«La búsqueda del hijo perfecto está haciendo mucho daño»

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Su voz, que rompe inercias, afirma que «educar no tiene nada que ver con reprimir». Hablar con ella del juego, los deberes y los padres helicóptero es hacer un chequeo a fondo a todo lo aprendido. Quizá no nos falla la intuición y aprender consiste en otra cosa...

07 may 2016 . Actualizado a las 13:48 h.

Como padres tenemos un instinto fuerte, un instinto a prueba de manuales, modas, vecinos y amigos implicados, un instinto que no siempre resiste la prueba del algodón de la realidad. ¿Revisamos modelos? Catherine L’Ecuyer advierte que es posible Educar en el asombro (16.ª edición). Y aún más, que es compatible con Educar en la realidad, nuevo libro de una investigadora que invita a respetar «las etapas y ritmos de la infancia, la sed de misterio y de belleza de los niños». Ellos no necesitan que les motivemos para irse corriendo a un enchufe, subraya esta canadiense convertida en referente educativo. «Los niños tienen una curiosidad innata por lo que les rodea. El asombro no se inculca, se respeta», dice L’Ecuyer.

 -«Educar es reprimir». ¿Cierto?

-¡No! Educar es sacar lo mejor del otro, no tiene nada que ver con reprimir, que es meter dentro por la fuerza. En vez de reprimir, deberíamos exigir, pero es preciso matizar por edad. Antes de los 2 años el niño necesita desarrollar un vínculo de apego con su principal cuidador. Ese vínculo se establece a base de atender las necesidades básicas del niño y es el que le da una autoestima robusta.

-¿Por qué?

-Cuando se atienden las necesidades del niño, él recibe el mensaje «me atienden, entonces valgo la pena, entonces tengo autoestima». Frustrar al niño en esa etapa puede interferir con ese mecanismo. Después sí se puede exigir.