Vigo activa en 1677 la defensa de la costa contra las incursiones piratas

Jorge Lamas Dono
jorge lamas VIGO / LA VOZ

VIGO CIUDAD

El santuario de O Facho, en la Costa da Vela.
El santuario de O Facho, en la Costa da Vela. XOAN CARLOS GIL

Una fuerza armada viguesa se dirigió a las islas Cíes para hacer frente a la tripulación de un barco argelino

07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Tras soportar, especialmente el sur, la larga guerra de independencia de Portugal, Galicia vivió a finales del siglo XVII un grave problema derivado de las incursiones de piratas berberiscos y corsarios de los países con quien España estaba en guerra. En ese contexto, el rey Carlos II ordenó a las localidades costeras que aportasen dinero para crear una flota armada. En abril de 1677, la villa de Vigo contestaba a la petición de ese «donativo voluntario».

Decían el juez y sus regidores que Vigo está arruinado debido a la guerra de Restauración con Portugal. Explicaban los miembros del Ayuntamiento que al ser plaza fuerte, Vigo tuvo que pagar el mantenimiento de las tropas que alojó durante el conflicto. Añadían que incluso armaron barcos, y lo más graves, Alonso Pardo de Lira, juez-alcalde de Vigo, aseguraba que para la construcción de los castillos de O Castro y San Sebastián fue necesario demoler un gran número de casas, haciendo que muchos vecinos huyeran de la zona y se provocase cierta despoblación.

Como la villa no podía negarse a cumplir semejante ordena, la corporación acordó entregar 500 reales de los fondos municipales y abrir un libro de registro para indicar cuánto podía aportar cada vecino. Para semejante acción se nombró tesorero a Simón Pérez Breixo.

En esos mismos días, el capitán general de Galicia, Diego Antonio Félix de Croy Peralta y Velasco, marqués de Falces y Mondéjar y conde de San Esteban, organizó un sistema de vigilancia en la costa para evitar ataques de piratas y corsarios berberiscos. Dicho plan se activó en Vigo en julio de ese mismo año.

«A 5 de este, embió la Capitana de Argel un bergantín a hazer aguada a una de las islas de Bayona, con cerca de 100 hombres de mar y guerra [sic]», se puede leer en la Gazeta Ordinaria de Madrid del 24 de julio de 1677. Cuando tomó posesión del cargo de capitán general de Galicia, el marqués de Falces dispuso una serie de medidas destinadas a evitar «el arrojo de los bárbaros» y «el descuido que ha havido en las guardias y centinelas de estas marinas [sic]». «Ha dispuesto su excelencia, que se aumenten los cuerpos de guardia y atalayas, y que se observe en ellas la mas puntual y vigilante disciplina militar; de suerte que a la primera señal de que parezcan embarcaciones enemigas, estén prontas en todos los puestos para observarlas y oponerse a sus intentos, socorriéndose unos a otros con facilidad y brevedad, de cuya acertada disposición se ha començado a ver el fruto en la ocasión referida [sic]», añadía.

La «ocasión referida» fue la ocurrida el 5 de julio de 1677. Una vez que los piratas fueron vistos en una de las islas Cíes, se puso en marcha el sistema organizado por el marqués de Falces. «Se apercibieron algunos barcos longos, con resolución de apresarle, pero que no dio lugar la diligencia a más, que adelantarse don Antonio de Araújo con su chalupa y 14 hombres de valor como quién los capitanea, que desembarcados en la isla, cogieron a los infieles en la función de aguada y mataron a 19, recobrándose los demás al bergantín, menos un renegado, natural de Canarias, que quedó prisionero, muriendo también dos de los nuestros; el uno hermano de don Antonio, que por sus muchos bríos causa gran lástima su pérdida [sic]», explica La Gazeta Ordinaria de Madrid los sucesos acaecidos en las islas Cíes a comienzos de julio de 1677. Dos años más tarde se produjo una situación similar con idénticos resultados favorables para los defensores.

Cumplido con su objetivo, Diego Antonio Félix de Croy Peralta y Velasco dejaba el cargo de capitán general de Galicia para aceptar el nombramiento de embajador en Viena.