El artista recupera bajo una estética soviética iconos olívicos que se perdieron
19 ago 2026 . Actualizado a las 15:40 h.Entre los planes que pueda tener en mente un licenciado en Periodismo cuando acaba cuarto de carrera no está dedicarse los siguientes veintiún años de su vida a cuidar de un familiar encerrado en casa. Eres joven y pretendes comerte el mundo, pero la vida a veces te lo impide. A Hugo Izarra, el año 2002 el quedó marcado a fuego en su vida. Su padre, Felipe, sufrió un ictus que le dejó inútil la parte izquierda de su cuerpo. Se volvió dependiente, su hijo y su mujer se ocuparon de él. Tras 21 años de lucha, su padre fallece y, despues de haber renunciado a muchas cosas en todo ese tiempo, fue cuando salió a un Vigo que no conocía. De tener un sitio en el que recordar la ciudad en la que fue creciendo, nació Vigo Desaparece, una cuenta de Instagram en la que publica ilustraciones de antiguos comercios y lugares «presentes en la memoria local y cultural de los vigueses».
Tras el fallecimiento de su progenitor, Izarra contacta con Miguel Núñez, un compañero fotógrafo que conoció en sus prácticas de la carrera, para llevar a cabo el proyecto precursor del actual, Vigo Fantasma. Durante un año, ambos fotografiaban «la memoria de un antiguo Vigo». Después sde un tiempo de relación profesional deciden separar sus caminos y es ahí cuando Hugo lanza una iniciativa más personal. Fue el primer proyecto que le ayudó a asimilar el duelo de la pérdida, reconoce. «En los años que cuidé a mi padre renuncié muchas cosas, y el último Vigo que recuerdo es el de mi infancia, el de los 80 y 90» antes de marcharse a Madrid a estudiar Periodismo. No fue lo que él hubiera querido, pero era lo que su padre le animó a hacer. A inicios del 2025, Núñez decide abandonar Vigo Fantasma e Izarra se vio absorto en otro vacío que le dejó meses «tocado sin saber qué hacer». Para él, aquel proyecto lo era todo, era el motor de su vida, lo que le llenaba. Tras pasar por nuevas fases de duelo, apostó por continuar ese trabajo, pero esta vez con un tono diferente. En abril del mismo año surge Vigo Desaparece, manteniendo la idea y el propósito de mostrar los ecos de la ciudad que ya no están presentes. Para diferenciarse de otras cuentas con contenidos similares, decidió presentar su obra no como simples fotografías sino como ilustraciones con significado simbólico.
Tras un proceso creativo y «sesudo», rescató del baúl de la historia conceptos e ideas de la cartelería de principios del siglo XX. Una época en el que la propaganda estatal bélica acaparaba la atención de las naciones. De entre todos los formatos trabajados el siglo pasado, por una cuestión de gusto personal, se inspiró en la cartelería soviética, con una geometría muy marcada y esquemática. Reconoce que él intenta acercarse eso, aunque en algunas ocasiones admite que más bien son intentos más bien fallidos que acertados.
Ciertamente, el rojo no es un color que guste demasiado al público, apunta el artista. En más de una ocasión ha recibido peticiones para que comparta una ilustración con otro color, pero consdiera que «la obra es inamovible». Hugo justifica la elección del rojo por dos motivos: el primero, la bandera viguesa, emblema de la ciudad conformada por el rojo y el blanco; y el segundo es histórico, viene del alma obrera que define a Vigo. Él creció en Coia en los 80, «que no dejaba de ser un barrio obrero que se llenaba de emigrantes que llegaban a la ciudad buscando trabajo y oportunidades», detalla. El rojo es, además, el color por excelencia de los movimientos obreros.
Para la elaboración de las publicaciones, Izarra se recorre Vigo en busca de rincones o establecimientos. Los fotografía desde diferentes puntos y luego los reconstruye para adaptarlos a su estética. Para enriquecerse a la hora de realizar adaptaciones fidedignas acude a archivos históricos como el de Pacheco. En su cuenta ya ha publicado locales icónicos como Las Tres BBB, la discoteca Código de Barras, la churrería de plaza de Compostela o el Balaídos de los 70, irreconocible tras la nueva reforma.
Un ventana al recuerdo
Vigo Desaparece no es solo un mural en redes en el que un periodista de carrera ilustra lo que era para él Vigo. Se ha convertido en un espacio en el que su «ciudad ya no va a desaparecer». Como él, son muchos los vigueses que crecieron o vivieron la explosión de la urbe de las últimas décadas del siglo pasado y, cuando Hugo les devuelve al recuerdo librerías o comercios, dejan su impronta con comentarios hablando de sus dueños o de alguna anécdota de ellos en los mismos. «Esa es la parte más bonita, porque entre las publicaciones y los comentarios se les hace el mejor homenaje posible a esos negocios históricos que parecía que iban a perdurar generaciones pero que este siglo nos ha arrebatado», sentencia.
Plataforma para expandir la cultura
De la mano del diseñador Diego Durán, amigo de Hugo, ante la demanda y el interés del público han fundado Kulturismo, un proyecto cultural y creativo multidisciplinar que reúne creación, edición y contenidos. A través de la galería de este portal los interesados podrán comprar las ilustraciones de Izarra y otros artistas.