Nuevos espacios especializados y un mayor interés impulsan la demanda
06 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Son casi las seis de la tarde y en el fondo de la tienda Mazinger un grupo de jóvenes rodea un tapete cubierto de cartas ilustradas. «Estamos jugando a Magic», explica uno de ellos mientras continúa la partida. Entre los jugadores está Andrés. Llegó por primera vez hace tres años buscando un lugar donde compartir una afición que acababa de descubrir: «Vengo para estar con amigos, conocer gente nueva y olvidarme de los problemas de fuera, de la vida», comenta mezclando las cartas que sostiene entre las manos.
Esta escena se repite cada vez más en establecimientos de Vigo y su área metropolitana gracias a la expansión de tiendas especializadas y al interés por los juegos de mesa. Según la Asociación Española de Fabricantes de Juguetes, en el 2024 representaron el 16,4% del mercado, frente al 10,8% que suponían en el 2015.
En ciertas tiendas, disponer de una zona de juego es una «condición sine qua non» para fidelizar a los aficionados, sobre todo en títulos competitivos, como dice José, responsable de Customeeple. La tienda comenzó como un negocio en línea especializado en miniaturas y accesorios, pero terminó abriendo un local físico al comprobar que Vigo carecía de un espacio de referencia para este tipo de ocio.
Del mismo modo, Alpaca Chinchona, inaugurada en Vigo en 2024, nació con una idea muy clara: crear un espacio donde jugar y comprar. «Queríamos una ludoteca, un lugar donde compartir y jugar», explican sus fundadores. Desde entonces reciben a familias, grupos de amigos y personas que acuden con sus propios juegos o los adquieren allí prestados. Entre los títulos más demandados destacan los de la saga Exploding Kittens.
«Estamos tan metidos en el mundo digital que la gente está volviendo a lo físico», resume Aldara Jamardo, trabajadora de Mazinger.
Incluso hay espacios dedicados en exclusiva a reunirse para jugar. Pocas personas han visto evolucionar este mundo tan de cerca como José Ramón Vilas Cruz, conocido entre los aficionados como Cheyenne. Después de 21 años al frente de uno de los espacios de referencia para jugadores, asegura que el cambio ha sido radical: «Hay dos grandes diferencias respecto a cuando empezamos: ahora hay mucha más gente y la participación femenina ha subido muchísimo», explica Ramón Vilas. No es extraño que muchas personas lleguen solas por primera vez: «Entre el 70% y el 80% vienen sin conocer a nadie y terminan encontrando aquí su grupo de juego».
Son grupos como el de Andrés, en el que encontró una forma de compartir mucho más que una partida de Magic: «Yo no tendría amigos si no fuese por las cartas», admite el jugador. Porque, como dice Patricia Villanueva, presidenta de la asociación Esbozos, donde organizan torneos de juegos de mesa: «Siempre hay un juego para cada persona. Lo importante no es solo jugar, sino todo lo que ocurre alrededor de la mesa».
Más puntos fuera de Vigo
Hace apenas unos años, quienes vivían fuera de Vigo tenían pocas opciones para comprar juegos de mesa especializados sin desplazarse hasta la ciudad. Esa situación ha comenzado a cambiar.
En mayo abrió sus puertas Máis que Xogos, en Ramallosa. Su propietario, Rubén Bruno, asegura que la idea nació casi por casualidad, cuando la afición compartida con su hijo empezó a ocupar cada vez más espacio en casa, pero también detectó una necesidad en la comarca: «Pensábamos en los adolescentes que no son de fútbol y necesitaban una alternativa saludable a las pantallas. No había nada parecido en O Val Miñor», explica. Apenas unos meses después de abrir, reconoce que la respuesta ha superado sus expectativas.
Algo similar ocurrió en La Revancha, en Redondela. Andrea Fernández, su fundadora, llevaba años desplazándose hasta Vigo para jugar y comprar juegos de mesa. Esa experiencia la convenció de que existía un hueco por cubrir. Hoy, además de clientes de la localidad, recibe visitantes de municipios cercanos e incluso peregrinos que recorren el Camino de Santiago.
Repercusión en las fábricas
Los fabricantes experimentan también el aumento de la demanda. A esto apunta Antonio Fernández, creador de juegos de mesa artesanales, aunque admite que «mi público busca algo distinto, no tan comercial. La gente que compra juegos de artesanía ya es más para compartir con niños», explica.
Irimia Fernández, fundadora de Brazolinda, una fábrica de juegos de mesa en gallego añade: «Nas familias sempre houbo interese, pero agora enténdese que os xogos serven para motivar, educar e aprender. O dixital dá moita soidade, o xogo permite socializar e compartir ese tempo xuntos».
El juego de mesa, una herramienta para educar y fortalecer los vínculos sociales
Los juegos de mesa han dejado de ser únicamente una forma de ocio para convertirse también en un recurso educativo. Así lo defiende la pedagoga María Couso, que destaca que una simple partida permite trabajar habilidades que van mucho más allá del propio juego.
Respetar los turnos, seguir unas normas o aprender a esperar son algunos de los aprendizajes que se desarrollan alrededor del tablero. «Esa espera resulta clave para fortalecer la tolerancia a la frustración, mientras que la interacción constante con el resto de jugadores favorece la empatía y la capacidad de ponerse en el lugar del otro», explica la pedagoga.
Al mismo tiempo, mantener la atención durante toda la partida ejercita la concentración y ayuda a desarrollar funciones ejecutivas.
El componente educativo también se refleja en competencias más académicas. Leer las instrucciones, por ejemplo, desenvuelve la comprensión lectora y habilidades lingüísticas; contar los puntos o realizar cálculos sencillos ponen en práctica destrezas matemáticas.
Lejos de perder protagonismo en una sociedad cada vez más digital, los juegos de mesa viven un momento de auge. María Couso atribuye este fenómeno, en parte, a la creciente preocupación de muchas familias por el exceso de pantallas. «No basta con decirle a un niño que no utilice un dispositivo, hay que ofrecerle alternativas», indica la pedagoga.
Además, María Couso señala otro factor: la irrupción del aprendizaje basado en juegos (ABJ), una metodología que ha impulsado la presencia de los juegos de mesa en las aulas y fuera de ellas con iniciativas como los patios dinámicos o la iniciativa mochilas jugamos. Estas permiten a los alumnos llevarse cada semana distintos juegos a casa para compartirlos con sus familias. Una fórmula que, según la pedagoga, responde a una demanda creciente de propuestas de ocio compartido, alejadas de las pantallas y centradas en la interacción personal.