín. La paz, que es el silencio, solo la rompen los niños que van a un cursillo de vela y los operarios que ponen a punto las embarcaciones. Veo en La Voz la fotografía de Fernando Alonso, feliz con su sexto puesto en el Gran Premio de Hungría, su mejor resultado este año. Está claro que lo que el piloto asturiano necesita para conseguir ir más rápido no es cambiar de coche, sino de alimentación. Días antes de exprimir como nunca su monoplaza, se pegó una buena mariscada en el restaurante Río Ulla de A Coruña. Ahí lo tienen con su propietario, Jacinto Souto, un hostelero peculiar que siempre apuesta por productos de primera calidad y que puede presumir de contar con una clientela fiel y selecta. Ese tipo de comensales que asumen que comer en el local de Jacinto no resulta económico pero que merece la pena por su salpicón imponente o por los huevos de casa con angulas que fue, precisamente, uno de los platos con los que más disfrutó Alonso. Como saben, el asturiano vino a Galicia para visitar Inditex, cuyas instalaciones son como una Ibiza industrial. Es casi más fácil encontrar un famoso en la planta de la multinacional en Sabón que en la isla balear. El piloto, que cuenta con una marca de ropa propia, tomó nota de todo y, como suele suceder con todos los que visitan el imperio creado por Amancio Ortega, se quedó con la boca abierta. Una boca que solo cerró para masticar el marisco y los huevos con angulas que le sirvieron horas después. Los ingenieros de McLaren desesperados buscando la manera de mejorar los resultados y resulta que la solución la tenía Jacinto.

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A Fernando Alonso lo llevaron porque es de esos sitios alejado del centro de la ciudad al que no vas si no te lleva alguien. En verano es la época en la que más gente te pregunta eso de ¿sabes algún sitio bueno para comer en…? Fui caminando de Portosín a Noia, un sendero precioso de unos 10 kilómetros, que está bastante mal señalizado y que ni siquiera conocen los lugareños. «¿Pra Noia? Ten que ir pola carretera», contesta un paisano. Con calma logré evitar el asfalto y cruzar triunfal el viejo puente de la capital del berberecho. Al pasar al lado del mercado me acordé de la recomendación de mi médico de cabecera, Santiago Castro, que es de esta localidad. Entré en el bullicioso Mesón Senra, ubicado en un soportal imposible de no reconocer, y pedí empanada de maíz, pulpo y lomo con patatas. Me encantó la comida y el ambiente de mesón de verdad. Al acabar me sentí como Fernando Alonso.

Por Pablo Portabales Periodista

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