La expansión de Vigo comenzó en 1861 con la orden de derribo de las murallas

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

Vista de Vigo a finales del siglo XIX en la que se aprecia la antigua muralla.
Vista de Vigo a finales del siglo XIX en la que se aprecia la antigua muralla. Escaneada

La operación se inició en las antiguas puertas de A Falperra y Sol, donde comenzaron los primeros proyectos urbanísticos

14 jun 2026 . Actualizado a las 20:24 h.

El Vigo moderno nació a mediados del siglo XIX. Al mismo tiempo que comenzaba la expansión territorial hacia el este, iniciada con el primer proyecto de relleno para ganar el terreno de la actual Alameda y calles adyacentes, se afrontaba en la ciudad el derribo de las viejas murallas, cuestión vital para favorecer el crecimiento urbanístico. Este proyecto se puso en marcha el 13 de diciembre de 1860, día en que la corporación municipal pedía permiso a la reina Isabel II para derribar las murallas «ruinosas e inconvenientes», asumiendo el Concello los gastos, pero también reclamando los beneficios derivados de la venta de los materiales retirados.

El Gobierno aceptó la petición a través de una Real Orden del 26 de abril de 1861, comunicada a la administración municipal el 13 de mayo. En ella, se señalaba que Vigo podía derribar las defensas desde el Placer a la puerta de A Falperra y batería de A Laxe.

El 16 de mayo de 1861, la corporación viguesa acordaba el derribo, salvo en aquellos lugares donde el muro sostuviese edificaciones contiguas. La operación comenzaría en las puertas de A Falperra y del Sol, donde los munícipes veían más interés urbanístico, aunque no solo fueron ellos quienes lo veían. Ese mismo día ya recibía la corporaciones diversas peticiones de ciudadanos para hacerse con los nuevos terrenos con el objetivo de construir en ellos. Este aspecto fue estudiado, entre otras cuestiones, por la comisión de policía urbana.

La corporación decidió en primer lugar sacar a subasta pública el derribo de la muralla entre la Porta do Sol a la puerta del Placer «incluso el castillo saliente que hay en su centro, denominado de la Pulguiña». Una vez aprovechados los materiales, la corporación ordenó que en toda esa extensión se ensanchase la calle cinco metros, se trazase la rasante para la futura construcción y que se empedrase.

Como la zona se desarrollaba en una pendiente, el Concello ordenó el relleno del espacio entre la muralla y las nuevas casas que se iban a levantar. Además, se señalaba que se formase otra calle de seis metros desde la calle del Príncipe hacia la Barronqueira (actualmente sería la zona baja de Doctor Cadaval). Además de empedrarla, esta calle llevaría una tajea para recoger las aguas sucias y movedizas de toda la manzana. La calle del Príncipe, nombrada como tal ese mismo año, también sería embaldosada con piedra de sillería. Este vial había nacido como el arranque de la carretera que enlazaba Vigo con el centro de la meseta castellana.

Respecto a las peticiones de particulares, el pleno accedió a conceder gratuitamente terreno al veterinario Juan Antonio Solago y al herrero Tomás Manuel Fernández junto a la Pulguiña, con la condición de que cuando se derribase no tendrían derecho a indemnización.

Por otro lado, todo el terreno ganado con el derribo de los muros entre la puerta del Sol y la del Placer sería sacado a subasta. Para ello, el arquitecto justipreciaría el valor de dicho terreno y el de los materiales referidos, restando el valor de las obras y el derribo.

Aquel fue un primer momento de la operación de derribo de las viejas murallas. No se realizó todo al mismo tiempo. De hecho, el proceso no culminó hasta finales del siglo XIX con la eliminación del baluarte de A Laxe, último gran elemento que quedaba en pie de las fortificaciones levantadas a mediados del siglo XVII. Ese baluarte había sido costeado, cuando se construyó, con el dinero del Concello de Vigo. Dicen las actas municipales de su tiempo que se emplearon piedras de un viejo convento de Vigo. No se ha podido identificar ni situar, aunque podría haber estado en el entorno de Policarpo Sanz ya que a finales del siglo XIX aparecieron allí restos de tumbas medievales.