Amparo Fernández: «Puedo cortar con 9 tijeras a la vez»

Amparo es una mujer «manostijeras» que ha situado Boiro en el mundo con su alta creatividad. Lleva 30 años en la misma peluquería, pero su cuentakilómetros está reventado de tanto viajar. «Mi inquietud siempre ha sido la vanguardia», apunta. Y sí, es la misma que sale en las fotos anteriores.

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Amparo Fernández (Cabo de Cruz, 1968) es candidata a ser nombrada peluquera del año en nuestro país por el Club Fígaro, pero en realidad al conocerla una tiene la sensación de que podría llevar adelante cualquier trabajo que desempeñarse sin cortarse un pelo. Es tal su energía y desparpajo que enseguida da a entender que su éxito forma parte de una personalidad más que inquieta. Si el mundo no se mueve, ya Amparo mueve el mundo. Ella hace que las cosas pasen, por eso cuando le pregunto si desde Boiro se puede hacer lo mismo que desde Nueva York no duda ni un segundo: «Da igual donde tengas la peluquería, pero hay que estar donde tienes que estar, mostrar tu marca al mundo».

-¿Tú cuándo supiste que lo tuyo era la peluquería?

-¡Uy, yo ya no recuerdo que fuese de otra forma, yo ya no tengo vida antes! Fue vocacional, totalmente, ir con mi madre de pequeña era toda una experiencia, me encantaban los olores, las lacas, yo tengo una tía que entonces era peluquera y me encantaba ver cómo peinaba. Así que cuando acabé 8.º de EGB, me fui al instituto a Ribeira y luego a estudiar a Coruña.

-¿Dónde aprendiste más?

-Mi vida es una formación constante, siempre me apasionó la prensa profesional. Yo cuando llegaba a Boiro, le pedía a mi tía, por favor, que me dejara llevar a casa las revistas. Al principio seguía a mis ídolos, me movía a Madrid, Barcelona, Zaragoza y Salamanca, que es donde había más novedad. Y de ahí a París, Bolonia, Londres, Nueva York...

-¿Fuiste autodidacta?

-Yo creo que es algo que me salió de dentro, aprendí de mucha gente, a mí me gustan muchos peluqueros, pero mi inquietud siempre fue la vanguardia, conocer los cortes tendencia, y a través de la prensa empecé a moverme: ferias, congresos, otros salones, otros peluqueros...

-¿Así que tú vas «de extranjis» a probar en peluquerías de todo el mundo?

-Bueno, bueno. Tengo cada experiencia. Una vez estaba en un curso de perfeccionamiento en Londres de los más importantes, hace seis años, y me encontré con uno de los salones de referencia. Así que entré y en un inglés macarrónico, sin pensarlo, le dije: «Si es posible tomorrow, cortar hair» [Risas], y bueno, salí como pude.

-¿Guapa o fea?

-¡Horrorosa! [risas] y me cobraron 140 libras por un corte de pelo.

-¿Y qué haces tú cuando una persona sale disgustada de tu peluquería?

-No, eso no me ha pasado nunca, de verdad. Yo, más allá de la técnica, lo que quiero es que la gente salga guapa, la técnica la tienes que adaptar. Lo primordial es la salud del cuero cabelludo, sea cual sea el color o el largo, y adaptarte al estilo de cada persona.

-¿Y en qué te fijas?

-En todo: la cara, la altura, el color de piel, siempre lo primero la escucho, porque a veces lo que quiere la gente no es compatible con lo que se puede hacer. Nosotros hacemos diagnóstico de cabello y de imagen antes de ponerle la mano encima a nadie. Si tienes un montón de pelo encrespado para un pelo corto determinado no vale. Pero para eso asesoramos, o alisas, o cambias el corte...

-Estás nominada a peluquera del año.

-Sí, es la segunda vez. Me nominaron en el 2014, y para que la gente lo entienda son los Oscar de la peluquería. Lo organiza el Club Fígaro, que es la asociación más ambiciosa de la peluquería española. Está abierto a todos los peluqueros de España, pero votan lo socios. Nos votamos entre compañeros. Para mí lo más emocionante es eso. Esta candidatura se arma con un dosier con todo lo que hacemos: formaciones, desfiles, colecciones, exposiciones, intentamos involucrarnos también en muchos actos sociales, benéficos...

-¿Tienes posibilidades?

-Sí, sí. Yo sé lo que tienen los otros y tenemos una candidatura de traca. Cuando haces las cosas no piensas en los premios, pero yo la peluquería la siento en mi alma.

-¿Cuál es la tendencia que viene?

