Las bases saneadas del arbolado urbano actúan como auténticas estaciones de purificación del aire
31 may 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Los alcorques son esos espacios alrededor de la base de los árboles urbanos que, cuando existen, además de un tamaño manifiestamente insuficiente suelen estar cubiertos de cemento, adoquines, hierros de fundición, grava o tierra compactada. El objetivo es que no se llenen de «malas hierbas» y, de paso, hacerle la supervivencia más difícil a los árboles al comprimir sus raíces, impedir que llegue el oxígeno y agua a las mismas y actuar como un efecto sartén que les somete a calor extremo en su base, por si no tuvieran suficientes agresiones.
Los alcorques tampoco escapan al fanatismo de la limpieza, considerando como «sucios» o abandonados por el Concello aquellos en los que crecen las plantas silvestres mientras consideramos normal que sirvan de papeleras, ceniceros o letrinas perrunas (y humanas).
Frente a esta política ambiental que tiene como base fastidiar al arbolado urbano y expulsar la naturaleza de las ciudades cada vez más ayuntamientos apuestan por los «alcorques vivos». Realmente estos alcorques vivos son lo que su nombre indica, pequeños ecosistema en miniatura que, a pesar de su escaso tamaño, proporcionan enormes beneficios. Sabemos que los árboles actúan como «corredores verdes» que conectan el entramado urbano de las ciudades con su entorno natural y rural.
Unos alcorques verdes multiplican ese efecto pues añadimos a todas las especies de flora y fauna no adaptadas a las copas de los árboles. Los alcorques verdes atraen también a muchos insectos polinizadores que, en muchos casos, son a su vez eficaces controles biológicos de plagas de los árboles. La vegetación en los alcorques aumenta la porosidad y oxigenación del suelo, lo que implica atraer a muchos anélidos (lo que vienen siendo las miñocas) y microorganismos vitales para la salud de las raíces.
Contribuyen además a mantener la humedad y el frescor del arbolado y su entorno reduciendo la evaporación, algo muy recomendable ante las temperaturas elevadas que ayuda a mitigar el efecto «isla de calor» que producen las aceras en verano.
Por otra parte, estos alcorques añaden su modesta, pero importante contribución a la absorción y fijación del CO2 y otros gases de invernadero, actuando, junto a los árboles, como auténticas estaciones de purificación del aire. Como beneficio añadido, esta vegetación al cumplir su ciclo natural aporta nutrientes al suelo, fundamentales para alimentar y mantener saludables a los árboles, lo que aumentará su longevidad.
Sabemos que en las calles con vegetación es más agradable camina y reducen el estrés. No obstante los alcorques verdes no consisten simplemente en dejar que crezca la vegetación. Conviene vigilar a las especies exóticas invasoras y utilizar como base plantas silvestres de nuestro entorno, en definitiva, planificar. Ver flores silvestres donde antes solo había colillas es un buen cambio, y por eso ya son muy numerosos los ayuntamientos que están apostando, y presumen de ello, por los alcorques verdes.
Pocas maneras más sencillas y baratas para conservar la biodiversidad y mejorar la calidad de vida del arbolado urbano, que viene siendo mejorar la calidad de vida de todo lo viviente en las ciudades. Necesitamos tantos espacios verdes que cada metro cuadrado de un alcorque que podamos sumar es importante. En estos casos la pregunta pertinente podría ser: ¿Alguna razón para no hacerlo en Vigo, donde por otra parte sería especialmente necesario?