«Lo increíble es que el secuestro del trasatlántico Santa María ocurrió, no hace falta exagerar»
VIGO CIUDAD
José Ignacio Carnero reconstruye el audaz suceso de 1961 en «Los fabuladores», que presentará en la Feria del Libro de Vigo
29 jun 2026 . Actualizado a las 04:55 h.Vigo es uno de los escenarios que atraviesa Los fabuladores (Random House), la nueva novela de José Ignacio Carnero (Bilbao, 1986), que el próximo 6 de julio presentará en la Feria del Libro viguesa, dentro de una pequeña gira gallega. El autor regresa así a un territorio que forma parte de la trama —el puerto aparece vinculado al exilio y a la historia de varios de sus protagonistas— y también de su propia biografía, ya que sus padres proceden de Palas de Rei y de Lalín. La novela reconstruye el secuestro del trasatlántico Santa María en 1961 y las vidas cruzadas de sus implicados, el capitán portugués Henrique Galvão y los gallegos Pepe Velo y Jorge de Sotomayor, en un relato que parte de hechos reales para explorar sus límites con la ficción. Su objetivo era desviar el barco y convertir la operación en un gesto político contra las dictaduras de Franco y Salazar.
—La novela parte de un episodio real, casi inverosímil. ¿Qué le hace sumergirse en esa historia?
—No tenía ni idea sobre ella. Leí alguna noticia, creo que en La Voz de Galicia, sobre el aniversario del secuestro de aquel barco y empecé a buscar información por internet, primero por curiosidad, luego por necesidad. Wikipedia, hemerotecas, documentos… Esa curiosidad se va haciendo mayor hasta el punto de llevarme a viajar a Brasil, a Venezuela y a un montón de lugares. Ahora lo pienso y digo: «Madre mía, cómo empieza la curiosidad y cómo puede acabar volviéndose una obsesión para reconstruir vidas enteras». Hay un momento en el que ya no estás solo investigando, estás dentro. Empiezas a entender que no es solo el hecho del secuestro, sino quiénes eran esos hombres, por qué llegaron hasta ahí. Y eso ya te atrapa de otra manera.
—En el libro aparecen tres figuras muy distintas: Galvão, Velo y Sotomayor. ¿Qué le interesaba de ellos?
—Esa mezcla. Son tres biografías muy potentes, distintas, pero unidas por algo común: la capacidad de fabular, de vivir dentro de una idea. Galvão viene del régimen de Salazar y se convierte en enemigo; Velo es un poeta gallego con una pulsión casi utópica; Sotomayor tiene una vida extraordinaria, de guerra y exilio. Son personajes que parecen inventados, pero no lo son.
—La historia parece una novela de aventuras, pero es real.
—Sí, es que lo increíble es que ocurrió. Un trasatlántico con cientos de pasajeros, un secuestro político en mitad del Caribe, periodistas que se lanzan en paracaídas sobre el barco… No hace falta exagerar nada.
—Es abogado de profesión. ¿Cómo ha podido compaginar una investigación tan grande, que requería cruzar el charco y rastrear archivos, con su trabajo?
— Es una constante en mi vida. Mi profesión es la abogacía y a eso me dedico, pero la literatura es mi vocación. Como no me permite vivir de ella, tengo que sacar tiempo madrugando, trabajando los fines de semana o en vacaciones. Al ser autónomo, no estoy sometido a los horarios estrictos de una empresa, así que aprovecho meses como agosto, cuando la actividad judicial para, para poder viajar o alargar algún puente. Vamos negociando con la vida para sacar tiempo de debajo de las piedras; creo que es algo común en muchos escritores.
— Es también una forma de rescatar del olvido a figuras singulares como la de Pepe Velo, ¿no?