-Yo soy partidaria siempre de personalizar, nos da igual el color, el corte... Pero viene el pelo corto, los tonos dorados, degradados, los flequillos, los pelos rizos con volumen. Pero hay que adaptarlas muy suave en el salón.

-¿Desde Boiro se puede hacer lo mismo que desde Nueva York?

-No importa donde tengas la peluquería, pero hay que estar donde tienes que estar, donde tienes que enseñar tu marca. Lo primero que tienes que hacer es crearla. No es lo que hagas en tu salón particular es hacerte visible en otros ámbitos. A mí nadie me va a venir a buscar a Boiro para hacerme una portada profesional, pero si tú vas donde está la prensa profesional entonces puedes ser portada. Nosotras lo fuimos en el 2009 y en el 2015.

-Muchas mujeres a partir de una edad dejan de ser morenas. ¿Tú qué opinas?

-Yo creo que a partir de una edad hay que intentar suavizar un poco. Es verdad que tenemos tendencia a la oxidación, a los amarillos. Pero hay tonos tabaco, tonos miel, tonos caramelo más adecuados. A mí las rubias, rubias tampoco me gustan.

-Las que lo tenemos liso lo queremos rizo, las de pelo rizo, liso... ¿Por qué vamos contra natura?

-Lo importante es que el corte que lleves se corresponda con el pelo que necesita. Lo que te decía antes, no puedes llevar un corto con un pelo encrespado y horroroso. Primero tienes que ponerte el pelo liso, si es que quieres ese corte. A mí no me importa que la gente cambie, pero que sepa cómo le va a quedar.

-Por lo general, cuando salimos de peinarnos tenemos «cara de peluquería» se nos nota mucho. Se peca de exceso.

-Yo creo que eso no está bien, no hay que ir para que se note, el pelo tiene que estar cuidado y que se vea natural. Ya pasó esa época de que no se te podía mover un pelo del sitio. Hay que ir a gusto, guapa, y no pendiente de cada retoque. Que te sientas libre con lo que llevas. Lo que queremos es comodidad y que en casa te quede bien.

-A partir de una edad, ¿las mujeres nos tenemos que cortar el pelo?

-No, no. Yo tengo señoras que llevan melenas, otras que no. Cada uno tiene su estilo, a mí me gusta mucho cortar, pero no cortar por cortar.

-Las peluqueras tenéis fama de eso. ¿Tres centímetros son tres centímetros?

-[Risas]. Sí, sí. Yo no quiero que si tú no te lo quieres cortar, cortártelo. Pero es verdad que hay una clientela más abierta a cambios.

-¿Alguna cara conocida que te guste como va?

-A mí siempre me gustó mucho Linda Evangelista, porque cambiaba continuamente, rubia, cobrizo... Pelo corto, largo. Ahora van todas igual, con las ondas al viento.

-¿Tú varías mucho?

-Sí, sí, yo cada día voy distinta. Uno tengo el pelo afro, y al siguiente, voy engominada.

-¿Y eres partidaria de lavarlo mucho?

-Sí, a mí me encanta. Yo es raro que no me lave el pelo, lo hago a diario. Hay pelos que hay que lavarlos cada día, como los pelos grasos... Eso que se decía antiguamente no es verdad. El pelo tiene que estar suelto y brillante, si no te queda como una masa de cartón seco.

-Una de reinas: ¿qué te gusta más el clásico de Sofía o la innovación de Letizia?

-Letizia. Pero a mí el último look de bob corto no me gustó, era un corte de niña de guardería al principio, como cuando le cortan las madres a las niñas en casa. Me encanta la medida, que sea atrevida, pero no el corte a nivel profesional.

-¿Con cuántas tijeras has llegado a cortar al tiempo?

-Yo tengo 9, es una técnica taiwanesa, en la que puedes usar tres, cuatro... hasta nueve. Juntas he usado tres o cuatro. La primera vez que lo vi fue en París y unos años después las compré en Londres. A ver, es que es como todo, no es lo mismo llevar un 600 que un Jaguar, para cortar el pelo no vale cualquier tijera. Yo a veces veo algunas que digo, cómo pueden cortar con eso. Yo tengo una tijera, una Jaguar, que vale 800 euros. Las suelo comprar en ferias, las taiwanesas también.

-Como clientes somos más conservadores que innovadores, ¿no?

-Depende adónde vayas a peinarte. La imagen que damos nosotros en el salón perfila un estilo de peluquería, pero tengo clientas de toda la vida, y otras que vienen de Burgos, de Valladolid, de Gijón...

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