José Mota: «Si tuviese que enseñar el culo en una peli no sé yo...»

La sonrisa es su principal compañera de viaje, así que no suele preocuparse. «Es algo autodestructivo», dice. Ahora, el estreno de «Abracadabra» le ha dado esa magia que le faltaba. «Sé lo que supone ser hipnotizado», asegura.

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¡Adivina! Y eso que no somos magos... pero es la alegría que desprende la que nos hace saber que su corazón sonríe día a día. Tan tierno y persistente trata de no ahogarse en las penas nunca. «El humor es el tubo de escape de los humos que nos asfixian a diario», apunta. Y es que este humorista, guionista, actor y director puso su semilla televisiva en la TVG con su compañero y amigo Juan Antonio Muñoz, con quien formaba Cruz y Raya. Sus sketchs le definen tanto y tan bien que han pasado ya a ser su identidad. Pero es que sus trucos de hipnotismo nos sorprenderán también el 4 de agosto con Abracadabra, la nueva película de Pablo Berger. Su camino no deja de abrirse... ¿adónde nos llevará?

-Tu carrera profesional está en un gran momento, ¿no?

-Estoy súper feliz de haber formado parte de Abracadabra, una fábula que nos cuenta y nos relata cosas tan duras como el maltrato. Es una película con muchas capas y el cómo lo cuenta, con esa dulzura, la llena de magia. Pablo Berger lo define como una comedia hipnótica en la que si te relajas y te dejas llevar, es un viaje apasionante. El universo de Pablo es único, verdaderamente es un tipo excepcional.

-¿Qué aporta tu papel a la película?

-Soy el primo de Maribel, una mujer maltratada en el matrimonio, y mi personaje, Pepe, es como su escudero. A pesar de que seamos primos, ella me mola y aunque sea un amor imposible, se deja querer. Soy un poco el pañuelo donde ella ahoga sus lágrimas. Pepe es un personaje con el que enseguida empatizas, cariñoso y débil, pero donde proyecta esa dureza es a través de la hipnosis, el punto de inflexión donde la película rompe y empiezan a ocurrir sorpresas. A partir de aquí empieza la fábula que Pablo nos propone, esa comedia hipnótica en la que debes de tener el deseo de viajar y si entras, es apasionante.

-La vida está llena de cambios y sorpresas... ¡Ahora nos impresionas con tus trucos de hipnotismo!

-De muchísimas sorpresas. Dentro del mundo de la hipnosis, hay un grandísimo desconocimiento. Nosotros mismos la sufrimos cuando, por ejemplo, viajamos de un trayecto a otro y de repente llegas a casa y dices: «¿Por dónde he pasado? ¡No me acuerdo!». Vas tan absorto, tan metido en tus pensamientos, que el exterior que te rodea ni lo recuerdas. A ver.. lo interesante es que cuando viajamos en coche no nos ocurra demasiado [risas]. Tenemos que estar viviendo el momento presente, pero a veces, por problemas, añoranzas y sueños, se nos escapa. Mi maestro fue Jorge Astyaro, que me enseñó lo que supone ser hipnotizado para que mi papel fuera de la manera más realista posible y, la verdad, que es toda una experiencia, un gran viaje de la mente.

-¿Cómo crees que sería la vida sin sentido del humor?

-¡No es posible! El humor es tan necesario como el agua que bebemos. Es el tubo de escape de los humos que nos ahogan a diario, por donde echamos toda la presión. Es como la olla exprés, esa valvulita que tiene arriba que va soltando poco a poco. Sin el sentido del humor sería muy difícil vivir una vida saludable.

-Entonces, la sonrisa va contigo a todas partes...

-¡Pero mujeeer, por favor! Yo no comprendo la vida sin sentido del humor. Ese humor que nos hace recordar que nadie ni casi nada es para tanto, entonces es un equilibrador, un ecualizador que te hace vivir los éxitos y los fracasos con serenidad. Es una herramienta necesaria que tiene el ser humano.

