Los niños dan la espalda a sus padres

En países como Suecia lo habitual es que los pequeños viajen en el coche a contramarcha para minimizar los daños en caso de accidente. Cada vez hay más padres en Galicia que apuestan por las sillas en sentido contrario.


Hasta que la niña cumplió cinco años, Alberto Gallego llevó a su hija Nuria sentada en su sillita mirando hacia atrás. «Papá, ¿cada vez que giras tienes que mover esa cosa?», preguntó el día que la sentaron mirando, como todos, hacia delante. La pequeña se refería al volante, que no había visto en su primer lustro de vida. Alberto regenta junto a su mujer, Belén Pernas, la tienda de A Coruña Tatahuete, dedicada a productos y accesorios de puericultura y seguridad infantil. «Cuando la abrimos nos fuimos implicando en este mundo y conocimos a Cristina Barroso, que fue la que introdujo este sistema en España», destaca. Precisamente esta consultora de SRI (sistema de retención infantil) y promotora de la iniciativa www.contramarcha.com visitó Galicia para explicar por qué es más seguro viajar dando la espalda a los padres. 

«Como propietaria de una tienda que vendía sillas como las que todos conocemos descubrí que no tenían capacidad de proteger a los niños. Me abrió los ojos y la curiosidad un cliente sueco», recuerda Cristina. Aquel nórdico le habló de que allí los sistemas de sujeción son diferentes y se instalan en sentido contrario. Dicen que investigaron a raíz de comprobar que los astronautas entraban en la atmósfera de espaldas. «Hablamos de cuestiones físicas y llegué a la conclusión de que tenía razón. Al menos hasta los cuatro años no deben ir en el sentido de la marcha. Cuando nos montamos en un vehículo y empezamos a circular, los que vamos dentro viajamos a la misma velocidad que el coche. Si para de golpe todos vamos hacia delante y la cabeza y el cuello del niño no tienen fuerza suficiente para aguantar el impacto y pasa lo que pasa. Suecia tiene la tasa de mortalidad infantil más baja del mundo y las sillas, digamos normales, no han existido nunca», señala la experta, que recuerda que cuando nuestros hijos son muy pequeñitos y los llevamos en la maxi-cosi ya van en sentido contrario a la marcha. «Y cuando crece se le pone de frente y eso está mal hecho. El problema es que pensamos que sujetar con el cinturón es suficiente y los expertos dicen que solo si sujetamos por el sitio correcto».

Sus argumentos parecen incontestables, pero surgen dudas. Por ejemplo, me imagino que el niño se aburre como una ostra en los viajes y sí, va seguro, pero convertido en un ser antisocial. «Es más divertido mirar hacia detrás. Los que tenemos una edad recordamos ir sueltos en el coche y la posición que más nos gustaba era ir arrodillados con el torso pegado al asiento trasero y mirando por la ventanilla de atrás. Es más divertido, insisto, observar un paisaje que no cambia, que te puedes fijar en los detalles, que ver imágenes que van pasando rápido», reflexiona Cristina, que tiene respuesta para todo.

OJO CON EL CINTURÓN

O sea, que llevamos toda la vida poniendo en riesgo la vida de nuestros hijos cuando los llevamos en el coche y nosotros sin saberlo y sin que nadie haya tomado ninguna medida al respecto. «En España hay una cifra más alta de niños fallecidos yendo en sillita que sin ella. Hace medio siglo que hay datos que avalan que viajen a contramarcha porque se evitan lesiones cervicales o quemazones con el cinturón», explica. «Una cosa es que las sillas más habituales en el mercado sean homologadas y otra es que protejan lo suficiente en caso de accidente», aclara.

Para lograr plena efectividad no debe ir nada suelto en la bandeja trasera «porque todo lo que va en el coche sale proyectado». ¿Y si el niño se marea?  «Los pequeños no se marean y a los que les pasa le va a suceder igual aunque vayan sentados en dirección a la marcha». ¿Y si el impacto, el choque es trasero? Normalmente suelen ser colisiones a poca velocidad, pero aún en caso de que fuesen con mayor potencia hay testimonios que certifican que el peligro es menor», responde Cristina, con tanta seguridad como las sillas por las que apuesta. «Mis hijas, que tienen 12 y 10 años, viajan en sentido contrario, pero en un coche en el que se giran los asientos. En realidad todos deberíamos ir a contramarcha.

Cuentan que no se trata de colocar al revés la silla que ya utilizamos. «Tiene que estar diseñada y fabricada para esa posición porque de espaldas a la marcha todo el esfuerzo lo hace la silla. Ya hay cerca de treinta modelos diferentes».

Me imagino la cara de unos padres cuando en la tienda les aconsejan un modelo de este tipo para que sus hijos sean unos outsiders de la carretera. «La mayoría, los que desconocen su existencia, ponen cara de sorpresa e inquietud y se quedan alucinados al comprobar que es algo que la ley no te exige pero que en otros países es lo habitual y ofrece unos niveles de seguridad altísimos. A algunos los convences y otros, que no lo entienden o no les interesa, se van a comprar la silla a otra tienda porque nosotros solo vendemos estos modelos a contramarcha, cuyo precio es igual que los otros si hablamos de idénticas calidades», explica Alberto, que asegura que cada vez hay más gente informada y las ventas van a más. «Se nota», afirma. «La clave es no pensar en un sistema de retención para tus hijos, sino en un sistema de seguridad». ¿Y la Guardia Civil conoce el sistema? «Sí, y si no se les explica y lo entienden perfectamente», aseguran.

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