La queimada se pone de etiqueta

ATRACCIÓN ESPIRITUOSA Es la única bebida gallega capaz de fascinar incluso antes de probarla. La quema de aguardiente se ha convertido en un gancho turístico de excepción, por eso quieren dignificarla con material autóctono de primera calidad 


El contador de visitas del vídeo que Enrique Iglesias grabó en Galicia sigue en marcha, pero en la promoción de la comunidad le ha salido una ardiente competencia. Unos 25 millones de telespectadores de todo el mundo han visto al hostelero Suso Pais haciendo queimadas en la terraza del café Literarios, en la praza de A Quintana y con la catedral de Santiago como telón de fondo. Los periodistas de la televisión pública japonesa NHK se quedaron con los ojos como platos cuando Pais empezó a remover el orujo en llamas al ritmo del conxuro. Tanto les gustó el ritual que se llevaron sus buenas botellas de Galicia para imitarlo aprovechando una visita de Carlos Núñez al plató de un programa. Medios de Malasia o Ecuador también se han llevado su fogoso reportaje como colofón a unos documentales sobre Galicia, y el exmodelo y presentador argentino Iván de Pineda hizo incluso conexiones en directo con el puchero en la mano para un popular canal sudamericano. Son solo algunos de los hitos mediáticos que dan cuenta de la fascinación que despierta la tradicional queimada gallega, incluso antes de beberla.

   El empresario compostelano ha preparado seiscientas queimadas en los últimos años y ya se ha acostumbrado a la cara de sorpresa de sus clientes, a los que invita a una degustación. «La toman sin problemas», explica. El motivo es bien sencillo. «Todos los países tienen licores de alta graduación, pero la diferencia es que por una botella de Grappa Nonino italiana (licor 43 grados) pagas hasta 90 euros y por un muy buen orujo gallego etiquetado, 18 euros a lo sumo. Y no tenemos nada que envidiarles», dice José Antonio Feijoo, presidente del Consello Regulador dos  Aguardentes e Licores Tradicionais de Galicia.  Y es que si se quema en su punto y el aguardiente es de calidad «no tiene por qué quemar». Otra cosa, explica, es que el acercamiento de la gran mayoría de los gallegos haya sido casi siempre a través de botellas sin etiquetar y, «probablemente, de muy baja calidad. ¿Pero a alguien se le ocurriría hoy en día tomarse un whisky sin etiqueta? Pues lo mismo con el licor café o el aguardiente de las queimadas» , comenta Feijoo, quien sostiene que lejos de estropear el producto, el ritual es una expresión cultural y gastronómica muy atractiva para propios y extraños y beneficia al orujo.  

   

¿LICORES FRÍOS? SOSPECHA 

El consejo regulador ha contabilizado en los últimos años la venta de medio millón de botellas de orujo etiquetadas en la comunidad. «El gran problema es que al mercado salen cada año 14 millones de unidades que, embotelladas en cualquier rincón de España, dicen ser gallegas cuando no lo son». Todo un fraude que asumimos los consumidores y los hosteleros, que siguen haciéndole un flaco favor a los licores al ponerlos como invitación al final de las comidas, depreciando su valor «y además fríos, para que no se note que son malos», lamenta el responsable del consejo.

Este panorama histórico de clandestinidad había relegado a la queimada a ser una bebida de segunda, pero su coste más que razonable ?por 15 euros se puede hacer una degustación con orujo etiquetado para 6-8 personas?, y sus innegables raíces ?que algunos sitúan en los celtas y otros, más escépticos, en el siglo pasado?, la han vuelto a dignificar. Las llamas hacen el resto.

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