Las praderas urbanas de Vigo, mejor sin segar

Antón Lois EDUCADOR AMBIENTAL

VIGO CIUDAD

Iagen de O Castro, uno de los pulmones verdes de la ciudad que sirve de mirador sobre la ría.
Iagen de O Castro, uno de los pulmones verdes de la ciudad que sirve de mirador sobre la ría. M. MORALEJO

Los parques que no parecen un campo de golf son una buena noticia para la biodiversidad

07 jun 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si estos días paseamos por ciudades como, entre otras, Barcelona, Vitoria, Santander, Zaragoza o Girona, nos llevaríamos la sorpresa de ver lo descuidados que tienen muchos de sus parques urbanos, especialmente las praderas. Observaríamos que la hierba está bien cortada en los perímetros de los caminos y zonas de paso, pero crece a lo loco en el resto de la pradera. Aquello parece la selva. Podríamos pensar que se trata de una huelga en los servicios de jardines, que apenas aplican los servicios mínimos, la desidia de los responsables municipales, o que quieren ahorrar dinero desbrozando menos. En cualquier caso, es una imagen que reflejaría el abandono municipal, pero la explicación es tremenda: lo hacen a propósito, es un plan deliberado.

 La semana pasada hacíamos referencia a los alcorques verdes y ahora subimos la apuesta: praderas urbanas que apuesten por ir más allá del césped y se conviertan en espacios naturales. Pocas veces pensamos que, especialmente en primavera, cada vez que pasamos el cortacésped, la biodiversidad recibe una notificación de desahucio. Esta obsesión por cortar la hierba para que las praderas urbanas parezcan un campo de golf con algún que otro árbol en medio no hace otra cosa que enviar a la naturaleza un mensaje claro: no es bienvenida en la ciudad. No se trata de abandonar el mantenimiento de estos espacios, sino aplicar un mantenimiento diferente y bien planificado.

 En Vigo contamos con miles de metros de praderas en los grandes parques urbanos. Solamente limitar las siegas en la mitad de esos espacios en A Guía, Riouxa, O Castro y Castrelos se traduciría en una reducción de la contaminación, tanto directa (menos maquinaria) como indirecta por el efecto multiplicador de esas zonas para capturar y fijar CO2 y otros gases de invernadero. Ahorraríamos un 50 % del agua destinada al riego, pues la vegetación retiene la humedad y reduce la evaporación. Mejoraríamos la estructura del suelo al aumentar su porosidad y oxigenación propiciando el aumento de bacterias, actinomicetos, hongos y algas (sí, algas) microscópicas que son la base para el desarrollo de la vida vegetal y, consecuentemente, de la vida en general. Las raíces bien desarrolladas nos ayudan también a conservar el suelo mitigando la erosión, especialmente en zonas con pendientes pronunciadas.

 Conviene recordar que Naciones Unidas afirma que los primeros 20 centímetros del suelo es todo lo que se interpone entre nuestra especie y la extinción. A continuación llegarían las miñocas, los invertebrados y demás amable bichería. Las mariposas son un buen indicador de todas estas ventajas. Utilizando la metodología del Programa Europeo de Seguimiento de Mariposas en diferentes parques urbanos se comprobó que en las zonas sin segar aparecen un 80 % más de especies que no solo nos alegran la vista sino que son excelentes polinizadoras, sin olvidar que la biodiversidad es el más eficaz sistema para el control de plagas. Los beneficios se amplían a las aves que encontrarían en esas zonas silvestres alimento y, en algunos casos, refugio.

 Por último, deberíamos destacar el valor educativo ambiental de contar con zonas naturales en la ciudad, que ayudan a que comprendamos los procesos ecológicos y conocer especies de flora y fauna silvestre. Hasta no hace mucho, los niños y niñas viguesas tenían «la casa de la aldea», donde podían estar en contacto con la naturaleza al menos en las vacaciones de verano, pero cada vez más son urbanitas y los parques son su única vía de conexión con lo natural. Cuando veamos zonas sin segar en nuestros parques deberíamos pensar que no están abandonadas, sino trabajando para mejorar nuestra calidad de vida.