Todos quieren al Monstruo de Colores

Es pura emoción y te ayuda a leer dentro de ti. Este personaje está de moda. Lo que nos cuenta nos enseña a hablar un lenguaje universal. Te preguntas ¿qué me pasa? Stop aquí.


¿Miedo a los monstruos? También yo, tanto que me pasé años escribiéndolos sin u para quitarles peso, y eso que crecí con esa bola televisiva de pelo azul que era verla y entrarte un hambre de galletas total. Pero cómo hemos cambiado. También los monstruos, que nos gustan de miedo. Han salido del armario, por dentro se parecen a ti y viven un bum tan emocionante que hasta ven la vie en rose. Aquí tenéis al Monstruo de Colores, de Anna Llenas, que tamén fala galego y te ayuda a expresarte en un lenguaje universal. ¿Te sientes del revés, confuso, aturdido?, ¿brillas como el sol o te dan ganas de llover? Es urgente saber qué te pasa, un tú a tú con ese sentimiento para saber de qué va. «A los niños y a los adolescentes les falta vocabulario emocional», advierte la doctora en psicología Blanca Castro, de la Clínica Valdivia. «A la pregunta ¿cómo estás? -dice- uno puede contestar ?mal?. ¿Pero qué es mal: triste, enfadado, decepcionado?». «Conocer nuestras emociones nos hace la vida más fácil, tengamos 2 o 52 años», asegura Mamen Jiménez, La Psicomami en la Red. Trabajarlas desde la infancia, coinciden las expertas, ayuda a regularlas porque organizadas -palabra de Monstruo de Colores- «funcionan mejor».

Que la procesión vaya por dentro

De cuentos vive el niño que crece feliz.  Pero hay más: «Las ilustraciones y la estructura de los cuentos son muy útiles para identificar las emociones, permiten ver su evolución y su impacto, sus consecuencias», asegura Blanca Castro. «Pensamos con palabras -subraya Mamen-, pero el lenguaje de los niños está en desarrollo. Con colores comprenden donde no tienen palabras. De hecho, una herramienta que se suele emplear en consulta, para trabajar por ejemplo la ira, es un semáforo, para que los niños sean capaces de identificar si están en verde (tranquilos), amarillo ('me empiezo a enfadar') o rojo ('muy enfadado'), y a partir de ahí regular su estado de ánimo (me relajo y me paso al verde)». 

¿Qué papel en este cuento puede tener un padre? Nada menos que el de «modelo de conducta a seguir», dice Blanca Castro. «Como padres, un ejercicio para ayudar a los niños a expresarse y potenciar su inteligencia emocional consiste en decir en voz alta lo que sentimos y hacemos para gestionar esa emoción -explica-. Por ejemplo, en un atasco si un coche nos pita, expresar: bueno, a ver, me estoy poniendo nervioso... pero como no puedo hacer nada, voy a intentar pensar en otra cosa». Pero si nos han enseñado que la procesión debe ir por dentro... «¡Es justo al revés!». Pues venga, que salga el arco iris de la emoción. 

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