«Los niños hoy piden la camiseta de su ídolo, antes querían un balón»

Valdano reflexiona en su último libro sobre la transformación que ha sufrido el fútbol en los últimos años, cuando ha pasado a convertirse en un negocio global y se ha apartado ligeramente de la esencia del juego más popular del planeta


Una charla con Jorge Valdano (Santa Fe, Argentina, 1955) es un compendio sobre el fútbol y la vida. Reflexiones a cámara lenta, catalizadas por ese acento suave, embaucador y dulce que es parte de su esencia, de sus raíces. Es, en cierto modo, un viaje instantáneo al otro lado del Atlántico. Presenta libro. Fútbol: El juego infinito (Conecta), donde aborda cómo este deporte se ha ido transformando en un negocio global, en un fenómeno de masas. Con lo bueno y lo malo que representa el salto desde la inocencia del juego más popular del planeta a las facturaciones multimillonarias, a clubes y jugadores convertidos en máquinas de hacer dinero.

-¿Tienen algo de positivo estos cambios que se están produciendo en el fútbol?

-La internacionalización misma. Los héroes que genera ya son globales, llegan a todos los rincones del planeta. El fenómeno se propaga y ciertamente ayuda a que lo conozca más gente.

-¿De ahí lo de que se ha convertido en un juego infinito?

-Por eso, pero también por la facilidad que tiene para renovar ilusiones, miedos, intereses... lo hace casi a diario... y por la forma en la que se sube a los medios de comunicación, a las nuevas tecnologías. No tiene límites. Yo que soy un poco primitivo en este sentido me sorprendo con la naturalidad que el fútbol logra encaramarse a cada soporte para convertirse en noticia.

-¿Qué es lo que menos te gusta de estos nuevos tiempos?

-Que se ha despopularizado. El fútbol comenzó siendo un juego de pobres y ahora se ha convertido en algo elitista. Cuando uno ve la ceremonia del Balón de Oro es algo ostentoso. Antes, al ganador se lo daban en el campo, en medio de un partido y acababa en manos de un utillero. Ahora es impensable. Hace pocas semanas estuve en Catar y no tengo ninguna duda de que van a organizar un gran Mundial, pero será lujoso, extravagante, repleto de hoteles de cinco estrellas... y no va a resultar barato.

-¿Cómo era cuando tú empezabas?

-La fuerza del juego primaba por encima de la del ídolo. Los niños hoy piden que les compren la camiseta de su ídolo, antes queríamos que nos comprasen un balón. No veo nada malo en que quieran la camiseta, pero para aprender a jugar se necesita una pelota.

-¿Por qué le recomendarías a alguien que su hijo aprendiese a jugar al fútbol?

-Bueno el fútbol es un mundo de exageraciones, consigue ponerle acento a todo, a la grandeza y a la miseria. Pero, si se aprovecha bien, tiene una capacidad educativa enorme. Porque el fútbol agranda el universo mental de cualquier niño, lo predispone, como juego que es, a recibir valores. Lo que de verdad me preocupa es ver cómo en algunas escuelas enseñan antes a los chicos a ganar que a jugar.

-En tu etapa como directivo del Real Madrid te tocó vivir de primera mano cómo el negocio se abría camino en medio del deporte.

-Que conste que tampoco me siento espantado por esta deriva comercial. Al fin y al cabo, el fútbol no deja de ser parte del mundo en el que vivimos. Pero sí, el Real Madrid fue de los primeros clubes que vio la necesidad de alargar el paso, porque si quería mantener su posición hegemónica sabía que tenía que generar más ingresos para competir con equipos de otros países que recibían ese oxígeno de grandes fortunas y que disponían de cien o doscientos millones para fichar cada temporada. El Barça y el Atlético se fueron adaptando a esta circunstancia. Pero en los primeros momentos, los que yo viví en el Real Madrid, fue complicado que los jugadores entendiesen estas cuestiones.

-De hecho, la primera gira asiática terminó siendo un descontrol.

-[Sonríe] Hasta tal punto que como consecuencia de aquella gira Ronaldo [el delantero brasileño] tuvo un niño. Y luego le pedía al Real Madrid que se hiciese cargo de él, porque un club serio como el Madrid no debería haber permitido que se cometiesen esos desmanes [vuelve a sonreír]... los jugadores no comprendían que hubiese tantos actos promocionales, que no se entrenase cuando tocaba. Recuerdo haber escuchado que hace poco cuando el Barça visitó Asia, Messi dijo que se entrenaría cuando pudiesen. Porque tanto Messi como Cristiano ya son conscientes de que esa gira potencia su propia imagen de marca.

-¿Cómo es la convivencia con hombres como tú que vienen del fútbol con hombres de la empresa que son dirigentes de fútbol?

-Mala. Todavía no están tendidos los puentes entre la industria y el juego. No hay un lenguaje común. Son mundos distintos y hace falta tiempo para que se encuentren. Poco a poco, creo que se respetarán algunos principios del fútbol y el fútbol terminará de adaptarse al nuevo escenario.

-¿Cómo ves el reciente dominio del fútbol español?

-Creo que tiene su origen décadas atrás. La Masía se ha llevado todos los laureles, pero todos los equipos de primera y segunda división trabajan la cantera con un mimo excepcional a nivel técnico. Es curioso que justo cuando España ha crecido a base de buen fútbol en Sudamérica ha decaído el amor por la pelota.

-Tu Tenerife está entre los precursores del manido juego de toque.

-La virtud que tenía aquel equipo es que defendimos la idea de que con buen juego también se podía luchar por la salvación.

-Recomiéndanos algún libro además del tuyo.

-De ficción, diría Cien años de soledad, de García Márquez. Fue una ventana hacia otros mundos y eso siempre es gratificante. Y de deportes... Héroes de nuestro tiempo, de Santiago Segurola. Imprescindible.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

«Los niños hoy piden la camiseta de su ídolo, antes querían un balón»