-Veo que tu humor no es postizo...

-¡Mira cómo sabes! El humor forma parte de mí y no solo es exclusividad de los cómicos. Afortunadamente te diría que la soberanía del humor reside en el pueblo, en lo cotidiano, en la rutina.

-Dicen que es de héroes sonreír cuando el corazón sangra, ¿es fácil llevarlo a la práctica?

-Bueno... la vida no solo se compone de humor, tiene mil matices. El humor es como una espita por donde se sueltan tensiones, pero el llorar también desahoga a su manera. Ni riendo todo el día ni llorando toda la noche, del blanco al negro hay muchos tonos, cada cosa ocupa su lugar.

-¿Qué haría José Mota en «La hora» libre?

-Hay momentos en los que no te apetece hacer nada. ¿Qué te crees que, por ejemplo, Carlomagno estuvo todo el tiempo invadiendo? A él también le picaron avispas en el cuello y se dio un guantazo, pero los historiadores omitieron esos párrafos, sabían que le quitaban glamur, ¡Ja, ja, ja! Haber... hay momentos para todo.

-Haberlos, haylos...

-Si te soy sincero, soy un devoracine. Es como la hipnosis [risas], que me meto en la ficción, me la creo y me gusta viajar.

-¿Qué es lo que peor llevas a la hora de caracterizarte?

-Ponerme barbas, no lo soporto. Hasta el punto de que he especializado a Gloria, la chica de maquillaje, que ahora, las que son cortitas, me las pinta. Hay un rechazo a ese algo que no es tuyo.

-Y, ¿lo que no se te ocurriría hacer nunca?

-Mmmm... yo creo que estoy dispuesto a cualquier tema o asunto.

-Entonces, ¿estarías dispuesto a todo?

-Bueno... ¡Ja,ja,ja! Todo, todo es muy amplio. Si la película merece la pena y se me tuviese que ver el culo en una escena... no sé yo, aunque el desnudo solo es un recuerdo del bebé que fuimos.

-¿Te cuesta ponerte serio?

-No, pero intento introducir ese humor siempre. Ahora, cada vez más, trato de ocuparme de las cosas y cada vez menos de preocuparme. Los resultados son mejores si te ocupas que si te preocupas. Me ocupo de algo y en el camino trato de no comerme la cabeza, de no bombardear mi mente con mensajes negativos, es algo autodestructivo.

-Hoy no te preocupas... ¡mañana?

Ja, ja, ja! Ni hoy ni mañana. El mañana depende del hoy y si hoy no me preocupo, mañana tampoco [risas].

-¿Hay algo que te dé mucho la vara?

-La sobradez, la prepotencia, la tontería. Es verdad que en las artes escénicas están los egos puestos en el escaparate, por lo que es muy fácil que el veneno del ego te pique.

-¿Cómo es tu relación con Juan Antonio Muñoz?

-Realmente buena. Hubo momentos peores, mejores, pero nunca fue mala. Cuando nos separamos fue porque teníamos muchas diferencias en cuanto a cómo veíamos el trabajo cada uno. Siempre hemos mantenido una buena amistad, Juan es una gran persona. Somos distintos pero, también eso conformó gran parte del éxito que tuvimos en Cruz y Raya. Han pesado mucho más los buenos momentos.

-¿Tendrás algún huequito libre para darte unas vacaciones?

-Este mes voy a estar de promoción de Abracadabra con Pablo, estoy encantado y a la vez preparando el Especial de Nochevieja, así que tengo varias cosas ahí en mente, poco a poco.

-Pasito a pasito...

-Oye, que los pasitos nos unen. ¡Ja, ja, ja! Cuando vaya a actuar en A Coruña espero que vengas al teatro. Tenemos previsto terminar y hacer una ruta por toda España. Además, siempre me hace mucha ilusión ir a Galicia. Mi compañero Juan y yo empezamos en la TVG, en el programa Viva o domingo y en Arestora.

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