Y tú creyendo que sabes perfumarte...

SEGURO QUE NO TIENES NI IDEA O que cometes, al menos, dos de los errores que vas a descubrir en esta página. Entérate de qué partes del cuerpo debes perfumar, pero también de cuáles no. Si quieres dejar rastro, tienes que darle fragancia a esas zonas escondidas... Y sin ropa.

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Como la mayoría de los mortales, seguro que tu ritual higiénico empieza en la ducha. Te secas, te peinas, te vistes y te echas perfume en el baño. Error. El perfume no se aplica en ese momento ni tiene que estar en el baño.

Para más inri, serás de los que echan un par de flis flis más en la ropa, por eso de oler un poquito mejor. Muy mal hecho.

Y si llevas escote, seguro que te vienes arriba y eres capaz de tirar de fragancia canalillo a través. Que no, que esto no va así. Ahora vas a aprender cómo aplicar esa fragancia a la que nunca quieres dejar de oler. El primer error es esperar tanto. Según sales de la ducha y te secas lo gordo, échatela. Si la piel todavía está ligeramente húmeda, mejor. El primer mandamiento para impregnarse del olor es estar desnudo y húmedo. Sigamos. Vamos al dónde. Con todo el cuerpo a nuestra disposición, es más fácil llegar a zonas a las que vestido jamás llegarías. Y los mejores puntos para perfumar son los de pulsión: el cuello, el área cercana al corazón, las muñecas. Ojo con las muñecas, porque seguro que tú también tienes el tic de frotarlas. Y en La Botica de Los Perfumes nos dicen que si es así, no lo vuelvas a hacer. Lo único que consigues con esa fricción es romper la estructura de la fragancia, que está hecha a base de tres tipos de notas: de salida, primer olor; de corazón, la mezcla que compone la ‘familia olfativa’, que puede ser floral o cítrica, por ejemplo; y de fondo, los tonos más persistentes, que pueden durar hasta 24 horas. Cada una de estas notas cumple su función en un tiempo determinado, por lo que frotarlas solo consigue alterarlo.

Pero sigamos el recorrido corporal hacia otras zonas que seguro que no se te ha ocurrido perfumar jamás. Si quieres dejar rastro a tu paso, no te olvides de perfumar la cara interna de los codos para que cada movimiento deje huella. Lo mismo con la parte trasera de las rodillas, para dejar detrás de ti un sendero de fragancia. Otra clave es pulverizar por detrás de las orejas. ¿Por qué? Pues porque cualquiera que se acerque a ti para darte dos besos se separará con ganas de más... aroma, claro. Donde no hay que echárselo es en el pelo para evitarnos reacciones alérgicas en el cuero cabelludo, ni sobre joyas de bisutería.

SUPERA TUS TICS

Si también tienes el tic de agitar el perfume antes de usarlo, estás volviendo a meter la pata porque ya viene perfectamente integrado, por lo que dándole ese meneo solo harás que se llene de aire y que se altere su composición. Cuanto más reposado esté, mejor. Y también mejor cuanto más lejos lo guardes del baño, porque el vapor y la humedad de cada ducha dañará su composición y podrá llegar incluso a estropearse. Ahora que ya aprendimos a perfumarnos, toca saber a qué olemos en verano. Pues bien, La Botica de los Perfumes nos cuenta que para los días de calor, lo mejor es elegir notas frutales o florales, «suelen ser mucho más refrescantes», aseguran. Otros de los aromas más repetido en las fragancias estivales son los cítricos, porque no solo refrescan, sino que también relajan. La manzana, el limón, la lima o el té verde son algunos de los componentes más frecuentes. ¿Y por la noche si vamos de cena después de la playa? «Las noches de verano acompañan más si se utilizan perfumes con base de jazmín, lavanda, rosas y otras combinaciones con notas florales. También triunfan los aromas de flores orientales, con vainilla e iris». Ahora que si te gustan las fragancias más intensas y dulces, tendrás que darte a las frutales. Frutos rojos, coco o piña son de los más utilizados en el verano.

Por mucho que lo busques no existe un aroma perfecto, pero sí uno que será perfecto para ti. Y ahora que has aprendido a echártelo, olerá más y mejor. Recuerda, primer mandamiento: desnudo y húmedo. Lo que viene después, ya te lo sabes.

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