«Nunca me formé porque tenía trabajo, aunque suene a chulería»

Resines, al que siempre recordaremos por «Los Serrano», ha mirado hacia atrás para contarnos su vida. En sus memorias, el que fue presidente de la Academia de Cine entre el 2015 y el 2016, rememora una vida al lado de grandes actores y anécdotas del back stage.

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Con 40 años de profesión y más de cien películas como La buena Estrella, que le dio en 1997 al Goya al mejor actor, Antonio Resines (Torrelavega, 1954) recopila en Pa´habernos matao, a modo de biofilmografia, planos desconocidos y revelaciones, como su vida de lesión en lesión. «Me he roto todos los huesos del cuerpo y varias veces», dice con su típica gracia este hincha del Real Madrid que inició su carrera en los 80 acompañado de sus compañeros de facultad y hoy grandes del cine como Fernando Trueba, Fernando Colomo, Carlos Boyero y Juan Molina. Su punto de encuentro era la Academia del Yucatán, una cafetería donde quedaban para maquinar proyectos y «partirnos de risa». De ahí salió un Resines productor que se convirtió en actor por casualidad con Opera prima, sin parar ya de trabajar (La niña de tus ojos, La caja 507, Amanece que no es poco…) y con alguna desilusión como La Reina de España o i-Family, o sustos como su cáncer colorrectal y una angina de pecho que «no me harán parar».

-En tus memorias hay revelaciones importantes como el atentado a tu exsuegro, presidente de la Audiencia Nacional. ¿Tuvo consecuencias en tu vida?

-Sí, una parte de la familia se destrozó porque todo funcionaba alrededor de él, y eso trajo consecuencias para sus hijos, sus nietos, mi exmujer y nosotros, porque un atentado así te descoloca para toda la vida. Igualmente, es imposible no estar sensibilizado con el terrorismo que sufrimos de ETA. En el libro, he encontrado el momento de contarlo porque ha tenido que ver con una época muy importante de mi vida.

-También tu cáncer colorrectal sale a flote. ¿Te va a mantener esto más alejado de las pantallas?

-Cuando me descubrieron el cáncer y luego la angina de pecho y me operaron en enero del 2015, en marzo ya estaba otra vez trabajando y luego me presenté a las elecciones de la Academia de Cine, porque me encontraba igual de bien que ahora. No bajé el ritmo entonces y no lo voy a bajar ahora. Pero no me conviene alterarme porque tengo un problema cardíaco.

-¿Y no estás haciendo meditación o mindfulness para relajarte, ahora que está de moda?

-Yo no he sabido relajarme en mi puta vida, vamos. A mí esas cosas me aburren, me duermo (risas).

-A ti la lentitud no te va, vamos.

-No, es una cosa que me pone de los nervios.

-Y otra revelación es sobre las decenas de veces que te has roto y recompuesto. ¡Pa´haberte matao!

-Yo me he roto todos los huesos del cuerpo, y varias veces. Me he roto la cabeza, la cadera, el fémur (tengo placas en la pierna izquierda, y me han operado de menisco, tibia, peroné, tengo una prótesis en la rodilla izquierda... Pero si no me hubiera caído de la última moto, no me hubiera enterado de lo del cáncer.

-Doble susto, entonces.

-Sí, por eso los hombres deben hacerse revisiones periódicas, como hacéis las mujeres, porque no pasa nada y si te cogen a tiempo, te salvan la vida. O no, pero mejor saberlo antes de que lo tengas extendido. Las colonoscopias se deberían institucionalizar, como sí estaban previstas antes de los recortes.

-¿Pitas en los aeropuertos cuando tienes que pasar los controles?

-Sí, pito, y en algunos más. Depende de cómo pongan el volumen. En Barcelona y en Estados Unidos, pito.

-¿Te has mirado el karma, por eso de accidentarte tanto?

-¿El karma? No, no. ¿Qué es eso? Yo es que soy de Torrelavega ¿sabes? (risas)

-En la vida también le has echado un poco de cara, como cuando robasteis una moto y hacíais «simpas».

-Sí, sí, sí. Teníamos 20 años cuando hicimos los simpas. Algunas veces nos pillaron, pero no lo hemos hecho tantas. Es que teníamos un hambre de cojones. Era una época un poco destroyer contra el poder establecido, al que sin embargo nos gustaba acceder, solo que no teníamos un puto duro. Yo quería vivir como los que tenían dinero, que tenían moto, y yo no. Pero el delito ha prescrito, no te creas (risas).

