«En un viaje me escapé por la ventana porque uno quería casarse conmigo»

Virginia Madrid

YES

De niña soñaba con ser como Tintín y con veinte años se marchó a Managua como reportera de guerra. Con su cámara de fotos, la catalana ha recorrido más de cuarenta países. Una pasión que hoy comparte con su hijo y que compagina relatando las vidas de las grandes mujeres de la historia.

30 may 2015 . Actualizado a las 05:10 h.

Es una de nuestras Indiana Jones más populares. Y aunque lo suyo no es la arqueología, sino captar a través del objetivo de su cámara de fotos las costumbres de las tribus de algún rincón del planeta, ha hecho del viaje su particular forma de vida. Amante de las pequeñas cosas del día a día, Cristina disfruta dando un paseo por la playa con su perro Mac, con una comida entre amigos y buceando. La Morató ya está contando los días para emprender un nuevo periplo. 

-¿Siempre quisiste ser periodista o el periodismo se cruzó en tu vida y te cautivó? 

-Me influyeron mis lecturas infantiles y juveniles. De niña soñaba con ser como Tintín, una intrépida reportera que viajaba por todo el mundo y vivía mil aventuras en lugares exóticos y muy remotos. Después en mi adolescencia llegaron las novelas de aventuras de Julio Verne y de Rudyard Kipling ambientadas en la India, Malasia, Perú, en los desiertos y junglas impenetrables; y claro mi imaginación echó a volar. Ya a los 17 años tuve claro que quería ser reportera y recorrer con mi cámara de fotos todos aquellos escenarios que me resultaban tan atractivos.

-Has viajado a más de 40 países, ¿con cuál de todas tus aventuras por el mundo te quedas?

-El viaje que más me ha marcado fue el que hice en 1985 al antiguo Zaire, hoy la República Democrática del Congo, donde permanecí nueve meses trabajando como intendente de la Cooperación Sanitaria Española en el hospital de la ciudad de Buta. Mi vida allí nada tuvo que ver con la película Memorias África, pues tenía a mi cargo a veinte trabajadores nativos, que al poco de llegar me apodaron Madame Matata que en swahili significa «mujer problema». Me tocó despedir a algunos empleados que nos robaban el material. Me encargaba del almacén de víveres, de organizar los menús de las comidas del personal médico y de comprar los recambios de los jeeps que utilizábamos. Fue una experiencia única, porque descubrí la fuerza y el valor de sus mujeres. Todavía hoy en el África subsahariana, la mujer es el motor de la sociedad.