—Así es. Mientras que Galvão es un personaje suficientemente reconocido en Portugal, el olvido que hay en España y en Galicia en torno a Pepe Velo y a Jorge de Sotomayor es bastante grande. Aunque que se ha hecho algún homenaje, la realidad es que, para tratarse de unas biografías tan apasionantes y de un suceso tan extraordinario, hay un silencio inmenso sobre sus vidas.
—La travesía original iba de Venezuela a España, y el de Vigo era el puerto de partida.
—Sí, Vigo en la novela es el puerto de la emigración, y esta es, en el fondo, una novela de emigrantes. Además, es el lugar en el que vivió Pepe Velo antes de partir al exilio; allí montó una academia de enseñanza para estudiantes. Para investigar los escenarios también visité mucho A Pobra do Caramiñal y Vilagarcía de Arousa, que son vitales para entender la infancia y juventud de Sotomayor. De todos modos, mis padres son de Galicia, así que para mí no es un lugar extraño, es mi casa y voy varias veces al año.
—Tras publicar la novela, ¿los ve como a unos héroes fracasados?
—Una parte de éxito sí tuvieron, porque el efecto de denuncia internacional lo consiguieron. Mirado desde el presente, era un plan tan arriesgado y poco probable que casi descartamos el éxito desde el principio. Pero, para escribir una novela, lo mejor es tratar el fracaso, no el éxito, que es el territorio natural de la literatura, llena de personajes derrotados. Al terminar de escribirla me sentí un poco vacío. Al entregar el manuscrito pensé: «Bueno, ¿y ahora qué hago?». Incluso volvía al texto para leer algún episodio porque me sentía bien todavía habitándolo. Ahora lo que siento es una orfandad total. Ha sido una historia que me ha llevado mucho tiempo —cinco años— y que he disfrutado muchísimo. Esa labor de periodista infiltrado, investigar en archivos, viajar, entrevistar a gente y, de repente, encajar las piezas y comprender la condición humana de estos hombres, me ha dado una felicidad inmensa. Ojalá con lo próximo que haga me lo pase la mitad de bien.
Un episodio que dio resonancia mundial a la lucha antifranquista
Hace 65 años que tuvo lugar uno de los episodios más audaces de la resistencia ibérica contra las dictaduras de Franco y Salazar: el secuestro del trasatlántico portugués Santa María. Aquella acción situó a dos gallegos, Xosé Velo Mosquera y José Fernando Fernández Vázquez, conocido como comandante Sotomayor, en el centro de la atención internacional. Ambos formaban parte del DRIL, junto al militar portugués Henrique Galvão, con quien diseñaron la llamada operación Dulcinea, inicialmente bautizada por Velo como operación Compostela.
Velo, republicano galleguista nacido en Celanova en 1916 y exiliado en Venezuela, fue el principal ideólogo de la acción. Sotomayor, marino de A Pobra do Caramiñal, asumió la navegación clandestina del buque, que debía avanzar con la radio apagada para evitar ser detectado. Galvão, por su parte, era un destacado opositor al régimen salazarista.
El Santa María había zarpado de Vigo en enero de 1961 con 650 pasajeros rumbo al Caribe. La noche del 22 de enero, un comando de 24 miembros del DRIL abordó el barco en el puerto venezolano de La Guaira y lo rebautizó como Santa Liberdade. Aunque la operación estaba concebida como una acción incruenta, un tiroteo durante la toma provocó un muerto y dos heridos, complicando un viaje ya de por sí arriesgado que terminaría el 31 de enero en Recife (Brasil).
El objetivo era sacudir a la opinión pública internacional y denunciar la represión en la Península Ibérica. La maniobra funcionó: el barco fue perseguido por buques de guerra estadounidenses, británicos y holandeses, ya que entre los pasajeros había ciudadanos de esas nacionalidades. En pleno secuestro, Velo pronunció una arenga ante los viajeros para explicar los motivos políticos de la acción y logró encauzar una salida negociada. El secuestro sigue siendo uno de los episodios más singulares de la lucha antifranquista y antisalazarista.