-Tú trabajando te lo has pasado en grande. ¿Actuar es jugar?

-Sí, y tiene que ser así. De hecho en inglés y en francés, actuar y jugar son la misma palabra: play y jouer. Es como ser un niño y jugar a ser otra persona, pero te pagan. Esto se puede estudiar, pero si te sale de motu propio, mejor. Yo me lo he tomado con toda la responsabilidad del mundo y con la preocupación necesaria ante papeles más dificultosos que exigen más concentración, pero siempre me lo he tomado como un juego, porque desde el principio fue un juego.

-¿Y nunca te ha picado el gusanillo de hacer algún curso?

-Nunca decidí formarme porque tenía trabajo, aunque suene a chulería. Solo fui a unas clases de vocalización para mi primera obra de teatro. Yo he tenido la suerte de trabajar con muchos de los mejores actores de España. Así que no es que no haya ido a ninguna escuela de interpretación, sino que un rodaje con ellos ha valido más que ir a ciertas escuelas.

-¿Tenemos mejor cine de lo que pensamos?

-Seguro, siempre ha sido así. Las campañas absurdas contra el cine español vienen siempre de un sector ideológico, pero los hechos están ahí y la gente no es tonta. Y en este país en el cine hay gente tan buena como en otros sectores.

-¿Por qué papel crees que pasarás a la historia?

-Yo creo que tengo siete u ocho películas muy buenas que la gente conoce y se han convertido en clásicos: Opera Prima, La vida alegre, Orquesta Club Virginia, La buena estrella, La niña de tus ojos y Amanece que no es poco. No es mérito mío, yo solo he tenido la buena suerte de hacerlas.

-Tus memorias son el anecdotario perfecto que todos queremos escuchar de un actor.

-Sí, la editorial me propuso hacer una historia del tipo El mundo según Garp, pero en versión El mundo según Resines, y salió una mezcla, una biofilmografía con una pequeña entrada que es mi infancia y juventud, pero ya enseguida empezamos con el cine, porque mis amigos y yo desde los 17 ya estábamos empezando a hacer cine.

-Recuerdas el cocido que te hizo Juan Echanove en un rodaje en Marruecos como «el día más feliz de tu vida», nada más y nada menos.

-Sí, no sé cómo se las apañó para conseguir chorizo en Tánger, y eso que si te pillan comiendo algo del cerdo te pueden pegar un tiro. Pero nos pusimos las botas…

-En tus memorias sales bien retratado, como esa fidelidad a tus amigos.

-Dice de mí y de ellos. En general conservo a todos, pero sobre todo a los amigos de la facultad, como Fernando Trueba, que tenía muy claro desde los 14 años que quería ser director de cine. Ha sido una amistad muy basada en el cine. Y aunque yo no trabajé siempre con él, estoy muy pendiente de lo que hace porque siempre ha sido muy pionero, muy avanzado, muy arriesgado.

-¿Cuánto dinero perdiste por el boicot a «La reina de España»?

-No puedo decir la cantidad, pero mucho dinero, y un centenar más tenían participaciones. No todos eran actores, sino empresas como Antena 3, Universal, y productores privados que confiaban en el proyecto y en Fernando. Era una película de 10 u 11 millones de euros y solo recaudamos uno y medio. Por eso me extraña mucho que tantos nos hayamos equivocado. No me creo que esto venga solo de un tuit.

-¿La gente se va a seguir tomando siempre esta revancha con Trueba?

-No lo sé, espero que no. Pero una de las razones por las que Fernando prologa mi libro es para reivindicar su persona, porque Fernando es de primera categoría.

-¿Quién es el actor que más te ha hecho reír?

-Varios, Bonilla y Segura trabajando son imposibles. Además les encanta putearme. Y al verlos, muchos. Los cómicos españoles son muy buenos.

-¿Ha habido en algún momento una simbiosis con el Resines actor?

-Físicamente me parezco un huevo y hablo parecido (risas). Pero porque son personajes que exigen eso: son de mi edad, de mi época y de mis características. Y luego sí es verdad que todos llevamos una impronta y siempre se nos cuelan cosas que sí son propias.

-Ya no lo llevas, pero ¿por qué tu bigote?

-En esa época se llevaba. Al principio era pequeño, pero luego empezó a crecer desmesuradamente. Y como desde la primera película me lo pedían, rodaba y luego me lo quitaba.

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