Porta do Sol: el mutante kilómetro cero de Vigo

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

El derribo de la muralla en 1861 abrió un amplio espacio que se ha convertido en punto de encuentro

04 oct 2026 . Actualizado a las 00:14 h.

«El punto en donde estamos está sin bautizar, el nombre no se sabe de un modo así oficial. El pueblo, sin embargo, alcuño dióle ya, y aunque se ponga otro por nuestra autoridad Puerta del Sol será». Así señala el libro de 1879 Guía del forastero en Vigo escrita en verso por unos cuantos haraganes para referirse a la nueva plaza que se abría donde estuvo hasta 1861 una de las puertas orientales de Vigo. Y realmente, ocurrió lo que decía el verso porque, entre 1936 y 1978, la Porta do Sol tuvo la denominación oficial de plaza del Capitán Carreró, aquel militar que salió a la calle el 21 de julio de 1936 para posicionar a la guarnición militar viguesa con la sublevación del general Francisco Franco. Antonio Carreró ordenó aquel día realizar los primeros disparos tras el golpe de Estado de 1936. En la farmacia que se sitúa en la esquina con la calle de Carral todavía se puede ver una bala, incrustada en la madera de una figura que da paso a la rebotica. Y a pesar del cambio de denominación, la mayor parte de la población siguió refiriéndose a ese espacio como Puerta del Sol, antes de galleguizar su nombre.

Es este lugar el kilómetro cero de Vigo. Le viene el sobrenombre del momento en que de allí partía la carretera que concluía en las afueras de Madrid, el primer vial decente que tuvo Vigo para conectarse con la Meseta.

La caída de las murallas cambió radicalmente la distribución de aquel espacio. Desaparecieron las calles de Antequera y la Soledad y, años después, también cayó la fila de casas que cerraba el tránsito hacia el oeste por donde hoy se abre el inicio de Elduayen. En aquella época, la calle del Pracer llegaba hasta la plaza de la Constitución. La referida puerta daba acceso a los habitantes de la villa a la fuente de los Tornos, ya desaparecida y que estaría en la inmediata calle de los Caños.

Dentro del espacio que hoy alberga la plaza existió otra fuente. Se trataba del surtidor de Neptuno, ubicado aproximadamente donde hoy se sitúa el quiosco de lotería de la plaza. Era monumental y estaba coronada por una estatua del dios Neptuno, que actualmente se encuentra en los jardines del pazo Quiñones de León. Se nutría del agua que descendía de O Castro. Hoy se puede ver parte de esa canalización en las escaleras de la calle dedicada a la Segunda República, un vial que en el Vigo amurallado era conocido como la ronda porque por allí recorrían el perímetro urbano las personas encargadas de vigilar la localidad por la noche.

La puerta estaba situada a los pies de la actual estatua del Sireno, realizada hace treinta años por Francisco Leiro, dentro del plan de modernización de la estatuaria urbana impulsado por el alcalde Manuel Soto.

Este espacio ha ido cambiando notablemente a lo largo de los años. Tras el derribo de las murallas, acogió, en el solar donde hoy se levanta el Edificio Simeón, de los hermanos Gómez Román, un mercado de verduras, legumbres y frutas, proyectado por el arquitecto Justino Flórez. Funcionó hasta 1904. Allí, estuvo, a mediados del siglo XIX, la conocida como «casa de bombas», cuarto donde se guardaban los utensilios comprados por el Concello para apagar incendios cuando aún no había cuerpo de bomberos.

Por la plaza transitaron vehículos de tracción animal y motor, tranvías y autobuses hasta hace unos años, no en vano, desde 1890 servía como prolongación de la circunvalación de la población, ya que unía la carretera de Pontevedra con la que iba hacia Baiona.

Ese tráfico se detuvo poco antes de la pandemia de cóvid, cuando el actual gobierno municipal, presidido por Abel Caballero, decidió emprender la construcción de un túnel que resolviese el tránsito de vehículos desde Policarpo Sanz hasta el paseo de Alfonso XII, convirtiendo en peatonal la plaza. Con ese cambio de usos, la Porta do Sol se ha transformado en un espacio público donde, llegada la Navidad, se levanta el famoso árbol metálico y las luces artificiales lo dominan todo. También ahí se realizan conciertos.

La anexa plaza de la Princesa tuvo vida propia como tal hasta la caída de las murallas. Antes, durante siglos, allí se situó un mercado, centrado en la venta de cereales, por eso se le llamó plaza de la Alhóndiga, y el despacho de carne, una concesión municipal que se renovaba anualmente. Poco antes de que adquiriera el nombre actual, también fue conocida como plaza de la Pescadería. Su actual denominación fue oficializada el 11 de abril de 1852, poco después del nacimiento de Isabel de Borbón, conocida como La Chata. Todavía no había nacido su hermano Alfonso, que finalmente reinaría, por lo que la princesa se quedó en infanta. Una placa de mármol recuerda el momento.

Esta plaza, además de poseer una de las fuentes herederas del surtidor de Neptuno, la conocida como Fuente del Angelote, dedicada a la Reconquista de 1809, acogió el primer teatro estable de la ciudad. Perteneció a Norberto Velázquez Moreno, el hombre que tocaba casi todos los sectores económicos y políticos en la ciudad. Estuvo activo desde 1832 hasta la apertura del Teatro Circo Tamberlick, ya en la década de los ochenta del siglo XIX. Los cronistas de la época lo describen como un buen teatro, que tenía un aforo para 500 espectadores.

Esta misma plaza da entrada al edificio que acoge la Casa Galega da Cultura, que hasta 1976 fue la casa consistorial de la ciudad. Hoy en día, alberga la Fundación Penzol, centro imprescindible para los estudiosos de la cultura gallega. El edificio fue proyectado a comienzos de la segunda mitad del siglo XIX por el arquitecto José María Ortiz. Llegó a tener un observatorio meteorológico.

El paso de esta plaza hacia la calle de Joaquín Yánez, en otros tiempos conocida como Imperial, se realiza a través del túnel de Quirós. En la última actuación realizada sobre ese edificio, los expertos documentaron un segundo túnel anexo, al tiempo que rehabilitaron los espacios habitacionales superiores. En Vigo hubo tres pasadizos de este tipo, ideados para enlazar dos casas de un mismo propietario sobre una calle. Junto al de Quirós, que alude al apellido de su propietarios, hubo otro en la calle de la Oliva, para unir dos edificios del palacio de los marqueses de Valladares, y un tercero, que estuvo en la actual calle de los Cestos y fue derribado ya en el último tercio del siglo XIX.