Luisa Sánchez (PP): «Vigo no tiene lo que se merece, aunque ahora se conforma con muchas cosas»
VIGO CIUDAD
«Voy a por todas para ser alcaldesa el año que viene, y en el 2031, seguro», dice la candidata del PP y vicepresidenta de la Diputación, que advierte que no desaparecerá del mapa si no gana ya
06 sep 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Su abuelo materno y sus tíos fueron alcaldes de Entrín Bajo, su pueblo. Y el tatarabuelo de su marido, Manuel Verde, lo fue de Vigo en el último cuarto del siglo XIX, cuando con bastón de mando en mano recibió a pie de ría a Julio Verne. «Yo voy a pelear por ser alcaldesa de Vigo, ese es mi objetivo. Soy competitiva, me fijo objetivos y peleo por ellos», proclama ya de entrada Luisa Sánchez (Badajoz, 1967), vicepresidenta de la Diputación de Pontevedra y líder del PP vigués. «Un resultado insuficiente en las elecciones del año que viene a mí no me va a desincentivar, no me va a hacer desaparecer del mapa político, no voy a tirar la toalla, pero quiero meterle un bocado a todos los concejales que pueda en el 2027», dice en un aviso hacia adentro y fuera de su partido en respuesta a quienes creen que no podrá amenazar la sobrada mayoría absoluta de Abel Caballero.
«Me han dado coces los burros, he toreado carneros, de niña me subía al pico más alto y al árbol más grande. Siempre fui un Juan Sin Miedo», cuenta Sánchez, convencida de que la infancia vivida y la educación absorbida moldean lo que acaba siendo cada uno. «Yo soy de pueblo», declara como principio, para hacer ver que toda la construcción personal a partir de ese origen requiere de la misma entrega intensa que asegura va a ofrecer a los vigueses en la campaña electoral que anuncia ella comenzará pronto.
Su patrón a seguir apunta que es el de sus padres: «hijos de familias humildes que vivían del campo. Mi madre es una mujer muy concienzuda, y en eso creo que me parezco a ella», continúa la presidenta del PP vigués. Su padre, «que según mi madre era el Paul Newman de la zona, vivía en el pueblo de al lado, en Corte de Peleas», añade de nuevo como prueba de que todo tiene influencia, hasta la impronta de un topónimo.
Luisa Sánchez dejó Entrín Bajo a los nueve años para hacer EGB y bachillerato en el internado de un pueblo mayor, donde las habitaciones iban reduciendo el número de alumnas según iban superando cursos. «Todo estaba muy definido. Había horarios para todo». A esa vida estudiantil cronometrada achaca ser «tan cartesiana. Soy tremendamente organizada», continúa así su propia definición para que tomen nota los vigueses. «Y muy competitiva», repite, y lo demuestra hablando de su etapa de atleta que compitió a nivel nacional en 100 metros y en la segunda curva del 4x100.
«A Vigo llegué por amor, siguiendo al que era mi novio y ahora es mi marido», declara al explicar cómo una extremeña que se convirtió en licenciada en Derecho y letrada asesora de empresa en Madrid, acabó en la esquina noroeste del mapa.
Vendió bonos para el Banco de Santander, trabajó en auditoras y desde 1996 al 2023 convivió con las cuentas de Povisa, participando incluso en el proyecto para que el mayor hospital privado de España crease su propia facultad de Medicina. «Me dio muchísima rabia que se nos negase esa oportunidad», dice aludiendo a la que fue su empresa y a Vigo, «que tiene un potencial que no se está aprovechando. Se está convirtiendo en una ciudad cerrada, de confrontación con otras administraciones. Hasta hemos perdido tener la Agencia de Inteligencia Artificial porque el alcalde no se propuso defenderla», entra ya a matar en su papel de líder de la oposición y candidata.
«Vigo ha sido el motor de Galicia, pero creo que le están adelantando por la derecha. Es muy triste». Como las antecesoras de su partido, ve hartazgo en la ciudad, de los empresarios en especial, como del mundo de la cultura respecto a las formas y maneras de Abel Caballero. «Es un populista que no cumple lo que promete. Pero Vigo no merece el secuestro al que la somete una sola persona y tampoco la ciudad nació en el 2007», apunta citando el año en el que el socialista se convirtió en alcalde.
«Vigo no tiene lo que se merece, pero ahora se está conforma con muchísimas cosas, y es una pena, porque el vigués no es conformista», diagnostica.
Luisa Sánchez propone un Vigo molecular: el centro y 17 parroquias, con las infraestructuras esenciales en cada una de ellas como las que pueda tener un pueblo: colegios, centros de mayores... «Café para todos», dice recuperando el lema Manuel Clavero Arévalo, el ministro de Regiones de UCD que arbitraba en los setenta la avalancha de peticiones de autonomía.
«Hay que garantizar calidad de vida y un buen transporte que conecte con el centro, porque Vigo necesita una mejor conectividad que nos haga más competitivos», afirma, a la vez que pone al aeropuerto como una de sus preocupaciones. «Hay que abrir las ventanas del ayuntamiento y levantar las alfombras», promete aunque en su discurso no afloren matizaciones partidarias ni ideológicas, salvo cuando cuenta cómo a su abuelo estuvieron a punto de fusilarlo «los rojos» (sic) el día antes del final de la Guerra.
«Canto muy bien, toco la guitarra, y cocino de rechupete, puchero, guisos de pescado y arroz de marisco caldoso», sigue desnudándose Luisa Sánchez, aunque con sus tres años en política considera que ya es de sobra conocida en Vigo. «¡Quiero ser alcaldesa! Me gustaría ver ese titular», prueba suerte al despedirse.