La revolución mecánica que mueve a Vigo: «Ahora reconozco que es muy práctico»
VIGO CIUDAD
Rampas y ascensores transforman la movilidad peatonal para salvar las cuestas de la ciudad. Tras más de cien millones de inversión y diez millones de usos al año, suma nuevos proyectos
30 ago 2026 . Actualizado a las 21:22 h.Vigo siempre ha obligado a mirar hacia arriba. Desde las calles próximas al mar, buena parte de la ciudad asciende por laderas que convierten trayectos de apenas unos cientos de metros en pendientes exigentes. Subir desde García Barbón hacia la estación de Urzaiz, remontar la Gran Vía o pasar de una calle a otra situada en una cota superior forma parte de la rutina de generaciones de vigueses. Para una persona joven puede ser simplemente ejercicio, pero para alguien mayor o con problemas físicos puede convertirse en calvario. Esa geografía en cuesta no ha cambiado, pero sí la manera de recorrerla.
La ciudad está configurando una red creciente de rampas mecánicas, ascensores y escaleras que están transformando la movilidad urbana. El Concello cifra en más de cien millones de euros la inversión realizada ya en el programa que lleva por nombre Vigo Vertical, con 70 elementos instalados y alrededor de tres kilómetros de recorrido, y que se ha convertido en una de las grandes apuestas del alcalde Abel Caballero.
Barrios conectados
El Halo es probablemente su expresión más espectacular. Durante su horario de funcionamiento, el trasiego de viajeros sobre los elevadores que sobrevuelan la autopista AP-9 es constante y las colas para acceder son habituales. El superascensor permite salvar en apenas unos segundos el desnivel entre la parte baja de la urbe y el entorno de Vialia, dos zonas que antes obligaban al peatón a dar un largo rodeo. Pronto se llegará a él a través de unas rampas que se recorren Serafin Avendaño (1,7 millones más para salvar un desnivel del 10 %).
Juan José Perea esperaba esta semana su turno para subir en el Halo. Sacerdote y vecino de Vigo desde hace nueve años, se dirigía desde García Barbón hacia la iglesia de Fátima. «Para mí, supone una gran ventaja», explica. Antes tenía que desplazarse hasta el comienzo de Alfonso XIII y realizar un recorrido en zigzag para ganar altura. Ahora sube directamente. «Supone un ahorro de tiempo, de distancia y de esfuerzo físico», explica. La diferencia queda resumida en los 26 segundos que tarda el ascensor frente a los cinco o diez minutos adicionales que podía necesitar anteriormente.
En la misma cola esperaba María. Reconoce que no es una usuaria intensiva, porque le gusta caminar y todavía puede hacerlo sin dificultades, pero admite que su percepción del Halo ha cambiado con el tiempo. Al principio fue crítica porque veía demasiado cemento y no le convencía la transformación del entorno. «Ahora reconozco que es muy práctico», dice mientras observa a cantidad de viajeros que lo utilizan cargados con maletas.
Las cifras municipales ayudan a medir ese éxito. El ascensor registró 1,77 millones de usos en el último año y el conjunto de Vigo Vertical superó durante el 2025 los diez millones de desplazamientos, con 10.097.278 usos contabilizados en una veintena de instalaciones.
Pero quizá sea en la Gran Vía donde mejor se entienda el cambio que estas infraestructuras provocan en la vida diaria. El bulevar asciende desde Urzaiz hacia Praza de España con una pendiente prolongada que durante décadas hubo que afrontar exclusivamente a pie. Hoy, las coloridas rampas permiten recorrer buena parte de esa subida prácticamente sin esfuerzo. El tramo entre Urzaiz y Praza de España acumuló cerca de 2,5 millones de usos durante el 2025.
Allí caminaban estos días Juan y su madre Julia. Él la acompañaba del brazo para dar un paseo desde la residencia en la que se encuentra hasta la calle Venezuela. Las rampas permiten a la mujer salvar una pendiente que le resultaría complicada. «Nos vienen bien porque nos ayudan a poder subir», explica Juan. Su experiencia muestra también la otra cara de una red de la que muchos usuarios han terminado dependiendo: ese día, uno de los elementos no funcionaba. «Con frecuencia están estropeadas. Hágalo constar», reclamaba.
Luisa Fernanda Méndez Pérez conoce bien el Vigo anterior a las rampas. Ahora vive en la calle Ecuador, pero de niña residía en Areal y recuerda perfectamente las subidas. «Era una buena tirada, te mantenía en forma», comenta con humor. Utiliza las rampas de Gran Vía siempre que puede y considera que han hecho mucho más cómoda una zona caracterizada por pendientes muy pronunciadas. «Para mí es positiva», resume. En una ciudad con la orografía de Vigo, sostiene, «hacía falta».
Nuevos proyectos
La red se extiende mucho más allá del Halo y la Gran Vía. Hay ascensores, rampas o escaleras en Torrecedeira, Camelias, Pizarro, Travesía de Vigo, Teis, Lavadores, Romil o el entorno de la estación. Algunos elementos permiten salvar grandes diferencias de altura; otros resuelven recorridos más cotidianos, como alcanzar un centro de salud, un colegio o comunicar dos calles próximas que el desnivel mantenía mucho más alejadas para el peatón. Entre los elementos con mayor utilización aparecen también Carral, con 786.896 usos; Porta do Sol, con 769.325; la conexión de avenida de la Estación con Urzaiz, con 669.222; y el ascensor del parque Camilo José Cela, con 520.506.
Vigo Vertical sigue sumando piezas. La incorporación más reciente son las rampas de Pintor Colmeiro, que ha empezado a funcionar esta semana. Llegan poco después de las de Pintor Lugrís. Las que bordean el Ayuntamiento por el paseo de Granada han tomado velocidad de crucero y pronto se licitarán las que continúan por toda la Gran Vía. Suma y sigue.