Lucía Pérez a la sombra de la luna


Hay canciones eternas. Como estos anocheceres de principios de julio que parece que nunca se terminan. «Eu son máis de día porque son de madrugar moito. Pero en verán, cando teño traballo, a vida fágoa de noite, á sombra da lúa, e levántome para comer», me cuenta Lucía Pérez, nuestra eurovisiva cantante de O Incio. El martes cumple 31 añitos y está pensando en celebrarlo con su abuelo, que el día anterior sopla las 92 velas. «Lévoos ben, pero empecei a notar cousas que antes non notaba. O importante é que o espíritu sexa novo», comenta sonriente Lucía, que aunque tiene pareja no hace planes de boda por el momento. Hablé con ella con motivo del lanzamiento del nuevo single de su último disco, una atrevida versión (hay que tener valor para versionar un clásico) del Moonlight Shadow de Mike Oldfield. «Creo que é a única en español», destaca.

CLÁSICOS GALLEGOS

El Moonlight Shadow es un tema eterno, al igual que muchas canciones gallegas. El próximo proyecto de Lucía Pérez va de eso, de piezas míticas de nuestra cultura «feitas ó meu modo. Téñolle gañas porque penso que vai ser especial. Espero que estea listo para antes do Nadal», adelanta. Poco más se sabe. Que será íntegro en galego y que van a colaborar en el mismo otros artistas como Susana Seivane o el grupo A Roda. Mientras tanto, Lucía estará varias veces este verano a la sombra de la luna. Hoy cantará en las fiestas de Boborás, Ourense, en una jornada en la que también presentará un desfile en un balneario ourensano. «O día 9 estarei en Sestao, nun concerto cunha banda, e despois por Asturias e aquí en Galicia en Monforte, Fene, Castro de Rei...», relata esta intérprete que hace poco vio cumplido uno de sus sueños, cantar para la comunidad gallega en Argentina. «Foi moito público galego pero tamén porteño. Actuar en lugares emblemáticos como o Tortoni, ou o teatro Avenida e en bares pequenos foi especial», recuerda al anochecer.

SABORES DE VERANO

Esta semana tomé los primeros chocos de la temporada. «Están mejor que los calamares», dijo la vendedora de pescado. No sé si mejor, pero buenos estaban. Es uno de esos sabores que nos recuerdan que estamos en verano aunque la temperatura no acompañe. Llamé al patrón mayor de la cofradía de Sada, Andrés García Boutureira, y me confirmó que, aunque no en grandes cantidades, la gente empieza a pescar algunos calamares y chipirones después de que el año pasado apenas hubiese capturas. Las poteras no se mancharon de tinta. Xosé Iglesias, pescador y poeta, me cuenta que «teño uns amigos no País Vasco que me din que están collendo bastante calamar, que non é normal. Penso que polo cambio climático ou por un ciclo biolóxico, pero o certo é que hai pouca pesca», reflexiona. Por eso hay que disfrutar los chocos y los calamares y los chipirones de la ría como si fuesen los últimos porque, al paso que vamos, es posible que algún día solo nos quede recordar su sabor. Esperemos que no suceda porque es una maravilla ver en muchos puntos de la costa de Galicia cómo sueltan amarras cantidad de barcos para dar con los suelos arenosos ideales para que los cefalópodos piquen. Lo hacen siempre al anochecer o al amanecer. Casi a la sombra de la luna.

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