Patrullas policiales conversaban ayer con personas que pernoctan en la terminal. El Concello ha reclamado una intervención a la Xunta
31 ago 2026 . Actualizado a las 05:00 h.El desalojo de decenas de personas sin hogar que ocupan el porche de la nueva estación de autobuses de la Xunta, junto al centro comercial Vialia en Vigo, parece más cerca. El Concello de Vigo ha solicitado a la Xunta, dueña de la terminal, la retirada de los indigentes que ocupan de forma precaria las instalaciones públicas de transporte y podría llevarse a cabo una operación para despejar la zona.
Ayer mismo pudo verse a patrullas de la Policía Nacional hablando con los sintecho que estaban acomodados sobre unos cartones tendidos en el suelo. A las puertas de la estación se han vivido algunos episodios de tensión entre estas personas que utilizan los baños públicos, viajeros y trabajadores de la terminal.
Desde hace un año, numerosas personas sin hogar han instalado sus enseres, cartones y sacos de dormir en el exterior de la estación de Vialia, que fue inaugurada en el 2022. De forma progresiva, la entrada de las instalaciones fue convirtiendo en una alternativa habitacional por varios motivos. Por un lado, la sala de espera está abierta hasta altas horas de la madrugada, por lo que pueden dormir en las butacas del interior, dotado de calefacción. Pasan tres horas a la intemperie, pero bajo un porche que los protege de la lluvia. Cuando reabre la estación, a las cinco o seis de la madrugada, regresan a las filas de butacas. La sala de los pasajeros dispone de aseos y máquinas dispensadoras de café o snacks. Otra ventaja es que todo el perímetro del centro comercial cuenta con vigilancia privada y los guardas hacen rondas nocturnas. Al menor conflicto, dan la alarma. Y, finalmente, este alojamiento precario se halla situado en pleno centro de Vigo.
Los indigentes argumentan que el precio del alquiler se ha encarecido y que les resulta difícil, por no decir imposible, encontrar una habitación con la ayuda social que cobran. También explican que el albergue municipal carece de camas suficientes y hace rotar a los usuarios cada pocos días, obligándoles a mudarse a otro lugar, por lo que no tienen estabilidad.
Algunas de las personas que viven en la estación padecen problemas psiquiátricos, otros van por libre y prefieren no estar registrados. En otros casos, vienen rebotados del campamento de la antigua estación de autobuses de la avenida de Madrid.