De Rennes a Saint-Malo, el corazón de la Bretaña francesa

Ruta de sur a norte desde la capital de la región francesa hacia el mar: un trazado cargado de historia, lleno de paisajes de cuento y vida apacible

Dinan. Vistas desde la torre del campanario
Dinan. Vistas desde la torre del campanario

Hay mil motivos para visitar la Bretaña francesa en cualquier época del año, como mil (aproximando) son sus similitudes con Galicia en la cultura (en casi todas sus vertientes), el paisaje, la forma de ser o las leyendas. Hace 60 años justos, Cunqueiro las retrató en Las Crónicas del Sochantre, uno de los libros que completan cualquier guía de viaje de este trozo de tierra atlántica que tanto inspiró a los gallegos, pero también a artistas de la talla de Léo Ferré y su La memòire et la mer.

Muchos son por tanto los caminos a seguir, y uno de los más recomendables puede llevar al viajero desde la capital, Rennes, hasta el norte, en Saint-Malo, y su vecino Dinard, pasando por la bellísima Dinan y, con algo de tiempo, recorriendo algunos castillos como el de Fougères o Combourg. ¡Será por castillos! En una tierra, la vieja Armórica, que construyó murallas tras mucho batallar contra franceses e ingleses. Rennes, la capital, es ciudad moderna, abierta, universitaria, paseable. Ribereña del Ille et Vilaine, los dos ríos navegables, que dan nombre a uno de los cuatro departamentos de la región (el Ile desemboca en Saint-Malo). La ciudad está llena de verde, bicicletas, urbanismo racional, historia, actividades culturales incesantes. Incluso una línea de metro (sí, una: la otra, para 2019). Y un mercado abierto de los mejores de Francia. En el callejeo no hay que perderse la plaza del Ayuntamiento, la Ópera ni el Parlamento.

En Dinan también hay río y cuestas para subir o bajar con tranquilidad, y las rutas que sigue el cauce animan a meterse en alguno de sus barcos. Pero sobre todo hay una torre central desde la que se divisa la ciudad amurallada al completo, llena de casas de entramado, tan características de algunos puntos bretones.

Ya en el mar, Dinard es historia y cultura. De baños curativos, donde Picasso pintó Las bañistas, y donde una escultura de Hitchcock recuerda la importancia de su festival de cine. Justo en frente, la imponente Saint-Malo, la patria y la tumba (en un islote, mirando al mar) de Chateubriand.

De célebres corsarios, del fundador de Quebec. De un profundo sentimiento identitario de sus vecinos, con la bandera de la ciudad por encima de las demás. Maluenses, se dicen, «seguramente». Bretones, «quizás», y franceses, «si algo queda». Ciudad de altas mareas, con rompeolas de robles e historias apasionantes hasta la Segunda Guerra Mundial.

Todo esto necesita un tiempo para verlo con la calma que requiere el corazón bretón. Para preparar el viaje, una ayuda imprescindible es Turismo de Bretaña (www.vacaciones-bretana.com), con aplicación móvil del Oeste de Francia. Iberia Express (www.iberiaexpress.com) tiene numerosos vuelos baratos a Rennes, por ejemplo vía Madrid.

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