«Mis hijos, mi mujer y yo hemos estado 15 meses de viaje»

Andoni, Meritxell y los niños, Unai y Amaia. El padre ha dado más de tres veces la vuelta al mundo y los niños conocen cerca de 20 países. Como dice la canción: «Su mundo es otro».


Cada vez que oigan a alguien decir eso de «viajar con niños es imposible» o «¡cómo voy a irme lejos con estos pequeñajos!» acuérdense de ellos, de esta familia «casi» nómada que es capaz de llevar su vida a cuestas moviéndose de país en país. Ellos lo hacen muy fácil, claro, porque es su forma de ser. Les presento al padre, Andoni; a la madre; Meritxell, y a los niños, Unai (de 13 años) y Amaia (de 7). El padre es fotógrafo especializado en periodismo ambiental y hace unos años dirigió el documental El viaje de Unai, candidato al Goya en el 2016, donde narró la experiencia de haber viajado durante 15 meses seguidos con su familia. Ese Espíritu Salvaje le ha dado nombre a otro proyecto televisivo, que ahora Cuatro estrena, en donde podemos comprobar como espectadores cómo es una vida prácticamente nómada, con el fin último de concienciar a la gente de cómo está sufriendo el planeta: animales en peligro de extinción, deforestación, el deshielo del Ártico... «En esta ocasión hemos hecho siete viajes de casi tres semanas cada uno, pero la primera vez que nos marchamos juntos fueron 15 meses seguidos fuera, Unai tenía 9 años y volvió con 10 y medio», dice Andoni. 

¿Qué ha sido lo más apasionante? «Yo siempre me quedo con la parte positiva de conocer y disfrutar y creo que los niños ya lo viven con esa naturalidad, que no significa que eso le quite emoción, pero como siempre han viajado mucho lo ven más normal». Andoni ha dado varias vueltas al mundo, y los niños al menos una ya. «Creo que conocen unos 15 o 20 países, pero como todos los niños tienen sus momentos, no vamos a decir que todo es idílico, pero no hemos corrido ningún riesgo “real”, aunque sí potencial». ¿Por ejemplo? «Ver de cerca un escorpión y tomar ciertas precauciones, claro: mirar los zapatos antes de ponértelos; con los tigres, los leones y los osos es mejor no aventurarse a caminar cerca de ellos; poner la tienda cerca del coche por si hay que salir corriendo...». Andoni lo cuenta con esa tranquilidad del viajero experimentado, por eso le digo que desde una visión acomodada cómo le suena eso de que no se puede viajar con niños. «A veces la gente se estresa porque quiere ver mucho en pocos días y andar cambiando y corriendo no es lo mejor. A mí me gusta al menos tener una base desde la que moverme, y me parece que no es lo mismo irte con los niños a una casa rural en el Pirineo o en Australia desde donde puedas después hacer excursiones y amigos, y cierta calma. Los niños eso lo agradecen». ¿Qué país os ha gustado más? «Yo me quedo con Alaska, y siempre que podemos volvemos a África: a Namibia y a Botsuana hemos ido tres veces los cuatro juntos. A mi mujer y a mi hija le encanta Australia; y Unai se queda con Groenlandia y el Yucatán, en México».

Con estas idas y venidas, la pregunta es cómo se las han arreglado también con el colegio. Unai acaba de aprobar primero de la ESO gracias a que en este segundo gran viaje de siete meses han estado yendo y viniendo, además de aprovechar los tres meses de vacaciones del pasado verano. «Intentamos que las estancias en Bañolas, donde vivimos, coincidieran con períodos de examen, pero él se ha encargado con nuestra ayuda de llevar al día las asignaturas de Lengua, Mate... Y Amaia igual. Todos los días le dedicaron un ratito a sus tareas». Días en los que han estado a 50 grados en la India (solo podían salir de noche), a veces esperando horas para hacer la foto perfecta, cocinar en hornillo, dormir en tienda casi siempre, escalar montañas, deslumbrarse con las jirafas, los rinocerontes, el oso Grizzly, bucear en las Galápagos del Caribe con las tortugas, convivir con los granjeros del Parque Nacional Flinders Ranges en el sur de Australia... «Cuando te acostumbras a lo básico, lo básico es calentar la comida y dormir: el resto es una aventura», dice Andoni. ¿Y los amigos? ¿La familia? «Los niños se han perdido algún cumpleaños y han hablado con sus amigos cuando han podido por Skype, y con los íntimos, pero también han hecho otros: Unai ha dejado uno grandísimo en Patagonia, y nosotros ahora hemos vuelto a vernos con personas a las que hacía cuatro años que no veíamos. Viajar también sirve para eso», concluye, mientras me apunta su próximo destino, porque como se pueden imaginar, ahora mismo Andoni, Unai, Meritxell y Amaia no están aquí. Les doy una pista: el continente empieza por A y acaba por A. Al sur, donde arrancó la vida.

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«Mis hijos, mi mujer y yo hemos estado 15 meses de viaje»