La obra en la línea del Miño bloquea al Celta hasta Valença durante un año
01 sep 2026 . Actualizado a las 01:21 h.En castellano, en gallego y en inglés. Los altavoces de la estación de Vigo-Guixar certifican a primera hora de la mañana y a media tarde la conversión de Renfe de operadora ferroviaria a compañía intermediaria de autobús. «¡Atención! Este tren circulará por carretera», se anuncia por la megafonía en los tres idiomas. La mayoría del pasaje aguarda en la calle a la llegada del bus, en ocasiones dos, en el que harán el recorrido hasta la estación de Valença do Minho.
Desde el 7 de abril no circulan trenes por la línea del Miño entre Vigo y Redondela y desde esta localidad pontevedresa al nudo de Guillarei (Tui). Y no volverán a hacerlo hasta dentro de ocho meses, según el calendario de trabajo que sigue el ADIF para modernizar el trazado.
«Está visto que no te puedes guiar por la Inteligencia Artificial tampoco para comprobar las conexiones de trenes», dice Piluka, llegada a Vigo desde Jerez junto a su padre y hermano para comenzar en Tui el Camino. «Resulta que nos llevan en autobús hasta Valença y luego tendremos que ir andando al otro lado de la frontera», dice para advertir que las aventuras comienzan para los tres antes de empezar a peregrinar.
La estación se convierte a simple vista en una muestra de razas y nacionalidades a la búsqueda del único tren internacional que existe entre España y Portugal (al margen del meramente local Elvas-Badajoz). Las mochilas que se acumulan ante los asientos de la segunda estación viguesa demuestran que el Camino le garantiza un tráfico de ida y vuelta nada desdeñable. Casi 100.000 viajeros lo utilizaron el año pasado, pese a las dos horas y veinte minutos de su trayecto hasta Oporto, el traqueteo de sus vagones y una antigüedad acumulada en el material rodante que a punto está de convertirlo en tren histórico.
«Podía haber alguna frecuencia más, tres al menos», considera Antonio Salazar, un joven de Famalicão, dispuesto a viajar hasta la estación de la freguesía de Nine, en su municipio de residencia. «El tren Celta es muy importante para la conexión entre las dos regiones. Hay mucha gente que tiene que ir de un lado al otro de la frontera», añade para dar más argumentos a su petición de refuerzo del servicio. Hacer el primer tramo en bus no le genera complicaciones. «Te recogen en la estación de Vigo y te dejan en la de Valença. No es mayor problema, aunque siempre sería más cómodo hacer todo el viaje seguido», explica.
«El plan de transporte alternativo para garantizar la movilidad de los viajeros se está desarrollando con toda normalidad, sin incidencias y manteniendo la puntualidad», aseguran portavoces de Renfe. La compañía se gastará 862.950 euros para abonar a la empresa Autocares Iglesias los dos servicios de autobuses diarios de ida y los consiguientes regresos desde Valença, además de una extensión añadida para unir con taxis y VTC la estación de O Porriño con la parada del bus situada dos calles más arriba, al no poder acceder por espacio los transportes colectivos a las instalaciones de Renfe en la localidad.
«Es un pequeño inconveniente, nada más», dice desde la fachada de la estación, y con la vista puesta en la calle para quedarse tranquilo de que no pierde el autobús, Manuel, de Alcoy, que junto a su mujer culmina las vacaciones veraniegas en Galicia.
«Está bien. No hay problema con coger el autobús, está perfecto», se suman Arlindo y Dorothy, daneses a punto de comprobar que el tren de Oporto circula ahora por carretera.
Renfe constata que la demanda de billetes para el tren Celta se incrementa en los meses de verano, aunque las dificultades para conocer si funciona o no con normalidad le han restado demanda en los últimos tiempos. Al corte actual, con un año previsto de duración, se une el que en agosto del año pasado sufrió el mismo tren por una circunstancia inverosímil: los automotores de la serie 592 alquilados por Comboios de Portugal a Renfe, los denominados camellos, de casi 40 años de antigüedad, estaban próximos a alcanzar el límite de kilometraje anual antes de requerir actualizaciones costosas, por lo que la compañía lusa estableció en Viana do Castelo el fin del trayecto desde Oporto-Campanhã con otras unidades eléctricas, lo que obligaba a hacer un transbordo en el Celta desde la estación intermedia para culminar el recorrido hasta Vigo.
El vetusto tren amarillo sigue siendo, en todo caso, una opción con demanda, como se podía constatar el pasado viernes por el alto nivel de ocupación con el que partieron los dos autobuses. De la carretera surge, sin embargo, la principal amenaza para el tren transfronterizo, al menos hasta que no se haga realidad la alta velocidad entre los dos países, como mínimo hasta el año 2033. Junto a la estación de Urzaiz parten cada jornada hasta 18 autobuses de tres compañías con destino a Oporto, muchos de ellos con parada en el aeropuerto Sá Carneiro, en cuya fachada se rotula un carril exclusivo para los buses de Galicia.
Comboios de Portugal planeó suprimir el tren fronterizo en dos ocasiones
A la estación de Valença llegan todos los días 13 trenes del norte y centro de Portugal, pero solo las dos frecuencias del Celta traspasan la frontera. Comboios planeó en el 2005 la suspensión del servicio ante la caída de la demanda por la competencia de las nuevas conexiones viarias entre Galicia y el norte de Portugal. La contestación social llevó a la transportadora lusa a cejar en su empeño, pero solo hasta el 2011, cuando lo volvió a plantear. Renfe se hizo cargo entonces del coste de circulación de los automotores portugueses en territorio gallego, lo que facilitó su continuidad. En el 2013 se suprimieron paradas intermedias para recortar tiempos, pero las tres más relevantes se retomaron cuatro años después.