Ellos hacen honor a su nombre

SOY TAL COMO ME LLAMO O APELLIDO La elección de un nombre al nacer no es moco de pavo y, salvo que te lo cambies porque no te ves con él, imaginemos que le llamaran Amable a un gruñón al cuadrado o Margarita a una alérgica a las flores... Aquí varios que sí pegan con cola, incluso apellidos.


Hay nombres para dar y tomar. Cuando un bebé viene en camino, salvo que se tenga muy claro que se llamará como uno de sus progenitores, o un abuelo o abuela, siguiendo una tradición familiar que ahora ya no es tanta ley de vida, o se quiera ser tan original como el de Lobo en la elección o se desee que el del ídolo futbolístico o de Juego de Tronos sea el del descendiente, hay que andarse con ojo. Siempre me han contado la historia de un señor casado que se llamaba Primitivo y le hacían la broma de turno: «¿Tocouche a Primitiva?». Mosqueo constante. Puede que en el mundo haya un Perfecto imperfecto, un Plácido y una Serena como los del anuncio de Abanca que son puro nervio y el colmo del estrés, o una Catalina que tenga verdadera fobia a subirse a una bicicleta. Todo es posible. Pero también que el destino haya sido generoso y te haya dado un nombre que te pega al 100 %. Es tu nombre, en el Registro Civil, pero también tu forma de ser, sentir o ejercer incluso una profesión. En ese sentido, ya veo una Dolores ejerciendo de anestesista, una Socorro en un servicio de salvamento o una Magdalena trabajando encantada en una pastelería. YES ha encontrado varios casos en los que se ajusta como anillo al dedo nombre o apellido. En la segunda opción ya es cosa del caprichoso azar.

POR UNA NOTICIA

Cielo es un cielo. De pequeña «era bastante bueniña, «creo que a meus pais moito non lles debín dar que facer, quizais o máis complicado era a comida», confiesa. Esta librera de Foz cuenta por qué en casa le pusieron un nombre tan celestial y la respuesta viene del medio prensa: «Cando ía nacer, ou xa nacera, non sei, pois daquela non se sabía ata o momento se eras neno ou nena, meu pai veu no xornal a noticia dunha nena que morrera atropelada por un coche e que se chamaba María del Cielo. Ese é tamén o meu nome completo. De feito, na casa aínda me chaman María meu pai e meus irmáns e no colexio, como había moitas Marías, quedeime con Cielo porque tendo os apelidos Fernández Fernández así servía para diferenciarme».

La palabra «cielo» puede evocar muchas cosas, más allá del plano meteorológico, como cierta espiritualidad, aunque Cielo señala que no es religiosa. «A min sóame a agarimoso e doce. Teño anécdotas como por exemplo cando traballei coordinando programas dunha oenexé cun rapaz de Palencia que me dixo ‘un día voy a tener problemas con mi mujer cuando te cojo el teléfono’. ‘¡Que cariñoso eres con esta chica!’, teñen dito a algún na libraría. A sus hijos les suelen decir que su madre es majísima y ellos le dicen: “¡Como engañas mamá!». «En parte é porque teño as dúas cousas -señala Cielo Fernández-... a ver non vou buscando camorra, polo menos habitualmente [ríe], pero teño un carácter forte cando me enfado. Se temos en conta que no ceo a veces hai tormenta, a veces chove ou está nubrado e outras sae o sol, podemos dicir que si, que Cielo é o meu nome». Continuando en el camino del autoconocimiento, añade: «Teño os pés na terra pero tamén moita parte nas nubes. De feito, son moi despistada. A miña cabeza adoita ir matinando sempre, teño esa tendencia a estar na nube, esa parte soñadora, pois non son moi conformista. Se algo non me gusta, busco cambialo».

Un detalle curioso y especial en torno a Cielo alude a uno de los momentos en los que fue madre. Nacía Agua: «Así foi. O nome tiñámolo decidido, pois no pobo de Miguel en Badaxoz a patroa é a Virxe de Aguasantas. Por iso algunhas mulleres en Salvaléon se chaman Santi e hai nenos aos que lles poñen Aguasantas. Ese nome gustoume moitísimo». Solo faltaba que el día del parto lloviera a cántaros... «¿Acórdaste hai 15 anos que chovera e chovera e caera o mural de Rente ao Mar en Foz? Pois esa noite naceu a miña filla, ¡rompín aguas! Aparte ela é moi acuática, encántalle a auga».

