La librería independiente gestiona un fondo de 24.000 ejemplares en tienda física y también «online»
31 may 2026 . Actualizado a las 01:16 h.Cuando Trotalibros abrió en Vigo, en mayo del 2016, poner en marcha una librería ya parecía una rareza. Hacerlo además con un modelo de segunda mano y precios low cost era todavía una apuesta más suicida.
Diez años después, el pequeño negocio fundado por Gloria Seoane y Manuel Sánchez no solo sigue abierto, sino que se ha consolidado como la única librería independiente de segunda mano de Vigo que no pertenece a ninguna cadena. «Resistiendo, pero creciendo», resume Gloria Seoane al hacer balance de una década en la que el negocio pasó de tener unos seis mil ejemplares a manejar cerca de 24.000 libros entre la tienda y el almacén logístico que utilizan actualmente en Hispanidad.
En estos años abrieron y cerraron otras librerías similares en la ciudad. «Hubo competencia, pero si hay competencia es que hay mercado», explica la propietaria. Algunas acabaron bajando la persiana, pero Trotalibros (Gerona, 21) en cambio, amplió actividad y profesionalizó un sistema basado en la rotación constante de títulos.
La fórmula sigue siendo prácticamente la misma que en el arranque: comprar libros fundamentalmente a particulares salvo raras excepciones, y revenderlos a precios asequibles. Los precios tampoco han cambiado, señala. Uno de los grandes cambios llegó con internet. Durante los primeros años las ventas eran exclusivamente presenciales, pero en el 2018 comenzaron a trabajar con plataformas especializadas y en el 2019 lanzaron su propia página web. Aquella decisión acabaría siendo decisiva poco después: «La web fue lo que nos salvó en la pandemia», recuerda.
Hoy cualquier ejemplar disponible en las estanterías se puede comprar online y se envían a cualquier punto de España. También al extranjero. Entre los destinos más lejanos a los que enviaron libros, Gloria destaca Australia y Estados Unidos. Además, recibe pedidos muy concretos de emigrantes que buscan títulos en gallego. «Nos ha llamado gente desde Alemania o Francia porque querían ejemplares que allí no encontraban», explica.
El éxito de Trotalibros depende de un movimiento continuo de entrada y salida de ejemplares. Según calcula la librera, cada mes pueden comprar alrededor de dos mil volúmenes y vender una cifra similar. La mayoría proceden de particulares que vacían viviendas, hacen mudanzas o simplemente necesitan liberar espacio en casa. A veces incluso acuden a domicilios para revisar bibliotecas completas. Pagan siempre medio euro por cada uno. «Pero no compramos absolutamente todo», aclara. Descartan los deteriorados, títulos muy repetidos o libros que ya no tienen salida comercial.
Lejos de la imagen algo rancia de las librerías de viejo, se ha convertido en un espacio muy transversal ante el que desfilan desde familias con niños hasta estudiantes universitarios o lectores veteranos. Entre las anécdotas vividas a lo largo de diez años, destaca una especialmente surrealista. Un cliente encontró dentro de un libro una importante cantidad de dinero oculto entre las páginas y acudió directamente a la policía. Los agentes terminaron visitando la librería para intentar localizar al antiguo propietario del ejemplar. «No pudieron identificarlo y creo que al cabo de dos años el dinero pasó a quien lo había encontrado», recuerda la librera. En un baúl depositan cosas de otro valor, el sentimental, que la gente se deja olvidadas entre las páginas: fotos, cartas, recortes... También hubo historias solidarias. Tras la dana de Valencia, un cliente encargó decenas de obras infantiles para enviarlas de manera anónima a una biblioteca para los niños afectados.