Michelle, no cojas ese «paquete bomba»

PARECÍA UN REGALO ENVENENADO por la reacción de Michelle Obama quien, saltándose su naturalidad, no supo qué hacer con él. ¿Por qué tantos aspavientos? Todo apunta a la evidencia: la incomodidad de Michelle con los Trump.

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Podemos pasar de largo y dejar que la anécdota discurra sin más o podemos pararnos y analizar con minuciosidad uno de los momentos más significativos del relevo en la Casa Blanca: el instante en que Melania Trump sale del coche para darle a Michelle Obama lo que ya ha resultado ser un «regalo envenenado». Un paquete bomba que desarmó a la aún primera dama hasta el punto de que revolvió a la Michelle impecable, a la Michelle perfecta, a la Michelle encantadora, a la Michelle empática provocando la desazón de todos los que en esos segundos la miraban. «¡Suelta ese maldito paquete, Michelle!» es más o menos lo que debió pensar su marido, cuando en un gesto cortés, se acercó a ella para rescatarla de una incertidumbre que alarmaba también a este lado del Atlántico. ¿Qué le ha pasado a Michelle de repente? ¿Por qué no sabe qué hacer si siempre sabe qué hacer? Esas preguntas tienen varias respuestas y varias interpretaciones que resaltan un gran fallo de protocolo, según Mar Castro, experta en estas cuestiones, porque si fuera la primera vez que una primera dama lleva un regalo podría pasar, pero no, no, no fue así ni mucho menos.

UN ASISTENTE, POR FAVOR

Michelle lo había hecho primero cuando en un gesto original decidió por su cuenta y riesgo llevarle a Laura Bush un regalo en mano. Tal vez por eso lo previsible es que un asistente «esa persona que buscaba con desesperación Michelle Obama» estuviera atento a ese detalle para recoger el agasajo, pero no fue así. Y frente a la naturalidad de Laura Bush que aceptó el regalo y tuvo la delicadeza de esconderlo detrás de Obama para la foto oficial, Michelle se deshizo en aspavientos. ¿Por qué?

Para Olga Casal, profesora de Protocolo de la Universidade da Coruña, lo evidente es que esos minutos de recepción no son en absoluto los adecuados para dar ningún detalle, «es como si tú te acercas a una novia a darle un regalo al salir de la ceremonia cuando está vestida con el velo, las flores...» . De la misma opinión es Mar Castro, que achaca a Michelle ese primer fallo cuando decidió entregárselo a Laura Bush, «sentó precedente, pero yo creo que lo que realmente le molestó de Melania fue que también la copiara en eso y puso en evidencia algo que va más allá del regalo: Michelle estaba incómoda». «Su reacción me sorprendió, porque ella domina la escena con naturalidad, pero creo que de alguna manera eso también la humaniza. Es cierto que no es lo adecuado, que uno debe tener autocontrol, pero hizo evidente esa incomodidad y se delató», apunta Mar. Quien sin embargo, no disculpa en absoluto a Donald Trump cuando al salir del coche ni siquiera mira a su mujer, a la que deja detrás con desinterés.

«Trump se comporta como un patán haciendo ver que todo le da igual, él solo sigue el mantra de ‘yo, yo y primero yo’ y eso provoca también que veamos a Melania como un mero adorno, un adorno hermosísimo, pero un adorno». Tanto Mar como Olga juzgan el look y el comportamiento general de la nueva primera dama como impecable, pero no así el de su marido. «Un hombre debe llevar siempre la chaqueta del traje abrochada dejando suelto el último botón y por supuesto el abrigo también cerrado, además esa corbata roja es estridente y le da un toque de agresividad, ¡y le volaba!», apunta Olga. «Lo que está claro es que Michelle -continúa Mar- ha tenido un papel activo y Melania representa un papel pasivo, figurativo, perfectamente comprensible si partimos de que a ella no la eligió nadie, pero ha imitado a Michelle una vez más con el regalo. El hecho de que se viera que era de Tiffany también denota una falta de cuidado por la publicidad enorme que puede evidenciar también favores». De lo que no hay duda es de que lo mejor desde el punto de vista del protocolo es dar los obsequios en privado y no delante de las cámaras en el instante de la foto. «Michelle se equivocó la primera vez, pero como Laura Bush reaccionó bien no hubo ninguna crítica ni ningún comentario, a ella le hubiera correspondido hacer lo mismo con Melania. Ahora sabemos que, consciente o no, no quiso».

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