«Digo mucho esa frase de Escarlata O'Hara: Ya lo pensaré mañana»

Es emocional, intuitiva y fan del número 13. «Me ha dado suerte en la vida», revela. Dice que nunca ve el día negro y ha llegado volando a su boda. Paracaidista por amor, Macarena Gómez nos recibe en cartel con «249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla».


No es una it girl, dirá. Pero sus momentos Goya son tendencia. «No soy una obsesionada de la moda, pero he ido aprendiendo, mi profesión me ha hecho aprender. Y más que eso, aprendo de mi marido [Aldo Comas]. Él tiene un estilo innato». A Macarena Gómez (Córdoba, 1978) la tenemos de vecina, la hemos visto de bruja, de neurótica, de serial killer, de mujer pulpo y de yonqui mellada. La actriz que se codea con los Casiraghi lo cuenta todo como le gusta, «de película».

-En cartel con «249. La noche en que una becaria encontró a Emiliano Revilla». Volvemos al 30 de octubre de 1988. ¿Qué no sabemos sobre esa noche?

-Yo conocía la noticia del secuestro de Revilla, pero no tenía información del hecho de que había sido la becaria, que hacía guardia por casualidad, la que se lo encontró. Desconocía que Revilla, para que nadie se enterara de que lo habían liberado, subió por la cochera para que la policía no lo viese llegar a casa. Esto me parece interesante. Porque todos somos un poco cotillas, de «Pero dime, dime cómo fue, cuéntame...».

-Somos todo preguntas.

-A mi padre siempre le digo: «Cuéntame, pero cuéntamelo de película».

-El cine se preocupa por que la verdad dé bien en camara, ¿no?

-Las películas son otra forma de contar la verdad, esta es así. En plan «pues iba yo por la calle paseando y en la esquina de tal calle con tal me encontré con Pepita»...

-Factor suerte, ¿decisivo?

-El esfuerzo es importantísimo. Así se consiguen las cosas en la vida. Cuando me dicen: «Qué bien te va, Macarena», digo: «¡Es que yo he trabajado mucho!». Yo me levanto a las cinco o seis de la mañana todos los días. Y el fin de semana me invento el trabajo. Hago cortos, hago tráilers, videoclips... Aunque la suerte es un factor importante. Yo puedo haber tenido la suerte de estar en un estreno y cruzarme con un director que ha dicho: «Esta es la chica que necesito». Quizá el día del estreno estoy muy cansada y no me apetece ir, pero voy, porque es parte de mi trabajo.

-La periodista María José Sáez, la becaria que se encontró a Revilla, dice que fue un pálpito. ¿Eres de pálpitos?

-Soy muy intuitiva. A la hora de crear personajes. Y con la gente.

-¿Pero has sentido alguna vez que algo iba a pasar y ha pasado? Marian Álvarez nos confesó una vez que suele presentir las cosas buenas.

-¡Qué maravilla! Yo al revés, presiento más las cosas malas.

-Nos hiciste temblar con «Musarañas». ¿Qué te da miedo? ¿Eres de las que miran debajo de la cama?

-Me dan miedo las arañas y las serpientes... pero tengo un miedo más real. Es el miedo a perder a la gente a la que amo. ¿Y a ti no te ha pasado nunca que empiezas una amistad sabiendo que va a acabar mal?

-No. Me pilla por sorpresa.

-Pues a mí me ha pasado muchísimo. Tengo miedo a que la gente que quiero me decepcione. Con el paso del tiempo cada vez desconfío más.

-Eres fan del número 13. ¿Casualidad o provocación?

-Yo siempre fui el 13 en el colegio, mi primera casa en Córdoba es el número 13... es un número que me ha acompañado mucho y dado suerte en la vida.

-Has dicho que te gustaría despedirte así: «Murió feliz como vivió».

-Yo soy feliz desde que nací, muy feliz. Recuerdo cuando estudié en Inglaterra que mis compañeros me decían para ser un buen actor debías haber tenido una infancia difícil. ¡Qué chorrada!, pensaba yo. Yo he tenido una de las infancias más felices posibles. Yo tan contenta con mis clases de ballet, con mis amigos. Creo que no supe lo que era estar triste hasta que cumplí los 18 años.

-¿Qué pasó a los 18?

-Me fui por primera vez de casa y empecé a sentir lo que era la tristeza. Cuando te haces mayor empiezas a tener problemas, pero yo aún soy feliz. Es mi objetivo en la vida.

-¿La felicidad es una actitud?

-Cuando me levanto nunca veo el día negro.

-Te conocemos sobre todo por Lola Reynolds en «La que se avecina». ¿Qué tenéis en común?

-Como Lola, yo soy descarada y vivaracha.

-¿Tienes la misma relación con tu madre que Lola con la suya?

-¡Para nada! En absoluto. Mis padres son dos figuras cruciales en mi vida. Para mí los padres tienen que interpretar el papel de padres, no de colegas. Mis padres son Mis-Padres.

-¿Hay que marcar distancias con los más próximos?

-Yo no veo sanas las relaciones de coleguismo entre padres e hijos.

-Lo que más vértigo te da es el teatro, has confesado. ¿Por qué?

-Porque realmente es donde menos experiencia tengo, me han ofrecido pocas obras y es donde más insegura me siento. Como siempre he hecho teatro con gente con más experiencia, no he podido evitar sentirme culpada. Mi vértigo viene por la inseguridad, por el miedo a que me juzguen, a que digan: «Esta es de la tele».

-Te defines como agorafóbica, bruja vasca, «serial killer»... Ahí están tus personajes. ¿Cómo eres en realidad?

-¡Me encantaría que me definiera alguien!

-A ver si es capaz...

-Soy una persona extrovertida, muy empática, muy muy muy empática, y muy susceptible.

-¿Es tan fácil ofenderte?

-Mmmm... sí, sí. Y quizá soy de apariencia fría, pero soy muy emocional. Extremadamente emocional. Pero la gente que me conoce me dice: «Tienes como una especie de coraza».

-¿Caparazón defensivo?

-Sí, pero no es premeditado ni voluntario. Ni siquiera soy consciente, pero lo percibe la gente de alrededor.

-Te has hecho paracaidista por amor. ¡Nunca había visto a nadie llegar a su boda en paracaídas!

-Ah, bueno... Es que mi marido es paracaidista y quería hacer algo divertido. Muchos de nuestros invitados eran paracaidistas. Desde el primer momento quise hacer algo original.

-Te ha marcado Escarlata O’Hara. ¿Has dicho mucho eso de «Ya lo pensaré mañana. Mañana será otro día»?

-Es mi frase favorita. Cuando estoy muy cansada y el día ha sido largo, y al día siguiente me levanto a las cinco o las seis, si me preguntan algo digo: «Ay... ¡ya lo pensaré mañana!», jajaja.

-¿Cuál es tu tara?

-Siempre me ha quedado un poquito la tristeza de no haber sido bailarina.

-¿Actriz de casualidad?

-¡No, no! Yo veía a Escarlata O’Hara y quería ser igual. Luego cuando vi a Daniel Day-Lewis en El último Mohicano me quedé... me enamoré perdidamente.

-¿Con quién quieres trabajar ya?

-Con Woody Allen.

-¿Qué te ha parecido la última?

-Café Society me gustó mucho, todo me era un poco... conocido.

-¿No eres más de «Annie Hall» o de «Hannah y sus hermanas»?

-Nunca vuelvo a ver una película. La única, Titanic. Y las mías nunca me las pongo. Solo las veo en el estreno.

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