65 años unidos por el cable inglés

Luis Carlos Llera Llorente
luis carlos llera VIGO /LA VOZ

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La pareja en su vivienda de Vigo, tras toda una vida juntos
La pareja en su vivienda de Vigo, tras toda una vida juntos M.MORALEJO

El excónsul británico en Vigo, James Skinner, celebra su aniversario de bodas por poderes con Teresa Pérez: «Nos seguimos llevando muy bien»

16 jun 2026 . Actualizado a las 14:41 h.

 El día que se convirtió en cónsul británico honorario en Vigo tuvo que afrontar un grave accidente de tráfico en O Salnés. Una familia de su país de origen perdió la vida «y solo sobrevivió una niñita». «Me dijo: ‘Mi mamá está dormida’. Todavía lo recuerdo con mucha pena», explica. Pero también ha habido, y hay, muchas alegrías en su vida. James G. Skinner Jenkins (Buenos Aires, 1938) y su mujer, Teresa Pérez Álvarez (Vigo, 1936), disfrutan en su casa, después de una operación quirúrgica que llegó justo cuando iban a descorchar el vino por el aniversario de su boda, de 65 años como matrimonio. «¿El secreto? Nos seguimos llevando muy bien».

Aún convaleciente, el ingeniero y director de telecomunicaciones recuerda: «Mis padres emigraron a Argentina desde Inglaterra. Por eso nací en Buenos Aires». Luego viajó a Cornualles, donde se formó en la Escuela de Ingeniería de Cable & Wireless (Cable & Wireless Engineering College) que funcionó en la pequeña localidad costera de Porthcurno (Reino Unido) desde 1950 hasta 1993, año en que se trasladó a Coventry. Fue el centro mundial de formación en telecomunicaciones, capacitando a ingenieros de más de una docena de países en telegrafía, cables submarinos y comunicaciones por satélite.

Skinner ingresó antes de acabar la carrera en la compañía de telecomunicaciones conocida aquí como el Cable Inglés, que lo mandó a Vigo. «Llegué a la ciudad en 1958, con 19 años a punto de cumplir 20». Conoció a su mujer en los carnavales que se celebraban en el Club Náutico. Estuvieron saliendo nueve meses. Pero entonces lo llamaron para realizar el servicio militar en Argentina y mantuvieron una relación a distancia.

El padre de Teresa era el director de Correos y Telégrafos y James era experto en morse. Las señales de amor desde el baile de carnaval al pie de la ría eran tan claras que Jim (como le llama cariñosamente su mujer), cuando salía de trabajar por la mañana, después de una noche de guardia, iba a visitar a su novia. «Llegaba poco después de las ocho a mi casa y él le pedía a mi madre que si podía entrar a verme. Yo muchas veces estaba aún dormida», explica ella.

La boda tuvo sus circunstancias, propias de otra época. James es cristiano anglicano, pero no católico romano: «Fui a hablar con Fray José López Ortiz, que entonces era el obispo de Vigo, para que nos dejara casarnos en una iglesia católica». El enlace se celebró a distancia el 25 de marzo de 1961. «Nos casamos por poderes y mi hermano representaba al novio aquí en Vigo. Él estaba solo en Chile», dice María Teresa.

El día de su 65 aniversario la pareja sufrió en el hospital por una operación compleja. Skinner está recuperándose en su casa de una rotura de cadera que tuvo al desplazarse la silla cuando escribía en el ordenador. Estuvo varias semanas hospitalizado y le pusieron una prótesis. Su mujer permanece a su lado atendiéndole en todo momento y juntos rememoran un largo periplo en el que tuvieron que superar dificultades y también disfrutaron años gozosos. Dieron a luz a dos hijos, Patricia, que nació en Bolivia, y Michael, que vive en Vigo.

Luego vinieron los buenos tiempos en la isla de Gran Caimán, una colonia inglesa en el Caribe. Hoy es considerada un paraíso fiscal y está llena de bancos. Entonces solo había uno. «Aprendimos a bucear y había tantas langostas en cualquier roca que todos los días cogíamos una y la hacíamos a la parrilla», cuenta Teresa.

James hizo un máster en Administración de Empresas en Estados Unidos y trabajó en muchos países con Cable & Wireless y otras empresas como British Telecom, TDX e IDT. Vivió en Brasil, Chile, Bolivia, Costa Rica, Panamá, Irán, el Reino Unido, Estados Unidos y España, claro. En Vigo se asentó en 1996. «En Irán nos invitaban a recepciones con caviar en cantidades. Estuvimos allí varias veces con el sha de Persia y con el entonces príncipe Juan Carlos».

Ingeniero y director de telecomunicaciones, trabajó en varios países antes de instalarse definitivamente en la ciudad en 1996