BUSCANDO LA PAZ

La paz... ese ansiado tesoro en el mundo frenético de hoy. Parece lejana, pero está más cerca de lo que creemos: la llave de la serenidad está en tu interior. Es uno de los aprendizajes que más me han servido en la vida y me vino del yoga. Esa sabiduría milenaria de la India también caló en el alma y en el corazón de dos hermanas burelenses con un apellido que calma solo con nombrarlo: Paz. Ellas son Rocío y Yolanda. Hasta hace poco regentaban juntas el centro Akasha pero, por cosas de la vida, es la primera la que ahora lo lleva en solitario. Lo curioso es que a la hora de darse a conocer como profesoras nunca usaron los nombres que adoptaron al terminar la formación en la Escuela Internacional del Yoga, Salini y Babani, respectivamente. Nada podía superar el hecho de apellidarse Paz y ser yogui. Fue Yolanda la que comenzó a tener curiosidad por el universo de las asanas y como dicha escuela abría en Santiago, las dos se animaron a ser instructoras y más adelante a dar el salto a abrir su propio centro, dejando atrás sus anteriores trabajos. Aquí y ahora, Rocío ha sumado a su currículo las enseñanzas del yoga dinámico: “Cando te pos a compartir o ioga -dice-, iso leva unha fase de crecemento persoal e desenrolo interior, vaise asentando o que aprendiches. É empezar pero non acabar». Uno de los mantras habituales es el Om Shanti y shanti, en sánscrito, significa «paz interior o paz en la mente». Rodea su existencia, incluso la diaria con sus rutinas y obligaciones: «Na casa, cociñando, cando te levantas pola mañá ou conduces. Na túa vida cotiá podes conectar con esa paz que temos dentro». Aunque alrededor siga existiendo «o tumulto, o estrés... estou dentro dese bucle pero cunha serenidade que antes non afloraba en min. Agora o meu interior está máis sereo, foi un pacto da práctica que fixen», confiesa.

PADRE E HIJO CONECTADOS

En el tercer caso, Love Is in The Air claramante. En el aire y en el apellido. Hablamos de un amor paterno-filial extraordinario, una fuerte conexión. De hecho no es la primera persona que piensa que Juan Luis y Guillermo Amor son hermanos en vez de padre e hijo. Complementan su dedicación a la veterinaria con cursos y conferencias que dan desde Ribadeo por toda España sobre inteligencia emocional y motivación personal. En resumen y para que nos entendamos, buscar el amor a uno mismo y proyectarlo al resto de los mortales. Hasta se da la coincidencia de que han trabajado con el centro ribadense Amor sin tener ningunha relación familiar con el gerente: «Non ten nada que ver con nós, é casualidade». En el trabajo con la gente «se trata de conocer la parte en la que uno es real, el amor», explica Guillermo. «Se trata de dedicar un fin de semana a hacer un reseteo a la cabeza, eliminar lo que sobra y crear patrones nuevos. La palabra ‘amor’ está muy manida por la sociedad, lo que se entiende en general por amor tiene más que ver con las películas de Hollywood».

Si le pregunto por su padre, Guillermo es claro y rotundo: «Ahí me tocas la fibra sensible. Es más como un hermano para mí, por el buen rollo que tenemos desde que yo era pequeño y desde que yo di el gran cambio, pues ahora veo la vida como él la ve. Eso nos une cada día y un abrazo suyo es como tocar el infinito, es algo que no te puedo explicar, no encuentro amor más grande». De hecho, ese feeling se nota en sus clases: «Lo que más valora la gente y hace que confíe en nosotros es el buen rollo que tenemos entre los dos, nos complementamos y compartiendo ese tipo de amor puedes llegar a cualquier lado, incluso trasladarlo al resto». «Hay que intentar volver al patrón del amor», finaliza.

Tengo que confesar que en mi familia tengo un Marciano y a veces parece que es de otro planeta. Es mi padre. ¡Menos mal que no me llamaron Marciana!

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