Pepa Aniorte: «Yo, que jamás me había puesto perlas, le he cogido el gusto»

Interpreta a Carmen Polo en «Lo que escondían sus ojos» y asegura que lo más complicado de este papel ha sido mantener la postura tan erguida y entender al personaje. «Entre Franco y ella la confianza era brutal», apunta Pepa Aniorte.


Pepa Aniorte (Orihuela, 1976) está encantada con el papel de Carmen Polo por el reto que ha supuesto para ella abandonar la comedia para adentrarse en un perfil tan duro y distante como la esposa de Franco. Un trabajo que el público ha aplaudido con entusiasmo, al igual que el de su compañero de reparto, Javier Gutiérrez, que interpreta a Franco. «El primer día de rodaje ya le dije: ‘Hoy hace diez años que estamos casados, porque justo se cumplían de nuestra primera vez como pareja en Los Serrano». Ella, que ha sido también Catalina en Águila Roja, se ha convertido en una imprescindible en televisión.

-¿Cómo ha sido la experiencia de interpretar a Carmen Polo?

-Fantástica, porque es una apuesta y una valentía por parte de la productora darme un personaje como Carmen Polo cuando yo estaba más encasillada en la comedia. He estado muy a gusto, es un personaje que me ha encantado interpretar.

-¿Qué fue lo más complicado a la hora de representarla?

-La postura, que era muy erguida, y meterme en la psicología del personaje. Una mujer que acompaña a la persona que ejerce todo el poder de un país, con esa autoridad que tenía Franco...

-¿Encontrarle el lado humano?

-Sí, cómo te sentirías tú si tuvieras que estar al lado de esa figura y cómo te sentarían las cosas de fuera, los comentarios, los cotilleos.

-Un personaje, además, tan distante.

-Claro. Los compañeros de maquillaje y peluquería hacen el 50% de ese personaje. A mí me costó más la otra parte, la psicológica.

-¿Cuánto tiempo hacía que no te ponías perlas?

-¡Yo no me había puesto perlas en la vida! [Risas] Yo nunca he sido de perlas, aunque te puedo asegurar que ahora le he cogido el gusto. No como para ir atracando joyerías, pero casi. Favorecen.

-¿Tuviste que mantenerte distante físicamente con Franco, en la intimidad?

-Sí que es verdad que por lo que he leído no eran personas muy disfrutonas, no comían opíparamente, no eran personas gustosas, pero entre ellos había una confianza brutal, se conocían muy bien, llevaban muchos años casados, y solo con la mirada, o la manera de hablar, se entendían. Creo que Franco le consentía a su mujer decirle todo, aunque él tomara sus decisiones políticas. Pero Carmen Polo le decía todo. Que influyera más o menos, pues dependería, pero ella no le temía. Ella no se perdía nada, en algunas recepciones en las que debería haber dejado solo a Franco ella aparecía, lo que obligaba a otras mujeres de ministros a asistir.

-Dentro de la enorme, enorme distancia que tienes con el personaje, ¿en qué punto dices ‘me reconozco algo’? Aunque sea en las perlas [risas].

-Yo sí te tengo que decir que cuando abordo un personaje necesito enamorarme de él. Ver sus puntos también positivos para poder abordarlo y disculparlo. Con Carmen la parte que me ha tocado es la más doméstica, entonces yo la entiendo. He entendido que como primera dama ella tuviese que estar muy pendiente de lo que se decía a nivel social, a lo mejor eran cosas que a Franco no le llegaban. Ella se dedicaba a eso, a lo social, al protocolo... En esa parte de «jo, qué cotilla, está la tía a todo» pues me reconozco. Estaba a lo que tenía que estar.

-Lo que parece claro es que Carmen Polo no hubiera vivido una pasión como la de la marquesa de Llanzol.

-No, por su educación no creo que se dejara llevar de esa manera. Nunca se sabe cómo puede reaccionar, pero ella fue la «digna» esposa de Franco, con esa educación muy austera, ursulina... Ella se sentía responsable del ejemplo que tenía que dar a España.

-¿Y tú eres apasionada?

-Yo no soy nada contenida, a mí se me ve venir.

-Tú con Javier Gutiérrez ya tienes categoría de pareja, ¿no?

-Sí, cuando empezamos a grabar Lo que escondían sus ojos hacíamos diez años de casados en Los Serrano. Y como no hemos dejado de trabajar juntos, porque en Águila Roja también estuvimos, pues ya son once años de casados. Tengo muy buena química, y trabajar con él es como ser un equilibrista y tener una red. Con él no te pasa nunca nada malo.

-¿Crees que Carmen Polo le contaba todo a su marido?

-Yo creo que callaría a veces por no enervarlo, pero otras metía cizaña cuando veía que él no reaccionaba. Chinchaba un poco en ese sentido, y los militares que la conocieron sí dicen que intercedía mucho. Pero la última palabra yo creo que la tenía él.

-En la serie hay un vestuario magnífico. Pero a ti te ha tocado todo al negro.

-Sí, ella era muy de blanco y negro, de azul marino, estuvo mucho tiempo de luto, pero a pesar de llevar Balenciagas no los llevaba tan bien como la marquesa de Llanzol. Si Balenciaga le ponía un escote, ella lo cerraba, jajaja.

-¿Cómo has recibido las críticas? Le habéis dado mucha bola a Serrano Suñer.

-Yo creo que fue sobre todo en el primer capítulo porque no se había entrado apenas en el terreno político. Y se le ponía como de bueno. Yo creo que a partir del segundo ya se ve quién era Serrano Suñer. Yo creo que las principales quejas que llegaron fue por eso, porque se veía una imagen muy dulcificada de él.

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