¿Amamos más a través de las redes sociales?

LOS PSICÓLOGOS han empezado a estudiar por qué parece más fácil para las personas expresar sus sentimientos en Facebook o Instagram que cara a cara. Y han bautizado el fenómeno como «self-disclosure», el hábito de revelar las cosas privadas de uno mismo.


Facebook está trufado de declaraciones de amor: entre parejas, a una madre o un hermano, al amigo que se fue antes de tiempo... La cantidad de emociones, buenas y malas, que inundan las redes sociales resulta tan llamativa que los psicólogos han empezado a investigar por qué las personas se abren con tanta facilidad ante un ordenador o un smartphone en contraste con el cara a cara. En Estados Unidos han bautizado este fenómeno como self-disclosure, el hábito de revelar las cosas privadas de uno mismo (sentimientos, miedos, aspiraciones...) a través de estas plataformas. Pero... ¿Es real o es una ilusión? ¿Fluye el amor desatado por las redes sociales?

Manuel Fernández Blanco, psicoanalista y psicólogo clínico del Servicio de Psiquiatría del Chuac, alude a lo nuevo y a lo viejo al analizar este fenómeno. Lo nuevo es el contexto: las redes sociales, un territorio virtual que ha introducido un nuevo paradigma en la sociedad. «Hasta no hace mucho se pensaba que para vivir feliz había que cuidar la privacidad. Ahora, la cultura del secreto ha caído en desgracia y en su lugar ha aparecido la tiranía de la transparencia».

Fernández Blanco cree que este «empuje» a publicar en FB o Instagram no es en absoluto inocente. Y recurre a varias citas para argumentarlo. Una de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook: «Hay que romper el lazo entre lo secreto y lo íntimo, porque ese lazo es una herencia obsoleta del pasado». Y otra, más reveladora, de Eric Smith, CEO de Google: «La preocupación por preservar la vida privada ya no es una realidad más que para los criminales».

Esta cultura del exhibicionismo es lo nuevo. Lo viejo, en su opinión, es la plasmación material de los sentimientos. Sostiene el psicoanalista que a los hombres siempre se les ha hecho cuesta arriba expresar sus emociones presencialmente porque están «casados con su pensamiento» y no digieren demasiado bien que se cuestionen sus percepciones, por lo que el papel ha sido un vehículo de expresión recurrente. Los sentimientos masculinos en redes sociales, por tanto, serían una suerte de cartas de amor posmodernas.

En el caso femenino, alude al vínculo que la mujer tiene con la soledad, a su necesidad en definitiva de dialogar con ella misma. El clásico diario, «ya sea físico o no» -precisa-, trasladado a estas plataformas virtuales. En cualquier caso, Fernández Blanco admite que el fondo, esos sentimientos masculinos y femeninos, se ha visto alterado por las formas, este nuevo contexto en forma de redes sociales que han elevado a lo público lo que antes se quedaba en territorio íntimo.

El psicólogo pontevedrés Roberto Antón introduce en esta ecuación la variable del miedo. Según su tesis, a la hora de expresar sentimientos cara a cara, surge con frecuencia un temor a la reacción del interlocutor. «A través de las redes sociales -razona-, este miedo se difumina y por lo tanto puede haber mayor facilidad para contar cosas íntimas».

Antón coincide en que la sobreexposición generada por estos escenarios virtuales es «absoluta» y pone en cuarentena muchos de los contenidos que se comparten: «En las redes hay una vida ideal ficticia, solo se cuenta lo que te gustaría que se conozca de ti y lo negativo se oculta, por lo que hay que tomar cierta distancia».

El psicólogo advierte en todo caso que ya ha empezado a constatar un movimiento refractario a estas plataformas, precisamente por esa especie de obligación permanente a compartir vivencias. «Cada vez detecto a más personas que, tras un tiempo activas, ahora se declaran de alguna forma insumisas de las redes sociales».

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