Vigo fue testigo en 1904 de un amago de guerra entre Rusia y Gran Bretaña

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Grabado de la presencia de la flota rusa en la ría de Vigo
Grabado de la presencia de la flota rusa en la ría de Vigo

Un incidente de la flota imperial en el canal de la Mancha movilizó a la armada inglesa, que fue desplazada a las Cíes

29 jun 2026 . Actualizado a las 11:13 h.

Hace una semana, un barco de guerra ruso disparó contra un yate en el canal de la Mancha. No fue la primera vez que ocurría un hecho similar. Un incidente parecido aconteció en octubre de 1904 y tuvo consecuencias indirectas en la vida de Vigo. El 26 de octubre comenzaron a entrar en la ría los acorazados imperiales Suvórov, Borodinó, Imperátor Aleksandr III y Orel, y el transporte Amadeser. La flota estaba en tránsito desde el mar Báltico hacia el Pacífico donde Rusia mantenía un conflicto bélico con Japón.

Su parada en Vigo estaba motivada por la necesidad de repostar carbón para alimentar sus máquinas. Sin embargo, se encontraron con la negativa del Gobierno español debido a que era una visita indeseada porque estuvo precedida de un grave incidente internacional. Ocurrió cerca de Hull, en Inglaterra. La flota rusa confundió un grupo de pesqueros con torpederas japonesas y abrió fuego. El resultado fue el hundimiento de un pesquero con sus tripulantes. El pánico experimentado por los rusos llevó a que se dispararan entre ellos.

Los rusos tenían previsto aprovisionarse de carbón en las rías de Vigo y Arousa, adonde habían llegado varios barcos alemanes con el combustible contratado. La tensión diplomática hizo que España aplicase la neutralidad y ordenase al comandante del crucero Extremadura que impidiese el repostaje.

Alerta de la flota británica

La diplomacia europea dirigió todo su interés hacia Vigo, adonde estaban llegando numerosos periodistas extranjeros. El Almirantazgo británico ordenó la puesta en alerta de las tres escuadras inglesas, y el almirante Beresford aseguró que tenía capacidad para hundir a la flota rusa, que sería detenida en Vigo. Mientras tanto, el Foreign Office protestaba ante el Gobierno del zar y reclamaba reparaciones y el castigo de los culpables.

El almirante Rozhestvensky se enteró en Vigo del incidente de Hull ya que su escuadra navegaba separada en dos divisiones. Aseguraba tener la conciencia tranquila, al tiempo que le informaban de la movilización de las flotas británicas. El Gobierno español tampoco permitió que el resto de la flota entrase en Vigo, quedándose fuera de Cíes. A tres millas de las islas se dispusieron los barcos rusos a recibir el carbón que necesitan sus calderas. Estas unidades seguirían su camino hacia Tánger, dejando solos a los cuatro grandes acorazados y el transporte.

Ya el día 27, el Gobierno español permitió abastecer de 400 toneladas a cada buque, al tiempo que se le facilitaba el embarque de alimentos. La escuadra encargada de guardar Gran Bretaña zarpó rumbo sur y, desde Gibraltar, salieron barcos hacia el norte.

La tensión era enorme y no se descartaba una inminente batalla naval en las costas de España o Portugal. Finalmente, todo quedó en un enfrentamiento diplomático que tuvo a Vigo como escenario.

Aquel viaje de la flota rusa fue una concatenación de situaciones surrealistas. Cerca de Tánger, una de las unidades navales destrozó accidentalmente el cable submarino que mantenía las comunicaciones entre Europa y África. No contento con sus dos hazañas, el almirante Zinovy Petrovich Rozhestvensky, que gozaba de poco aprecio por parte de sus subordinados, ordenó otro cañoneo contra lo que creía que eran nuevamente torpederas japonesas. En realidad, ordenó disparar trescientos obuses contra un pesquero alemán, una goleta francesa y un mercante sueco.

Cuando finalmente aquella imponente flota llegó a su destino y se enfrentó a los buques japoneses en la batalla de Tsushima, fue casi aniquilado. Pero el almirante aún tuvo la suerte de ser herido en el combate y, cuando se juzgó en Rusia su actuación, fue exonerado, mientras que era condenado su sucesor en el mando.