¿El nuevo Fassbender?

ELEGANCIA BRITÁNICA Tom Hiddleston no puede ser más inglés. Aunque haya sido un supervillano el que le haya convertido en una estrella, este caballero de Westminster puede presumir de premio Olivier y de ser el infiltrado con más clase de la televisión.

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Hay cosas que solo un inglés puede hacer sin parecer ridículo. Como el coronation chicken o ponerse una chistera para ir a las carreras de caballos. O lucir la camisa remangada sin parecer el amigo borracho del novio. No sabemos si Tom Hiddleston cocina o va a Ascot, pero destila estilo inglés en cada paso. Ocurre en cada secuencia de El infiltrado, espionaje inglés de la vieja escuela en el mundo actual, una miniserie con la que se ha situado en el lado sobrio de la vida después de haber sido un vampiro para Jarmusch, un inquietante hermano para Del Toro, un apasionado amante para Terence Davies, o Scott Fitzgerald para Woody Allen. Y por supuesto, un villano de cómic en la saga Thor. Para muchos, este inglés de 35 años tan solo es Loki, con su oscuro pelo negro y su mitológica capacidad para manipular. Pero este ex alumno de Eton ya ha estado nominado dos veces a los premios Olivier, los más prestigiosos del teatro británico, y se llevó uno al mejor novato hace unos años. Y aunque la carrera por ser el próximo James Bond ha terminado para él, cuenta los millones que se va a embolsar por continuar siendo Loki en un par de cintas más.

¿Un malo de la Marvel que se marca una de Shakespeare cuando puede? ¿Y aún encima con cierto gen pelirrojo detrás de esas mechas rubias? Sí: Tom Hiddleston sigue de forma llamativa el camino de Michael Fassbbender. Aunque al irlandés le falta una cantante de éxito en la lista de requisitos para convertirse en un fenómeno fan. Porque sí, está el Hiddleston-Loki y está el ex de Taylor Swift. Y en el medio, un actor que va buscando su sitio.

PORTERO DE NOCHE

«Soy el encargado nocturno». Así se presenta el personaje de Hiddleston en El infiltrado (The Night Manager, en el original), la miniserie que lo ha descubierto como algo más que un súper héroe. En un hotel de El Cairo, enredado en una trama de espionaje firmada por John le Carré, Hiddleston es el exsoldado Jonathan Pine, o tal vez es Andrew Birch, en todo caso un personaje seco, serio, discreto, como se supone que debe ser el encargado de noche de un hotel de lujo, que lo mismo te pide un taxi que te salva la vida. Sin despeinarse. Y con un simple giro de las mangas de la camisa de sastrería inglesa, se convierte en un agente doble que va argallando por los pasillos de una trama en la que Hugh Laurie puede acabar con él y con todos sus compañeros sin pestañear.

¿Podría ser El infiltrado la mejor tarjeta de visita enviada a los productores de la saga Bond? 007 es más inglés que el gin tonic, y en la Gran Bretaña se buscaba con ahínco al sucesor de Daniel Craig. Y se habló de Idris Elba, y del propio Fassbender (poco), y de Luke Evans, y de Charlie Hunnan, y de Aidan Turner. Y por supuesto, de Hiddleston. Todos ellos nacidos y criados en las islas británicas, claro. Aunque el pasado mes de junio el propio Hiddleston adelantó que no sería Bond. Es más, otro reconocido espía (y escritor, claro), Frederick Forsyth, aseguró a un periódico inglés que no creía que Barbara Broccoli, productora de las últimas películas de 007, escogiese a Hiddleston de ninguna manera.

Descartado Bond y eliminado del diccionario el término Hiddleswift, el actor inicia etapa sin dejar el éxito de una de las múltiples franquicias de la Marvel, presentará el año que viene precuela de King Kong, y acaba de firmar contrato con Gucci para su línea de sastrería. Y es que en Milán habrán pensado que nada mejor que su percha inglesa para una campaña propia de un lord inglés. con aires decadentes.

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